Este texto es parte de La sobremesa, nuestra sección de opinión dedicada a amplificar perspectivas que vengan de todos los rincones donde se hable —y escriba— el español.
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Han pasado treinta y ocho años desde la última vez que Texas eligió a un demócrata para el Senado de los Estados Unidos. Y, aun así, rumbo a las elecciones intermedias del 3 de noviembre —donde se definirá qué partido controlará la Cámara de Representantes y el Senado— todas las miradas están en este estado rojo.
Las encuestas sugieren que un demócrata —James Talarico— podría ganar. Su destino dependerá del nuevo voto bisagra: «los tejanos», que no deben confundirse con «los texanos». En inglés, el término tejano no se refiere a cualquiera que viva en Texas, sino a quienes forman parte de la comunidad latina, cuya historia en el estado se remonta a varias generaciones.
En lo que llevo de vida, Texas nunca ha sido considerado un estado bisagra. A menudo se le ha visto como la joya de la corona del partido republicano. Su gran población le otorga un enorme peso en el Colegio Electoral (el mecanismo con el que los estadounidenses eligen al presidente) —sin mencionar que el estado ha dado a políticos conservadores emblemáticos como la dinastía de la familia Bush—. Culturalmente, representa un clima favorable a las empresas, socialmente conservador y petrolero. Texas es, en resumidas cuentas, el corazón del partido republicano «tradicional».
Desde el año 2000, Texas se ha diversificado, con una proporción creciente de votantes latinos y asiático-estadounidenses. A eso se suma un giro reciente hacia la izquierda de los estadounidenses con estudios universitarios. Pensar que Texas podría inclinarse a la izquierda ni siquiera era un debate. Hoy está sobre la mesa.
En su última elección, Trump aumentó su proporción de votantes latinos a nivel nacional, del 36% en 2020 al 48% en 2024. Ganó los cuatro condados del Valle (Hidalgo, Cameron, Starr y Willacy). En el condado de Starr, por primera vez desde 1896 —más de ciento veinticinco años— los votantes respaldaron a un republicano para la presidencia.
Pero el voto latino ha cambiado.
Aunque históricamente los votantes latinos han estado alineados de forma más uniforme con el partido demócrata, están emergiendo como un nuevo «voto bisagra», motivados por temas que van desde la economía hasta la inmigración.
No debemos simplificar. Es complejo analizar los patrones del electorado latino. Los «tejanos» votan de forma claramente distinta a las poblaciones latinas de California, que a su vez son diferentes de las comunidades de la diáspora cubana o venezolana en Florida. Los latinos de Texas —los tejanos— se perfilan como el bloque clave que decidirá el destino del aspirante al Senado, James Talarico.

Talarico tiene motivos para ser optimista: el giro de los tejanos hacia Trump parece estar deshaciéndose. En las elecciones de Estados Unidos, los ciudadanos pueden votar por anticipado y las tendencias actuales muestran que la participación en el Valle es más de un 60% superior a la de 2022. Talarico también goza de un apoyo mayor entre los tejanos (con ventajas de dos dígitos), y a nivel estatal, SoCal Strategies encontró que el demócrata es respaldado por el 14% de quienes votaron por Trump en 2024.
Ante este cambio, los republicanos en Texas emprendieron un rediseño de los distritos electorales, trazando nuevos distritos para el Congreso antes de la elección —suponiendo que conservarían los avances logrados en 2024 entre los tejanos— con la esperanza de ganar cinco escaños. Pero las encuestas actuales en estos nuevos distritos muestran que podrían obtener solo entre uno y tres escaños, no los cinco proyectados.
La ventaja de los demócratas texanos no solo se observa con Talarico. Bobby Pulido, el famoso cantante Tejano, aventaja a la republicana Monica De La Cruz con el 51% de las preferencias frente al 44% de la conservadora. Hay un evidente giro: Trump ganó en esa misma zona por 17.5 puntos en 2024.
Texas podría teñirse de azul en una de las contiendas más reñidas en décadas. El voto latino podría consolidarse como un bloque clave de los demócratas después de años de respaldo a Trump.
Naveen Krishnan es becario BYL e investigador en Seguridad Nacional en Harvard. Fue becario Liu Xiaobo en el Congreso de Estados Unidos, donde fungió como asesor en materia de relaciones internacionales. Su trabajo se centra en la política de seguridad y las tendencias tecnológicas mundiales en Asia y Latinoamérica.



