Agua que falta Fuego que aumenta Aire que quema pulmones y plumas Tierra tapada de cenizas Huevo que explota en el nido Ciervo que escapa, Carbón su cornamenta al rojo vivo, Serpiente que arde, Cuero reseco en el camino. ¿Qué importa lo que diga? ¿Qué importa lo que calle? ¿Qué les vengo a cantar? Desde mi jardincito bonaerense Solo un torrente de culpa Ante el agua de lluvia Que salpica baldosas, Que inunda la vereda, Que humedece la ropa, Que hace crecer el pasto y Que revive el rosal. Planeta que duele, Humano que ignora. Medios que aterran, Humano que tiembla. La ciencia que explica, El dirigente evade. Natura que clama, El capital la acalla, La golpea, la amordaza. Pero no la silencia. Sigue el grito en el fuego, Sigue el llanto en la llama. Quiero rugir pero El bramido se acalla Se ahoga en mi garganta yerma. Si el rugido es del río que se arrastra, Del animal huyendo de las llamas. Quiero gritar pero El estertor se extingue en una lágrima Que es casi toda sal si ya no hay agua. Gota que se evapora al sol de enero Que no alcanza a humedecer una mejilla, Tan cuarteada. Gota que aunque cayera, no nutriría ese suelo. Suelo que cruje como huesos bajo las pisadas De bestias sin sangre, Vidas machacadas. De plantas sin alma, Semillas patentadas. De piezas mecánicas, De nubes que matan. Quiero llorar y me quedé sin lágrimas. Se fueron con las risas y los cantos. De mis ojos mana viento, no llanto. La arena en la que escribo se borra con un gesto. En la tierra endurecida ya no quedan marcas, Cruje la madera viva, Hierve dentro de cada tronco la savia. Quiero decir, aunque me da vergüenza Ser solo voz que habla, Dedos sobre un teclado, Que publica fotos mientras otros dan pelea Que revisa datos Que relee noticias O que postea una estúpida firma Que nada cambia. Saberme solo una más que desespera, Que da vueltas en la cama, Que se sentó a escribir sin pensar Porque si piensa no escribe más nada. Es cierto. A veces corresponde hacer silencio. Y otras, solo queda Que estalle el aullido (El llanto de impotencia No puede ser contenido). Desborda la represa: Chorrean de mis manos Puras y putas letras Salpican sinsentidos. ¿Qué mierda hago con esta página en blanco? ¿Qué hago acá todavía? Juguemos a las adivinanzas, ¿dale? Será mañana, será La semana que viene, El juego del futuro se detiene El presente llegó, ¿hasta acá llegamos? El tiempo seguirá pasando sin nosotros Tal vez se apague el fuego Cuando ya nadie escuche Que se extingue en el silencio el crepitar, Tal vez caiga la lluvia tan esperada Cuando no haya más manos que la esperen. Si no tengo rugido, grito, llanto, Si no quedan más cantos, mates, fe, Me queda susurrar. Me quedan estas palabras con voz queda, Me queda este murmullo, este aliento, Puede que el último—o puede que el primero—. No tenemos agua, no tenemos tierra, Nos quedamos sin futuro ni esperanzas, Pero no se secaron las palabras. Que la página no quede sin surcar. Mi voz es una voz solo si suma A otras tantas voces. Seamos susurro entonces, Hojita seca que vuela en la humareda. Que sean nuestras palabras las que pinten Un collage, un caos, un desparramo, Que se sume mi lágrima reseca A otras diez, otras cien, A las que quedan A las que acaso vengan Cuando nos oigan murmurar. Susurro más susurro, Murmullo más murmullo, Voz más voz más vos más vos más vos No escribe una persona, No suena el grito aislado, No ruge el árbol solo. Seamos bosque.
Mariana del Rosal Nació en Bariloche, Argentina en 1981, pero enseguida su familia se instaló en Buenos Aires, donde creció y estudió la carrera de Letras, formándome como docente de Lengua y Literatura. A lo largo de sus 44 años también ha formado una familia que incluye a su marido, tres hijos y dos gatos. En 2021 comenzó a publicar cuentos y poemas en revistas literarias. Además de docente, se desempeña como tallerista y redactora.



