Un norte sin norte
Sobre MORENA, Nuevo León y el reaccionismo
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Este texto es de María Díaz. Puedes leer más de ella en la biografía que incluimos al final.
Estás en Monterrey, al noreste de la república mexicana. Estás, entre montañas, imperios industriales y soles iridiscentes en la capital del estado de Nuevo León. La cuna del empresario nacional y típicamente apodada “la cuna de conservadurismo mexicano”—pero llegaremos a eso en su debido momento—.
Como es costumbre, al ocaso de la semana, se reúne la familia entera para asar carne. Alrededor de la sobremesa, se sientan tus tíos, tus abuelos, primos y amigos cercanos. Resuenan las risas y el calor de la tarde chorrea en las frentes de todos. A nadie le importa, la convivencia dominguera vale la molestia. Las horas se pasan rápido mientras se desliza la conversación a temas habituales: el partido de fútbol de la semana pasada, los baches nuevos de las calles y anécdotas de los nietos.
La política—junto con la religión—no se considera tema de sobremesa. Pero, en el vaivén de comentarios y chistes, es inevitable que se escape uno que otro comentario. Siempre se escapan. Más ahora. Más hoy.
Es el domingo después de las elecciones de 2024. Siete días después, para ser exactos. Todos quieren hablar de lo que pasó la semana pasada. El Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), del ahora expresidente Andrés Manuel López Obrador, arrasó a nivel federal, posicionando a su candidata, Claudia Sheinbaum, como la primera presidenta de México con una ventaja holgada de 31 puntos. Arrasarían, también, en elecciones locales, legislativas y gubernaturas. El mapa electoral se pintaría de guinda; el color del partido.
Desde antes, ya se sabía que serían unas elecciones históricas. La oposición de MORENA—la coalición Fuerza y Corazón por México, de los partidos PAN, PRI y PRD—también había nominado a una candidata para contender contra Sheinbaum: la senadora Xóchitl Gálvez. A pesar de que la tercera opción, Movimiento Ciudadano (MC), postuló al diputado Jorge Álvarez Máynez, todo indicaba que el país tendría su primera mandataria—con “a”—. Y, de seguir las encuestas, la mayoría indicaba el triunfo de Sheinbaum.
Lo sorprendente, sin embargo, fue el norte. Ese norte conservador. Ese norte donde estás sentado a media carne asada.
MORENA arrasó. De los 2.5 millones de votos en el estado de Nuevo León, el 45.2% fueron para la candidata de la coalición de MORENA, el Partido del Trabajo y el Partido Verde: Juntos Hacemos Historia. Lo que es lo mismo, la mitad del estado vio las opciones y decidió votar por el partido guinda; por la izquierda.
En lo local, MC y la coalición PRI-PAN-PRD mantuvieron la ventaja. Morena consiguió, tan solo, once de las cincuenta y una alcaldías que tiene el estado. Los tíos abren una lata más de cerveza, respiran. Con esto y las curules del Congreso local donde solo 11 pertenecen a MORENA, la oposición se mantiene. Perdura, sin embargo, un punto incómodo en la conversación. Alguien lo trae a la mesa entre el alivio local. Un primo lejano, quizá, o una tía que prefiere no calentar más la conversación.
No se puede negar que MORENA está creciendo en el estado; está creciendo a pasos agigantados. Está haciéndole ojos a la gubernatura, a renovarse en 2027. Si bien la oposición se mantuvo firme contra MORENA en otros municipios, en el estado, se inicia a ver el guinda característico del Movimiento. Hay una historia más importante entre el barullo de la carne asada. La historia de la elección al Senado. En un revés contundente, la senaduría de Nuevo León la ganó Morena, derrotando a la ficha dorada de MC: Luis Donaldo Colosio Riojas. Cuando alguien lo menciona, la gente se queda callada; buscan otro tema. Colosio Riojas ya estaba establecido en el estado. Fue alcalde de Monterrey hasta la elección—aunque, de su administración, el regiomontano promedio tiene opiniones mixtas—; su partido, Movimiento Ciudadano, tiene la gubernatura. Lo que es más, su padre fue el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta quien, en 1994, fue asesinado en un mitin electoral, conmocionando al país. Aun con el pedigrí político, con la presencia en el estado, el candidato estrella fue derrotado por la plantilla de MORENA. Fue un margen estrecho, de menos de dos puntos porcentuales, pero es una derrota de todas maneras.
Nadie se atreve a decirlo. Pero todos lo piensan. ¿Cómo pasó esto? ¿Cómo fue que MORENA se consolidó en uno de los estados más conservadores del país? Giran la carne; cambian de tema.
En seis años, MORENA ha ido haciendo de Nuevo León su nueva casa. Primero, callada, cuidadosa, austera—ganando territorio en las periferias de su centro metropolitano—. Ahora, ganando elecciones; forjando perfiles. Esta victoria no es atribuible a un solo factor. Entre hartazgos generacionales, desconfianza institucional y el resultado de sus propia élite política, Nuevo León ha hecho posible lo imposible. Ha hecho que el noreste mexicano se pinte de guinda en los resultados electorales. Y, sin importar la causa, es un hecho. Pasó.
MORENA compitió por primera vez por la presidencia en 2018. Entonces, su fundador, Andrés Manuel López Obrador, después de dos candidaturas a la presidencia con el partido de izquierda, PRD, llegó al Palacio Nacional con su nuevo partido. En Nuevo León, sin embargo, no fue la fuerza principal. Aquí, obtuvo el 34.3% del voto. La oposición (PRI, PAN e independientes) como bloque, consiguió el 63.3%, aunque—toca reconocer—dividido en tres candidatos: Ricardo Anaya con el 32.3% (candidato del bloque PAN, MC y PRD), José Antonio Meade con el 14.5% (candidato del PRI, Nueva Alianza y el PVEM) y, Jaime Rodríguez Calderón con 16.5% (candidato independiente y exgobernador del estado).
Para 2024, esta historia era otra. Claudia Sheinbaum obtuvo el 44.5% de los votos neoleoneses, mientras que el PRI, PAN y PRD obtuvieron el 35.4% y Movimiento Ciudadano, partido del gobernador del estado, Samuel García Sepúlveda, consiguió un 18.4% adicional. En seis años, la preferencia de voto subió en 10 puntos. De ser la opción de uno de cada tres neoleoneses, se hizo en la de uno de cada dos.
La pregunta, claro, es ¿cómo lo hizo? La misma de los tíos en la carne asada.






