Unas elecciones complicadas
(Datos sobre los que serán nuestros jueces y la elección para elegirlos)
En menos de un mes—dos semanas, en verdad—los mexicanos iremos a votar en una de las elecciones más complicadas de nuestra historia. Tras mucho pensarlo, me fui por ese adjetivo: “complicadas”. Me parece que es el único que, en verdad, podría generar un acuerdo.
No quiero decir que son “históricas” o que son un “logro”—todo indica a que participará un porcentaje bajo de la población lo cual, francamente, nos obligará a reconsiderar su triunfo—. Tampoco quiero irme del otro lado y llamarlas “catastróficas” o “abusivas”—ya en otro espacio hablé de los errores del poder judicial mexicano y como, ante sus males, la barra era muy baja en verdad como para destrozarse—.
Pero que serán complicadas es innegable.
Lo es sin necesidad de meternos en detalles. Lo que vivirá México no tiene precedentes en la historia de la humanidad. Hasta donde he descubierto—y no niego que existan otros sistemas donde cargos del judicial sean electos—hay solo dos casos de naciones donde las elecciones judiciales estén normalizadas: Bolivia, donde se eligen las cortes superiores y los Estados Unidos, donde ciertos estados eligen, por sufragio, a sus cortes supremas. Pero lo que hará México, el elegir desde la Suprema Corte hasta los jueces de distrito, no tiene precedentes.
La ciudadanía tiene un deber enorme y tuvo un lapso diminuto para ello. Desde que se aprobó la reforma al poder judicial el 11 de septiembre del 2024, hasta la fecha que se fijó para las elecciones, el 1 de junio del 2025, hay tan solo nueve meses, dos semanas y dos días. Nueve meses para prepararse para una elección nunca antes vista, no solo en el país ni en América Latina, sino, en la historia del planeta. Indudablemente, sería complicado en cualquier contexto.
La imagen es aún más compleja cuando analizamos los datos duros. Es decir, metiéndonos en detalles.
Ese es el propósito de este ensayo—meterse en los detalles. Más precisamente, entender, a grandes rasgos, quiénes son las personas compitiendo por un puesto en el poder judicial y cuánto podemos aprender de ellas. (Ver quiénes son los que quieren ser nuestros jueces). Para hacerlo, tomé los perfiles de los miles de candidatos que el INE hizo públicos en su propia página, los agregué en una base de datos concisa y, de ella, base mi análisis.
(Por cierto, usando esa misma base de datos, creé una aplicación gratuita en conjunto con Perpetuo. Con ella, cualquier persona puede consultar la información de candidatos a cualquier elección judicial y, lo que me parece más importante, buscar palabras claves en los perfiles de los candidatos. Si les interesa usarla, pueden acceder a ella a continuación:
https://eleccion-judicial.perpetuo.com.mx/
En fin, sin más preámbulos, presento los resultados en agregado de la investigación.
I. La magnitud de la elección
Iniciemos por un dato contundente. Nunca habíamos visto una elección donde, el ciudadano promedio, tuviera que discernir entre tantos candidatos—al menos, no una que yo recuerde o que cuente con la data para demeritar la declaración—. En total, dentro de los registros del INE, hay más de 3,400 personas registradas para algún puesto en la elección. Todos ellos podrían ser nuestros jueces.
Claro que la mayoría de ellas se encuentran concentradas en elecciones locales o de circuitos como los magistrados de tribunales colegiados o los jueces de distrito, como muestro en la siguiente figura. Es decir, el mexicano promedio no tendrá una boleta con más de 3,400 nombres.
Sin embargo, considerando tan solo la cantidad de candidatos promedio por circunscripción o circuito, siguen siendo demasiados candidatos por boleta. El distrito promedio, por ejemplo, tendrá 25.5 candidatos en la boleta para jueces de distrito. El circuito promedio, mientras tanto, tendrá 27.1 candidatos para magistrados y la circunscripción promedio tendrá 19 candidatos para las salas regionales del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Consideremos, además, las elecciones donde todos los mexicanos tendremos los mismos candidatos. Es decir, para la Suprema Corte de Justicia, donde hay 64 candidatos registrados, el Tribunal de Disciplina Judicial, con 38 candidatos y la Sala Superior del TEPJF con 15 más. En conjunto esto implica que el mexicano promedio tendrá 188.6 nombres en su boleta—como aún no existe un 0.6 de candidato, promediémoslo a 189.
