En tu jardín secreto descubro la ternura, el néctar que en tus labios se destila, y siento que mi boca se perfila hacia un festín de fresas y sabores únicos. Es dulce la pasión que se apresura, un río de placer que me aniquila; me pierdo en ti, mi ser se reconcilia, y el tiempo se disuelve en su espesura y al temblar. Quisiera detenerme en ese encanto, quedarme en ti, sin miedo y sin medida, hasta que el corazón cese su canto.—Fue el sueño eterno—. Pues tu sabor es gloria compartida, la eternidad se enciende en tu recanto, y hallo en tu entrega la razón de vida.
Este poema fue escrito por Juan Carlos Campuzano Maldonado.



