Senderismo
de JL Sabau
Para Héctor y Romina.
Tablero de dirección
(0) Como una vez hizo un autor que me supera, este ensayo es muchos ensayos en uno. Podría decirse también, que no es ensayo alguno. Pero es, en principio, uno solo. Una aventura en las fronteras del lenguaje; un sendero por la maleza que crecido en la palabra escrito. (Poesía, retórica; un sinfín de ideas).
Existen varios inicios ocultos —como distintos caminos que llevan a la cima de un mismo cerro—. Están aquellos que puse con intensión y los muchos otros que nacieron por accidente. Me limito a indicar esos primeros. Aquellos que, por falta de mejores palabras, he de bautizar con el título impropio de sendero original. Mas, como en la jungla, se vislumbran destellos de rutas antiguas; otros tantos hechos por exploradores intrépidos. He tenido la fortuna de viajar por unos cuantos; espero encontrarlos todos algún día.
De momento, mi tarea es simple: señalar el sendero original para el lector le interese. Los demás, siéntanse libres de hacer lo que gusten tras pasar el primer capítulo.
0-I-III-IX-VI-II-IV-V-IV-XII-XIX-XIII-XVI-XX-XIV-XV-XVIII-XXI-I
Dejo un último detalle. Como si fuesen letreros entre los matorrales, cada párrafo termina con el subsecuente entre paréntesis. Síganlos bajo su propio riesgo.
Sin más que decir, me despido de usted, lector. Quedan en otras manos. Soy meramente el arquitecto; los que trazan los senderos son otros tantos. Regresen a este tablero de ser necesario. Sobre todo, disfruten el sendero.
-José Luis Sabau Fernández (I)
Senderismo
«En realidad nosotros somos como las comedias cuando uno llega al teatro en el segundo acto. Todo es muy bonito pero no se entiende nada».
- Julio Cortázar, Rayuela 28
(I) Me pregunto si será posible; si el idioma da pa’ tanto… (III)
(II) Dejemos las cosas claras. Esto es un triste intento de algo mayor. «Un ensayo de formas infinitas»; título que nada dice. Una trinidad hecha entera por deseo propio. Como los pensamientos; fluyendo libremente por la mente en raudales. Primera lectura guiada —ruedas de entrenamiento, si nos lo permiten—. Después sin apoyos; solo queda la voluntad de uno mismo. ¿Un triunfo literario? ¿Un mero juego? Eso lo decide el lector; el arquitecto lo habrá soñado y nosotros, el coro, lo ejecutamos. Quizá sea un intento de transmitir consejos. Su triunfo es incierto. (IV)
(III) Brinco primerizo que lleva a una realidad alterna. Un mundo donde las reglas literarias han perdido la batalla. ¡Triunfo de la vanguardia! Como el primer beso inoportuno; evadiendo la manita sudada de un amor anticuado. Bar de luces oscuras; un reto en algún convivio. Inocencia perdida. Primera posmodernidad del niño. ¡Enhorabuena! Quedan abiertas las puertas de lo corrupto. Se ha perdido la idea ancestral del cuento corrido. El ensayo sensato es condenado a ultratumba. Que en paz descanse; nadie te extrañará.