Imaginemos, por un momento, que para hacer una decisión racional, hay que dedicarle 10 minutos a cada candidato; a leer sus propuestas y contrastarlas contra valores personales. Entonces, el mexicano promedio tendría que dedicar 31 horas y media a estudiar a candidatos para la elección. Un requisito obsceno en el segundo país por horas trabajadas en la OCDE—si tan solo tuviéramos una jornada laboral más corta…
Así que sí. Es una elección compleja. Tan compleja como para tener que dedicarle casi cuatro jornadas laborales.
II. Candidatos por estudios
Dada la complejidad de la elección, sería insensato analizar todos y cada uno de los candidatos registrados—si son cuatro jornadas laborales en promedio, imagínense la labor de analizar todos los datos. Además que poco se lograría de ello más que emitir juicios de valor y sesgar votos—y creo yo que es el deber de cada ciudadano tomar su decisión libremente ante la urna en lugar de dejarse guiar por las opiniones de comentaristas—.
Lo que sí hay, sin embargo, es espacio para hacer análisis agregado sobre los datos. No de cada candidato sino de los candidatos en agregado para ver qué patrones se aprecian a lo largo de la elección. (O, como me gusta pensarlo, entender, en promedio, quienes fueron las personas que decidieron participar en esta contienda).
Eso hice, primero, con educación, que fue uno de los campos más interesantes—y con data mejor estructurada—. Dentro de los registros del INE, encontré que, irrespectivo de cada elección, el grado máximo de estudios de los candidatos tendía a ser una maestría con la excepción de la Sala Superior del TEPJF donde había iguales números de candidatos con doctorado y maestría y la Suprema Corte donde había más candidatos con un doctorado—todo ello visible en la siguiente figura—. Es decir, en contra de los miedos iniciales sobre la elección al requerir, tan solo, un título universitario en derecho, la mayoría de los candidatos cuentan con estudios que van más allá (o al menos, así se reportó ante el INE).
Noté, también, dentro de la data, un patrón en lo que se refiere a instituciones educativas. Dado que el INE pidió a los candidatos enlistar su carrera académica, la gran mayoría decidió enlistar las instituciones donde cursaron sus estudios. Con esto en mente, pude examinar el número de candidatos que mencionaron a algunas de las instituciones universitarias más populares en el país. Los resultados se muestran en la siguiente figura.
La data, entonces, indica una predilección clara hacia la UNAM—donde estudiaron 523 candidatos de los más de 3,400 mencionados—. De hecho, esto equivale a que un 15.3% de todos los candidatos a puestos en el poder judicial se titularon por la UNAM ya sea en licenciatura, maestría u otro grado de estudios. Le siguió la Universidad Panamericana (UP) con 209 candidatos y la Universidad de Guadalajara (UdeG) con 79. Además que, he de mencionar, 112 candidatos mencionaron haberse titulado con “mención honorífica” o “con honores”.
(Cabe destacar que este ejercicio cubre, tan solo, a 15 instituciones que, en conjunto, acumulan 1,126 candidatos—sin considerar la posibilidad de que un mismo candidato asistiera a dos instituciones para distintos grados de estudio—. Es decir, cubre tan solo 32.9% de los candidatos o, lo que es lo mismo, un 67.1% de candidatos estudiaron en otras instituciones no consideradas).
También revisé si los candidatos destacaban contar con estudios en las 10 mejores universidades para derecho a nivel internacional. Esto dio pocos resultados. Solo nueve candidatos mencionaron tener estudios en alguna de esas instituciones, con cuatro de ellos siendo en harvard, dos en Oxford y los tres restantes en Yale, Berkeley y LSE respectivamente.
En fin. Esto nos ayuda a esclarecer, al menos en principio, los perfiles de las personas que compiten por un puesto en el poder judicial. Al menos en agregado, suelen tener maestrías o doctorados. Además, tienen cierta predilección por la UNAM aunque, la gran mayoría, estudió en instituciones que no se encuentran entre las principales en reconocimiento nacional.
III. Las ideas latentes
Hablé ya de la carrera académica de los funcionarios registrados para competir en las siguientes elecciones. Desgraciadamente, la información del INE no cubre carrera laboral u otras métricas que serían de gran utilidad para evaluar a los candidatos al poder judicial. Por ello, el análisis de sus personas ha de limitarse a lo que hice en la sección anterior—o, en su lugar, requerir un equipo dedicado para investigar a los más de 3,400 candidatos—.
