Este ensayo fue escrito por Catalina Alemán para Perpetuo. Puedes leer más sobre la autora en la biografía que incluimos al final.
Hace unos meses tuve la oportunidad de escuchar por primera vez el nuevo EP de Alejandro Sanz mientras me encontraba en un viaje en auto. De manera casi poética, las letras y melodías de sus canciones fluían por mis oídos de la misma forma en que yo lo hacía por la carretera. Estaba teniendo una experiencia progresiva y acogedora cuando de pronto sonó el sencillo “Palmeras en el jardín” y toda mi concentración se resumió en un suspiro suspendido que días después evolucionó a una pregunta latente: ¿es el amor romántico intercultural la historia de una renuncia constante?
Hablar del amor intercultural me sitúa en 2022 cuando me fui a estudiar una maestría en el extranjero. Durante ese periodo, además de aventurarme a vivir en otro continente con diferentes tradiciones, también me di la oportunidad de tener citas románticas con hombres europeos. Ambas decisiones (vivir en otro país y relacionarme con otras costumbres) no solo tuvieron un impacto en mi vida, sino también en el algoritmo de mis redes sociales que desde aquel momento me recomienda cuentas de parejas internacionales (específicamente de mujeres latinoamericanas con hombres europeos o norteamericanos) que documentan su día a día.
Dicho tipo de contenido, como todo o la mayoría del que se encuentra en línea, tiene como consecuencia la aparición de dos posturas predominantes: la primera es posicionar estas historias y parejas como un sueño que toda mujer latinoamericana desea conseguir a toda costa; mientras que la segunda busca advertir a las mujeres sobre el peligro de romantizar este tipo de relaciones argumentando que se pueden exponer a daños mentales, económicos e incluso físicos.
Todo lo planteado anteriormente es lo que me llevó a cuestionarme sobre el amor intercultural y las condiciones que lo rodean, en específico, la renuncia que existe detrás y cómo se refleja en los versos de Alejandro Sanz.
En relación con esto, me encontré con una investigación hecha por Yurtaeva y Charura1, dos psicólogas de la Universidad de York, donde analizan algunos estudios previos sobre los factores involucrados en este tipo de relaciones, entre los que se mencionan: la religión, la manera en la que se experimentan y expresan las emociones y el porcentaje de dominio de la lengua por parte de una de las personas (en caso de que el idioma oficial del lugar de residencia no sea la lengua materna de alguna de las partes). Como complemento de ello, en los versos de Sanz podemos observar un factor más: las culturas de las que provienen ambas partes.
“Palmeras en el jardín” cuenta una historia de desamor. Es la resignación que se encuentra en el último grano de esperanza, la imagen de quien mira por el retrovisor para confirmar que ya no hay nadie más en la autopista antes de calmar el paso. En los versos de esta canción nos encontramos con un sujeto poético de nacionalidad española y su objeto amado de nacionalidad cubana. Del segundo reconocemos la decisión de terminar con la relación amorosa que sostuvo con el primero, mientras que en la voz poética encontramos un reclamo resignado para su amada.
Hablar de este sencillo es traer a la mesa un tema que las personas que se encuentran en una relación amorosa intercultural conocen muy bien, pero hablan poco. Es darle lugar a todo lo que el migrante deja atrás con el objetivo de formar una nueva vida con su pareja, pero no desde la idealización, sino desde el remordimiento que ambos pueden sentir por la situación en la que se encuentran, donde ni el migrante logra sacarse del corazón la cultura que le vio nacer, ni el local, por más que lo intente, logra que el otro se sienta del todo en casa.[2] En estos versos tenemos un recordatorio de que el esfuerzo y la renuncia nunca lograrán que ninguno de los dos deje de ser las costumbres que los vio crecer.