ENSAYO LITERARIO
(1580-2022)
(IX)
(IV) «¿Qué es esto?», ya se andarán preguntando. «¿Soy acaso tan excéntrico?» (V) Como si al escribir sin rumbo se lograse opacar la falta de contenido. Texto escueto de importancia nula. Imitación barata de tiempos pasados. Si tan solo fuera de hace un siglo, sería innovador. Ahora da aires de ingenio antiguo. ¡Pasen a verlo! Universitario sin talento imitando a maestros literarios. Che, ¡es para reírse! (XII)
(V) Dice «soy», cuando en realidad «somos». Somos El coro. Muchas voces en un solo texto. Tantas ideas en un mismo cerebro. Por ahí el del (XV) tan exagerado; el del (VIII)… ¡Qué decir del (VIII)! Un torbellino eterno en mente ajena. Lo hemos dejado fuera, por supuesto. Nosotros, El coro. Proceda bajo su propio riesgo. Nosotros tenemos temas más importantes a tratar. Filosofía de algún tipo. Esos de primera persona poco importan —poder momentáneo que siempre recuperamos—. Regresamos a buscar el ensayo perdido. Nosotros. Solo nosotros. El coro. El coro. ¡El coro! ((IV), continuado)
(VI) No hagan tanto caso. Es que, cuando nos ponemos nerviosos; inventamos cosas. Un gaje del oficio; problema del ser creativo. Sigue siendo parte del entero —lapsus momentáneo de la creatividad sin medida—. Al final de todo, pero muy al final, esto entre sus manos es un ensayo o algo similar. Un gran intento por recrear, en palabras, lo que en ideas es eterno. No nos crea si no quiere; solo somos El coro. Vaya al siguiente párrafo. Siga el orden determinado. Entienda a dónde vamos. (II)
(VII) Como si pudiésemos, con estructuras rancias, hacer nuestra la vida. Salgan a vivir, ¡carajo! Dejen de lado el texto. Las palabras son meros vislumbro de aquello fuera del ser. Esa frontera donde el estar es nulo; donde el verbo es puro. Ahí donde el aire huele más que a aire y la vida es más que vida. Ya las palabras poco importan. La existencia nos da tan poco. Solo corremos tristemente en caminos sin sendero. Andamos con herramientas pobres haciendo aquello que nos es prohibido. Vivir. Carajo… ¡Vivir! (Quemar el ensayo si se lee en papel; cerrar el dispositivo si es digital)
(VIII) Cuan poco importa todo esto. Entre tus manos, tienes un texto sin inicio y sin salida. Escoges tu principio; encuentras algo de por medio. Luego mueres. Sí, te mueres. Nada más cierras los ojos y se acabó el cuento. No tienes que seguir leyendo. La vida acaba. Todo pasa y todo queda. Algo así decía un español. Pero, hasta que llegue aquel momento, lean con esta certeza que ahora les dejo: deténganse cuando sea el momento de partir. Cuando esa voz interna les pida cerrar los ojitos. Nada más; otra forma de explorar este cerro del vivir. (XIX — y detente cuando sea propio)
(IX) ¿Hola? … ¿Hay alguien afuera? No puedo moverme más que unos centímetros. Mis piernas tocan el techo; mi espalda se estrella contra superficies acojinadas. Nada mal para un descanso momentáneo; temo sea eterno. No veo salida. Está oscuro; siento como el hielo se hace paso por mis huesos. ¿Por qué está tan húmedo? ¿Por qué huele a musgo? Mierda. Mierda. MIERDA. ¿Es este el fin del cuento? ((VI) si es usted bueno y sigue las reglas; (XI) si le importa un comino— escoja usted, cuestión de cambiar una X por una V).
(X) Arrabeo escarrar las carrameas. Mas malamar el magamolo es mermar la moboba. Bochar; baller ¡Llenar! Nardos dodecaedros del amar. Alagas andadas y aldargas; gamarras. Ralar rolaes en Rocachapa. Para pandar por pastarase paltreso. Solo soryolos del sosona. Sosona… ¡Nardos dodecaedros del amar!
(XI) Sí. Eso es todo. Condenemos, de una vez y por todas, a la literatura anticuada. Error de nuestros ancestros haber escrito en secuencia. ¡Jurar en nombre de la lógica! Una metida de pata garrafal. Imaginemos, por un momento, el mitológico alfabeto de caracteres sobrepuestos. Una «a» atrapada dentro del círculo de la «o»; la escurridiza «s» atravesada por la espada de la «t». Solo entonces, en un sencillo vistazo, recrearíamos con palabras las sensaciones eternas. De golpe; instantáneas. El amor dejaría de tener principio y fin; por fin sería eterno. 爱—aunque en mandarín aún caemos en los problemas de lo linear. Amor amor AMOR. . . Qué bonito pensarlo… Qué triste lo que tenemos. (VII)
(XXX) Hoy salí a pasear y encontré unas magnolias tiradas en el piso. El árbol de donde vinieron, desnudo ante el cielo. Supongo será augurio de invierno; cosas crueles que se vienen. Sobrevivía, a pesar de ello, el tronco del árbol desflorado. Un par de pétalos morados aferrándose aún a sus ramas. En su lucha veo un mensaje de esperanza. Se preparan para caer como sus hermanos. El árbol los despide para sobrevivir los vendavales decembrinos. Pero en el adiós, sabe bien que llegará el estío. Sueña con una nueva vida más vida que la de ahora. Sigo caminando. Así lo he pensado. Rezando que el invierno termine, como escribió algún otro.
