Una muerte en la familia
Sobre las dinastías políticas y la violencia en México
Esta crónica fue escrita por Paula Simón. Puedes leer más de la autora y sus publicaciones en la biografía que incluimos al final.
Denisse se abrió paso entre la gente. Personas que escucharon los disparos llegaron con velas y rosarios a rodear a la difunta. Alma Rosa permanecía inmóvil, boca abajo. Denisse se hincó junto a su hermano, Fernando, y ambos tomaron de la mano a su madre. «¿Qué vamos a hacer?», le preguntó Denisse. «Yo no te puedo decir qué hacer», le contestó. «Yo convencí a mi mamá de ser política y mira dónde estamos».
Todo inició unas tres horas antes, cuando Alma Rosa Barragán, candidata a la presidencia municipal de Moroleón, Guanajuato, en el Bajío mexicano, se bajó de una camioneta blindada y caminó hacia el centro de una plaza. De las bocinas salía un jingle político, mientras banderas anaranjadas ondeaban con el aire cálido de un día de mayo. Los invitados comían, bailaban, grababan y se amontonaban entre sí a la espera de la celebración. Era el último día de campaña y todas las encuestas ponían a Alma Rosa en primer lugar.
Cuatro hombres armados se camuflaron entre la multitud. Estaban vestidos de naranja fosforescente: los colores del partido en júbilo. Nadie se fijó en ellos; ese color —en globos, sombrillas, playeras, y gorras— encendía la plaza como el sol intenso a un desierto. En el aire volaban conversaciones, música, aplausos, pequeñas explosiones de bombitas pirotécnicas y el siseo de algunas bengalas.
Alma caminó por un pasillo entre filas de sillas con el entusiasmo de quien sabe que está cerca de la victoria. Se paró al frente de los asistentes, con un micrófono en mano, junto a sus hijos, Denisse y Fernando. Antes de empezar el discurso bajó la mirada hacia sus pies invadidos por cáscaras de cebollitas artificiales, cortesía de un par de niños animados por la travesura, cuando, de pronto, algo sonó más fuerte. Desde el fondo de la plaza, uno de los hombres disparó contra ella.
Movió la mano a su estómago manchado de sangre, se alejó con esfuerzo de la multitud y caminó hacia el final de la calle. Algunas personas corrieron y gritaron, otras se tiraron al suelo, buscando refugio sobre el concreto o detrás de la sombra de los árboles. Cuatro civiles resultaron heridos. Denisse y su hermano corrieron hacia las casas más cercanas y se escondieron detrás de una pared de ladrillos.
«¡Mátala!», dijo uno de los atacantes. «¡Falta uno!», siguió el otro. Hubo un silencio y, unos segundos después, se escuchó un último balazo.
Eran las siete de la noche del martes 25 de mayo de 2021 cuando Alma Rosa Barragán, candidata del partido Movimiento Ciudadano a la presidencia municipal de Moroleón, Guanajuato, murió sobre el pavimento.
En 2019, durante el segundo año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, 2,775 personas fueron asesinadas en Guanajuato. Eso es casi ocho al día. Para 2021, el año en que fue asesinada Alma Rosa, la cantidad de víctimas había aumentado a 4,333. Eso equivale a 12 asesinatos diarios. Para entonces, Guanajuato era la entidad mexicana con mayor cantidad de homicidios en todo el país.
Ese año también fue uno de violencia política. Entre septiembre de 2020 y junio de 2021, fueron asesinados 102 políticos en territorio mexicano. Durante ese periodo, otros 18 funcionarios, candidatos o integrantes de partidos, fueron víctimas de secuestro, ataque armado, o amenaza.
Tres días después del asesinato, el 29 de mayo, Denisse anunció que sería la candidata sustituta a la presidencia municipal de Moroleón. Faltaban nueve días para la elección.
Durante ese tiempo, Denisse renunció a hacer actos de campaña y se limitó a dar entrevistas a medios locales. Habló sobre la relación con su madre y el impacto que había tenido en Moroleón. Se mostró confiada en su decisión y reiteró que su familia era muy unida y que lucharía por la verdad.
El 31 de mayo, seis días antes de la elección y una semana después del asesinato, la Fiscalía de Guanajuato reportó la detención de un primer presunto responsable: Fernando «N»—su apellido censurado por leyes mexicanas que piden la privacidad de los investigados por presunción de inocencia—. Fue señalado de formar parte del cartel Santa Rosa de Lima, un grupo de ladrones de combustible que opera en la región Laja-Bajío, en el centro de México, una zona estratégica donde corre una red de ductos de Pemex, la petrolera del estado.
Ese mismo día, un informe de inteligencia de la Fiscalía General de Guanajuato señaló a Fernando Sánchez Barragán, el hermano de Denisse, como el presunto líder del Cártel Jalisco Nueva Generación en la zona sur de Guanajuato, que incluye los municipios de Moroleón, Yuriria y Uriangato. Algunos medios cubrieron la noticia como si Alma Rosa, su madre, hubiera sido asesinada por una venganza.
Meses después, la misma Fiscalía presentaría a otros tres presuntos responsables: Benito «N», alias «El Benny»; Miguel Ángel «N», alias «El Maquillado»; y Armando «N», alias «El Tricki». En conferencia de prensa, el fiscal Carlos Zamarripa señaló que todos los asesinos formaban parte del mismo grupo delictivo.
En distintas ocasiones Denisse fue interrogada sobre este hecho. Ella se mantuvo firme y negó todas las acusaciones en su contra y en la de su familia. Aseguró que su madre no había recibido amenazas, que no tenía vínculos con el narcotráfico, que su hermano no pertenecía a ningún cartel, y que los asesinos no eran habitantes del municipio.
El 6 de junio, el día de la elección, veinte policías la escoltaron a un auditorio en la periferia de Moroleón. Iba seguida por camionetas y protegida por francotiradores que vigilaban desde las azoteas. Subió a una tarima con grandes estructuras de metal; detrás de ella, una pantalla blanca que rodeaba su silueta mostraba fotos y videos de su madre en campaña. Estaba acompañada de integrantes de su partido y moroleonenses que compartían la alegría de su triunfo. Recordó a su madre y, entre llantos, aseguró que no tenía miedo y que sentía la grandeza digna de una candidata elegida por el pueblo.
Denisse ganó la elección con el 48% de los votos. Así, la hija de una candidata asesinada se convirtió en la presidenta de uno de los municipios más violentos del país. «Al final mi mamá ya estaba en la boleta», dice. «Iban a votar por Alma Rosa Barragán y yo se lo debía a la gente».