Alejandro Sanz nos dice:
“Le di vuelta a mi mundo pa’ que se pareciera a ti, pero por más palmeras que plantemo’ en el jardín, esto jamás será La Habana, y yo siempre seré Madrid”
Apenas en el segundo 28, ya nos muestra cómo este tipo de relaciones, además de hacer que ambas personas se enfrenten a diferencias de religión, creencias, formas de expresar emociones y—a veces—diferentes idiomas, también se encuentran ante historias ambientadas en diferentes paisajes humanos. El que emigra tiene una casa, un hogar en el que nació y creció, una cultura que fue suya desde el primer día, una manera de hablar que es parte de su identidad. Tiene la comida, la música, las películas, los amigos del vecindario, el centro comercial que frecuentaba, la playa a cinco minutos de su casa —y que es diferente a cualquier otra que pueda encontrar—; una palmera que veía todos los días al despertar, cuando comía o al pasar tiempo en familia; una palmera a la que decidió renunciar. El que emigra tiene una cultura desde la cual construyó su identidad y también desde donde tomó las decisiones que le llevaron a conocer a la otra persona.
Por otro lado, el local (llamémosle así por el hecho de estar en su país), siente amor por ese migrante, amor que es extendido a otras emociones como la admiración, el cariño y el respeto. Emociones que a su vez se traducen a un “quiero tu bienestar y felicidad y me esforzaré por que lo tengas”. De ahí que se busque darle la vuelta al mundo propio para que la otra persona no añore aquello que dejó atrás, aquello a lo que renunció, que la vio crecer, que es parte de ella, que es ella. Por ello, el local se esmera más y hasta cierto punto termina también renunciando a lo que es. Cambia sus costumbres y planta palmeras en el jardín, aunque el clima de la región no sea el apropiado para esas plantas porque ellas, así como el migrante, siempre serán propios de La Habana, de la misma manera que él es de Madrid.
Más adelante, Sanz menciona “Por tus cosas sabes vida que yo muero” para hablarnos de una admiración y atracción por las tradiciones de la persona amada. Sentimientos tan fuertes e intensos que producen esta sensación de quererla “a morir”. Después termina con un “pero tú siempre serás La Habana y yo siempre seré Madrid” para nuevamente hacer hincapié en las diferencias de modo de vida en las que ambos crecieron.
Mientras avanza la canción podemos notar que, como en cada relación, después de un tiempo siempre termina habiendo un intercambio de costumbres, una mezcla de “yo hago las cosas de tal manera” que termina convirtiéndose en parte de la rutina del otro y que le hacen sentir como si no todo fuera un estilo de vida español, que dentro de él y de su casa tiene una parte de ella que en este sentido es una extensión de Cuba. “Tú fuiste lo más cerca que estuvo mi casa de tener un mar”.
Por último, nos encontramos de nuevo con los versos “pero tú siempre serás la Habana y yo siempre seré Madrid” a modo de resignación ante el ya dictado destino que ha cerrado las puertas a lo que pudo ser y solo deja espacio al recuerdo de lo que fue.
La canción de Alejandro Sanz y los factores mencionados en Yurtaeva y Chorura (2023) me llevan a concluir que las relaciones amorosas involucran renuncias: si eliges estar con una persona, estás a la vez eligiendo no estar con todas las demás. No obstante, en esta situación en específico la historia se torna más compleja pues se encuentra involucrado un proceso de adaptación diferente en el que no solo hay que comprender que tus muestras de cariño pueden o no tener la misma intensidad que las de la otra persona (no es lo mismo decir un “te quiero” en México que decirlo en España); sino que también se tiene que hacer espacio para ir aprendiendo costumbres y tradiciones que a primera vista no te pertenecen al mismo tiempo que trabajas en no perder las tuyas. Amar interculturalmente es elegir todos los días estar en un país que no te vio nacer, lo que a su vez se puede traducir como una renuncia elegida y constante.
Catalina Alemán (San Luis Potosí, 1998). Casi desde que nació, supo que su pasión sería leer muchas historias y contar bastante menos.Se formó como licencia en Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma de Nuevo León donde descubrió su amor por la edición de texto, la investigación interdisciplinaria y por el trabajo de Guillermo del Toro. Como consecuencia de lo último en el 2023 estudió una maestría en Literatura Comparada en la Universidad de Salamanca en España.
Sus textos e investigación se encuentran publicados en revistas y antologías mexicanas, españolas y colombianas.
Yurtaeva y Charura. (2023) Comprehensive scoping review of research on intercultural love and romantic relationships. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/02654075241228791