(XII) Lo que nos faltaba… Se cree argentino; ¡se cree Cortázar! (La locura del (XXIII)) Ese individuo que rompe la harmonía aquí creada. Y pensar que lo creíamos controlado. Antes de percatarnos, estará diciendo boludeces en colombiano para ser como Gabito. Tremenda vaina. Peor aún, le saldrá Rulfo con lo mexicano. Chingada madre. Aquí entre nos, ya ni sabemos de qué escribimos. ¿Y si regresamos al entierro? (¿XI?) Qué fácil sería jamás haber sido… (XIX)
(XIII) Aquí el mensaje de mensajes. Que el idioma nos libere en lugar de subyugarnos. Los textos han roto las cadenas del tiempo; la vida se hace más vida al nacer lo posmoderno. ¿Que si es difícil de leer? ¿Que no tiene sentido? Vaya usted a romperse el corazón o sentir envidia a ver si eso es sencillo. «El andar solo es divertido con zapatos que cubran el áspero camino de la realidad». Desgracia la nuestra que queremos vida sin las dificultades de vivirla. Aprendamos juntos a ser sin vacilar en lugar de un estar tan pasivo. (XVI)
(XIV) Por eso digo que nos liberemos. Declaración formal de revolución. Lo llevo diciendo desde siempre. El espectro de la literatura suspendido sobre el mundo. ¡No más! Ha llegado el momento de madurar; de abandonar las categorías infantiles. Que el ensayo no sea ensayo ni el poema sea poema. ¡Creemos un mundo nuevo! A cada cual de acuerdo a sus necesidades y de cada cual de acuerdo con sus habilidades ahora liberadas. Novelas hechas de versos y epopeyas de columnas. Escribamos de tal forma que la escritura sea nuestra y no nosotros de la escritura. Rompamos la norma del texto para hacerlo como nosotros pensamos. Sin rumbo; con tantas voces. Coros falsos que nada dicen y todo enseñan. ¡Que ya no existan los patrones! ¡Viva la escritura propia! (XV)
(XV) Ojalá. Ojalá fuera así de fácil. Con meramente desearlo llegar al paraíso eterno. Recuperar la vida por medio del verso. Lo intentamos. No queda más que intentar. Sabemos con certeza que ha de fallar. Hay ciertas cadenas que nunca se han de quebrar. Pensamos en lo que se viene, sabemos que es incierto. Creamos un solo hilo entre las obras a pesar de la oposición tan potente. Patadas de ahogado que nada logran. (XVIII)
(XVI) La literatura se ha hecho de una fama irracional. La llaman difícil; la critican por experimentar. Comentarios tan oportunos como el caer granizo en día soleado. La pensamos como juego de niños lleno de princesas tristes y ciudades inventadas. (Referencia obligada a Macondo, Comala, Santa Teresa, ¿quiere más ejemplos?). Algo infantil para pasar el rato. El momento en que desafía al idioma —cuando se aventura a lo desconocido— se nos cataloga de intelectuales de pacotilla. Como si a Feynman lo condenaran a la hambruna por ser incoherente en lugar de darle el Nobel. Idiomas por siempre atados a la simpleza de comunicar. Desgraciados los que quieren sentir; vivir… ¡ser! (XX)
(XVII) Ey tú. Sí, tú. El que tiene el ensayo entre las manos. Soy uno de los olvidados. Ese coro maldito me expulsó solo porque sí. Dicen que no sé escribir. Quizá algo hay de eso. No soy ensayista. Soy poeta. Me importa más el ritmo que nada. Ya sabes. Decirlo todo sin decir nada. Melodías bonitas y ya. Hice algunos estragos antes del exilio; antes de la guerra. Te los confío si prometes seguirlos. ¿Te parece? Bueno, nada hace. No es como si hablásemos. Pero ve al (XXII) y ahí te cuento lo que sigue. (XXII)
