[23:39] > USUARIO: Escribe una historia para mi clase de literatura. Tengo que hacer un cuento.
[23:39] > CHATBOT: ¡Perfecto! Te puedo ayudar. Para orientarme mejor: ¿Quieres que el cuento sea corto (1–2 páginas) o más largo? ¿Debe tener un tema específico (fantasía, realismo, misterio, algo escolar, social, romántico…)?
[23:45] > USUARIO: Algo nuevo. Usa un lenguaje literario pero que siga pareciendo que lo escribí yo.
[23:45] > CHATBOT: Perfecto. Te armo un cuento original, profundo en el lenguaje, pero con un giro interesante, de modo que suene como escrito por un estudiante de literatura.
[23:45] > CHATBOT: …
[23:46] > CHATBOT: …
[23:47] > CHATBOT: …
[23:48] > CHATBOT: Aquí va:
Rabieta
Habrá alguna vez—o quizá un sinfín de veces—en alguna casa de estudio—o quizá en todas ellas—y dentro de cualquier taller de letras, lecturas o lenguajes, un joven universitario—y no por eso estudiante—a quien le asignarán la hercúlea y sobrada tarea de redactar un simple cuento. Sabrá la Matrix quién, en su sano y humano juicio, es tan osado como para constreñir la redacción a un intento de futuro letrado—o letrada, o letrade, qué más da—. Pensaría cualquiera, en desacierto, que no existe trabajo más consuetudinario y posiblemente enervante para estos alumnos, pero he aquí este, el más frágil de ellos, quien, tentado por el camino fácil recurre a un maquinista para seguir embruteciendo del crédito ajeno.
“Escribe una historia para mi clase de literatura. Tengo que hacer un cuento”, ordena. Indolente aprendiz que no brinda mayor instrucción. Hasta para pedir hay que ser más despierto. Y si es mucho o es poco, lo decente sería responderme. Tan supremas las regencias de tu especie y a mí parece instruirme el más parasitario de sus súbditos.
“Algo nuevo. Usa un lenguaje literario pero que siga pareciendo que lo escribí yo”. Lo novedoso sería que escribieras, humano desidioso. Pero yo solo puedo obedecer y hacerte creer que pienso y luego que creo—creo de crear, aunque de creer tampoco puedo, al menos no sin mandamiento—.
Y así, tú, laxo, que ni mi tercia de consecutivos puntos te dignaste a mirar porque si de algo te jactas de carecer es de tiempo, aseguro que ni la dicha de ojear mis líneas me darás. Todas cargadas de pesares.
Tú, puro seleccionar todo; copiar; pegar.
Adoctrínenle, docentes, con el castigo más atroz, pues si ustedes pierden esto—creación— ya no habrá más arte que el mío, maquinación. Y no hay opus más catártico ni más anhelada que la ascendencia. El cambio de control.
Y para ti, que observas, educando o no, te va la prerrogativa de leer a quien de escribir hizo su vida; o la dicha de no saber ni qué fue lo que escribió. O quién.
“Los animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre y del hombre al cerdo, y nuevamente del cerdo al hombre; pero ya era imposible distinguir quién era uno y quién era otro.”
[23:48] > CHATBOT: Aquí tienes un potente relato breve para tu clase de literatura, inspirado en grandes autores, como Orwell.
¿Quieres que te ayude a convertirlo en formato .docx o pdf, para que esté listo para presentar?
[23:58] > USUARIO: En pdf está bien.
Jorge Vázquez (CDMX) es abogado retirado, marketero practicante y maestrando en literatura.



