Quizás fuera solo ideación mía,
que su imagen remitía
a mi memoria noche y día.
Y esa imagen acaso fuera un invento
porque se alojaba en la memoria mas
no era un recuerdo sino un intento
por lograr encontrarla
en algún momento a mi lado
despertar en algún tiempo.
Quizás sus cabellos
fueran de fuego, no lo sé,
nunca la conocí, nunca supe de ella.
Quizás la fantasía había
materializado su presencia por fuera
de mi conciencia
desorbitada en demasía.
No lo sé,
nunca la conocí, nunca supe de ella.
Quizás su piel, pálida como la nieve
no resultara ser fría como aquella
más bien ardiera como el magma
[de un volcán dormido.
No lo sé,
nunca la conocí, nunca supe de ella.
Quizás fuera inquieta y audaz y ocultara
su timidez en una sonrisa de oro,
hipnotizante y encantadora.
Quizás todo aquello que sentía
fuese inaccesible a mi presencia, quizás
sus maneras fueran la esencia
de aquello que me faltaba y no sabía.
No lo sé,
nunca la conocí, nunca supe de ella.
Quizás fuera felizmente triste,
quizás la tristeza no la dominara
y ella la sepultara
bajo un manto agreste.
Quizás estaba lejos, en otro plano,
quizás estuviera en este mas
no a mí alcance. No lo sé,
nunca la conocí, nunca supe de ella.
Y si nada de esto sucediera
y en mi mente se quedara,
o si en otro plano yo la disfrutara
o quizás la padeciera,
nada de eso importaría
y yo jamás podría tenerla, no lo sé,
nunca la conocí ¿nunca supe de ella?Matias Juan Cañete Paladea de Argentina, estudia Antropología Social y una Tecnicatura Universitaria Guardaparque, ambas en la Universidad Nacional de Misiones. Tiene 27 años. Es de la provincia en dónde el escritor Horacio Quiroga se radicó por muchos años, por lo que ha sentido siempre una fuerte conexión con su literatura. Gracias a él conoció a Edgar Allan Poe, otro de los escritores que han resuena hondamente en él. Es más lector de poesía que poeta. Aquellas pocas veces que ha incursionado en el género han sido momentos fugaces inspiración repentina que, muy de vez en cuando, han resultado en algo agradable.