(XVIII) ¡Callaos! ¡Estamos tan cerca! Mis labores han dado fruto. He aquí ese lugar de la mancha olvidado. Una tierra fértil de imaginación naciendo del perpetuo leer. Cuento y poema hechos ensayo; ensayo hecho poesía. Los absurdos dirán que es mera vida; los necesitados lo llaman un arte nuevo. Ni uno ni otro. Es meramente el fluir. Es meramente fluir… (XXI)
(XIX) ¡Carajo! Ahora El coro ha salido con complejos pseudo-nihilistas (véase Nietzsche para no entender nada). La estructura pudo más que ellos. Lo han devorado todo. ¿Qué hacer? ¿Revivirlos? ¿Regresar al ensayo? Como si hubiera algo de ensayo en esto. Venga pues. Revivan. La vida es suya para hacerse; el escrito es nuestro para lo mismo. SOMOS ¿Entendemos nuestro cometido? Sí, sí, sí. Eso mismo. No perdamos el horizonte que esto sigue teniendo un propósito oculto en el sin sentido. (XIII)
(XX) Ese es el problema. Seguimos pensando que la escritura es reflejo de la vida sin admitir que hicimos la vida reflejo de la escritura. Hacemos conceptos y nos los creemos a fondo. Nacen las ideas del fuego del pensar. A los pocos días aprenden a andar. En un año son fuertes; aprenden a forjar. Hacen un par de grilletes; nos condenan. Hemos sido presas de nuestro inventar. Ese color brillante, con sus infinitas variedades, es ahora solo el «rojo»; el tintineo en los oídos se llama «sonido». A la realidad que es le agregamos esa que inventamos. Así vamos, sin admitir que el verbo «ir» también lo creamos. (XIV)
(XXI) Siglo nuestro que todo otorgas. Pasado cruel que tanto ocultas. No sé qué más decir. Por más que lo intente he fallado. No podemos derrotar al escribir. Las tierras fértiles son espejismos; caminamos hacia ellos sin parar. Lo intentaré de nuevo. Batallaré por siempre, hasta triunfar. Hasta que la montaña quede bajo mis pies. Hasta dominar el idioma mismo. Pero aún entonces, aún con la victoria… (I)
(XXII) Vaya, me seguiste. Ha de caerte mal el corito. Yo te entiendo. Tengo moretones cerebrales de nuestro último pleito. Venga. Aquí te va el truquito. Léete este ensayo entero, pero mete el (I) al final de cada encuentro. Inicia por el (I) y de ahí sigue el sendero por el (VII). Al llegar al (XVI), te me sales; lo demás es porquería. Lees el (I) tres veces à la poeta del 27 y terminas. Tiras este papel a la basura y te das una caminata como sugiere el (XXX) —oculto entre tantas cosas—. Si te gusta, que bueno; si es una mierda, igual. Eso es todo. Disfruta la lectura de este tablero alterno. Chao. (I-VII-I…)
(XXIII) «Un sauce de cristal… Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, Bebé Rocamadour, bebé, mon bebé. Rocamadour, voy dibujándola como si saliera de mi mano, trenes que se iban llevándose y trayéndose a la gente, como si por vez primera tu boca se entreabriera, cada vez iré sintiendo menos y recordando más y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar —Klee jugaba con el azar—, hago nacer cada vez la boca que deseo, Est-ce que je trouverais le Maga, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, le hacía gracia que la pianista se llamara Berthe Trépat, una boca elegida entre todas, —la felicidad es solamente de uno— con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, la vuelta era realmente la ida en más de un sentido y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano (en ese algo donde se podía estar de gris y ser de rosa) te dibuja. History, Stephen said, is a nightmare from which I am trying to awake. Un chopo de agua». (Cortázar et al.) [Retour à XII]
JL Sabau es el editor general de Perpetuo. No le gustan las biografías.



