Este ensayo fue escrito por María Camila Castrillón Gutiérrez para Perpetuo. Puedes leer más de la autora en la biografía al final del texto.
Tras unas merecidas vacaciones, llega la triste vuelta a casa y de repente caes en cuenta ¡los regalos para la familia! Corres en busca de un presente que les encante a tus seres queridos, pero finalmente compras los clásicos imanes para la nevera. ¡Tranquilo! estás cumpliendo tu deber de colector en las preciadas colecciones de imanes de nevera. Pero entonces ¿Qué es una colección?
Una colección, en términos aburridos, es un conjunto ordenado de cosas, comúnmente de un mismo tipo y recopiladas porque tienen algún valor. En el caso de los imanes, un valor sentimental; en el caso de las colecciones biológicas, un valor de conservación e investigación.
Las colecciones biológicas, al igual que los imanes, tienen una variedad de temas y formas. Algunas recopilan vestigios de animales y plantas,;otras son colecciones de organismos vivos resguardados bajo condiciones especiales. Este es el caso de las colecciones microbiológicas.
Todo el proceso inicia con un viaje, un viaje a diferentes territorios, desde lo alto de las cumbres hasta las llanuras, pasando por bosques, ríos y lagos, los investigadores toman muestras de suelo, raíces, agua y sedimentos de diferentes ecosistemas. Estas muestras se guardan cuidadosamente, registrando el sitio y la fecha de muestreo.
Posteriormente, se realiza un viaje a un destino un poco más gris, pero con una importancia enorme, un laboratorio, allí los microorganismos son aislados, identificados y preservados. ¿Cómo se logra mantener a estos organismos vivos?
El secreto se encuentra en un ultracongelador (algo así como una nevera super potente). En su mayoría, los microorganismos se guardan a una temperatura de -80 °C (criopreservación), pero el proceso no se reduce tan solo a esto. Cada cepa es guardada en tubos especiales, llamados crioviales, que contienen caldo nutritivo, un medio de cultivo que le ofrece a la bacteria las condiciones necesarias para sobrevivir; además, a este caldo se le agrega un factor determinante: un líquido incoloro, inodoro y viscoso, el glicerol, que ayuda a evitar la formación de cristales de agua que podrían romper las células.
Pero mantener este tipo de colección requiere de gran esfuerzo; no basta con tan solo guardar cada tubo en el ultracongelador. Pasados unos días sigue un paso muy importante: la verificación de viabilidad y pureza. Si después de esto la cepa no es viable o se encuentra contaminada, se deberá desechar. Este proceso se vuelve a realizar cada cierto tiempo para garantizar las buenas condiciones de la colección.
Aunque la mayoría de las cepas resguardadas en una colección microbiológica se preservan en frío, otras se han logrado guardar bajo una técnica conocida como liofilización. En este proceso se elimina el agua de la muestra, congelándola y luego sublimando el hielo,es decir, convirtiendo el hielo en vapor de forma directa sin pasar por el estado líquido. Para esto se utiliza un medio de cultivo distinto al anteriormente mencionado, en este caso algo que seguramente tengas en tu nevera además de imanes: leche.
¿Para qué sirve tanto trabajo? ¿cuál es el objetivo de mantener con vida a seres tan diminutos como bacterias? Estas bacterias no son tan solo eso: en cada criovial y botella de liofilización se encuentra información relevante de nuestros ecosistemas.Se hallan especies nuevas esperando ser descubiertas que pueden ser la clave para nuevos procesos biotecnológicos.
Así que, la próxima vez que pases por tu cocina y mires tu nevera y colección de imanes, piensa que neveras muy parecidas a la tuya son el hogar de seres aún más diminutos que tus imanes, pero con un gran valor para la investigación y la conservación de nuestra biodiversidad.
María Camila Castrillón, bióloga de Bogotá, Colombia, apasionada por la divulgación y periodismo científico, cofundadora del podcast “Biorelatos” del Museo de Historia Natural de la Universidad de la Salle. Hizo parte del equipo del videopodcast “Ecos de la selva”, del interactivo web “Pepeaderos: los sonidos ocultos de la selva” y de la cartilla de cuentos infantiles “Pepeaderos: pepas caen, cuentos vienen”, todos productos del Instituto Amazónico de Investigaciones científicas SINCHI.