Lo que sí se puede hacer, sin embargo, para profundizar en los perfiles es analizar las ideas que presentaron en sus propuestas ante el INE y las respuestas a preguntas adicionales. Mismas que pude extraer del portal del INE para hacer un análisis de los temas centrales abordados por los aspirantes a ocupar puestos en el poder judicial.
Para iniciar, hice un análisis de la frecuencia con que distintas palabras aparecían en los textos de los candidatos. Sin embargo, como muestra la nube de palabras a continuación, los resultados principales eran palabras altamente predecibles. Me refiero a vocablos como “justicia” o “judicial” o “poder”. Es decir, nada que indique, claramente, las tendencias de candidatos.
Dada que la frecuencia general de palabras no dio resultados contundentes, decidí en su lugar, buscar una serie de palabras en específico que han marcado la contienda. Algunas son palabras típicas de una sociedad diversa como “pluralidad” o “inclusión” otras hablan de “justicia social”, “corrupción” o “impunidad”.
En la siguiente figura muestro qué porcentaje de los candidatos a un tipo de elección mencionó las palabras en cuestión.
Resaltar, tan solo, un par de resultados—tres, para ser precisos—. Primero, que la palabra “Pueblo” es usada con mayor frecuencia por los candidatos a la Suprema Corte de Justicia que los de cualquier otra elección (casi el doble que los jueces de distrito y magistrados de circuito). Hecho que, quizá, podría atribuirse a cuán politizada se ha vuelto la campaña por la corte suprema. Sin embargo, los candidatos a la mayor corte del país hablaron menos de reformas que los candidatos a otras elecciones—alarmante que otros lo mencionan, ya que el poder judicial no debería legislar (aunque, bien podrían ser referencias a la misma reforma que habilitó la elección)—.
Segundo, interesantemente, los candidatos a la sala Superior del TEPJF mencionan “transparencia” y “corrupción” menos que sus contrapartes (incluidos los candidatos a salas regionales del TEPJF). Mientras que mencionaron la “honestidad” más que otros candidatos. Aunque, también, hay que destacar que estos fueron el grupo con menos candidatos, registrando, tan solo, 15.
Tercero, y último la palabra “pluralidad” fue de las menos mencionadas. Apenas en la Suprema Corte, un 4.7% de los candidatos la mencionó mientras que en casi todas las demás elecciones no apareció ni en una sola ocasión (con la excepción de los tribunales regionales del TEPJF y los magistrados de circuito).
(Como dato curioso, solo un candidato de los más de 3,400 mencionó a un partido político. Fue Morena, cuando un candidato mencionó haber tomado un diplomado de “Inducción al Buen Gobierno Instituto Nacional de Formación Política de Morena”; uno solo mencionó a “AMLO”—si había dudas, los candidatos no expresaron temas ideológicos en sus formularios ante el INE).
IV. Una elección complicada
Vuelvo a donde inicié—seré breve, pues sé que ya he tomado mucho tiempo—. Si algo demuestra este ejercicio es la complejidad de la elección. A diferencia de una elección presidencial o de gobernadores, donde podría hacer perfiles de cada candidato en un solo artículo, aquí es imposible. El volumen de candidatos a considerar es enorme. Tanto que debemos usar otras herramientas como análisis de texto o ver, en agregado, a las carreras educativas de los candidatos.
Todo esto para que la tarea de los mexicanos sea un tanto más sencilla. Para tratar de simplificar un proceso que tardaría horas y dar, al menos en principio, una guía de las generalidades—si eso, siquiera, es posible—.
Si quisieras ver, con más detalle, a los candidatos para esta elección o ver si ciertas palabras claves no consideradas, son frecuentes para alguna elección—además de ver, con mayor detalle, en que contexto fue usada—, te recomiendo usar la herramienta gratuita que hice con Perpetuo:
https://eleccion-judicial.perpetuo.com.mx/
Mientras tanto, seguiré esperando a ver cómo llegan las elecciones y cómo, así como he tratado de hacer en estas páginas, tantos otros mexicanos hacen lo posible por resolver la complejidad.










