Vaivén
París, 29 de septiembre de 2019
Me desperté extrañándote más de lo usual.
Siento mis lágrimas caer con el peso
de cien kilogramos sobre mis rodillas,
privándome de oxígeno.
Como si solo tus yemas
desfibrilantes
pudieran levantarme
de la eterna pesadilla que es tu ausencia.
Mi cabeza, incapaz de estar en alto, se derrumba.
Mis piernas, tímpanos de hielo, caen cuales glaciares.
Hoy llueve en París.
Nubes pasajeras
como la pesadez de mi ser.
(pero se que no estoy sola y no hay a quién culpar más que a mi).
Aún así, culparé al otoño
por hacerme sentir tan frágil,
débil como las hojas
antes que al sol;
su verde arrebatara.
París, 29 de septiembre de 2021
Me desperté escuchando el ir y venir de tus pasos,
la pompa de agua suspira,
camiones y bicis desfilan frente a la ventana.
Cada visita tuya, cual tornado,
se ha ido disipando poco a poco
hasta volverse brisa;
suave, ligera, constante.
Nos tomó seis años coincidir en las mismas coordenadas
y no sé por cuánto tiempo los planetas
seguirán alineados de tal manera
que el vaivén del reloj siga sin parar
y las calabazas sigan siendo carrozas.
Hoy llueve en París,
gotas pasajeras que resbalan, embonan,
como tus manos sobre las mías.
(Y aunque nuestra película ya no sea estreno, sigue siendo mi preferida).
Ahora sí, agradezco al otoño
por recordarme que el sol se va
así como viene,
y aún así nosotros
seguimos.
Este poema fue escrito por Mariana Anaya para Perpetuo.



