El creativo es nuestra newsletter de escritura literaria y cultura. Cada semana publicamos un cuento y un poema acompañados de un par de comodines (entrevistas, recomendaciones, ensayos y más). Para recibirla en tu correo, suscríbete a Perpetuo:
Esta semana:
Gemma Gómez Ruiz narra los pormenores de una obsesión.
Carolina Cuevas escribe como madre e hija en un poema compuesto.
Matías Ezequiel Wendt resucita la conversación entre política y arte en un ensayo donde también revive George Oppen.
Escucha nuestros podcast: Masa crítica, una cátedra de Juan Villoro sobre la crónica, el ensayo y sus futuros; Inferencia, una especulación con Víctor Cárdenas sobre cómo serán los bancos hacia el 2050.
El equipo editorial comparte una bóveda de textos con motivo de su primer aniversario.
Perpetuo anuncia su II Concurso Internacional de Poesía.
Llegamos a doce entregas que, si fueran mensuales, cumplirían el año, pero que para el bien de esta sección y su historia, apenas cumplen tres meses. Nos gustan las fracciones, por ello el conteo semanal; como cada viernes, nos acompaña la voluntad de la palabra en verso y prosa, ficción y no ficción, auditiva y escrita.
Gemma Gómez Ruiz hace suya la prosa para encarnar una máscara tan real que pone en duda la entelequia. Su cuento es un testimonio compartido; un síntoma de nuestro tiempo.
El poema de Carolina Cuevas se lee y se escucha; sus versos son la voz materna de una juventud abandonada y en crisis. Un madrazo sin romanticismos; golpes en trazos de belleza y pesadumbre.
Matías Ezequiel Wendt hace de la escritura documental y filosófica una historia de resurrecciones. George Oppen, poeta objetivista, es el peón muerto que protagoniza esta conocida confrontación entre política y poesía.
Las charlas con Juan Villoro y Víctor Cárdenas entran por los oídos y se repliegan por el pensamiento. Son símiles a sus compañeros de esta entrega en cuanto al proceso reflexivo: el primero, respecto al diagnóstico de la crónica y ensayo; el segundo, con relación a posibles futuros de los sistemas financieros.
Al final, la palabra existe para migrar más allá del recuerdo, si bien el equipo editorial insiste en guardarla en una bóveda. No es, sin embargo, un acto pretencioso: tan sólo el deseo de extender un festejo.
P. D.: No hay festejo sin invitados, y da la casualidad de que se buscan poetas. Por ello, queda abierta la convocatoria para el II Concurso Internacional de Poesía Perpetuo. Porque la palabra, ante todo, ha de estar en movimiento…
Soy healthy
Empiezo la mañana como cualquier persona normal: delante del espejo, haciéndome una skincare de veinte pasos que he visto por TikTok como un must have for the girlies. Mirándome fijamente, trato de aniquilar cualquier imperfección que las luces LED seguramente me están ocultando. Temen mi reacción. Da igual. Luego cogeré el móvil, pondré la linterna y volveré a comprobar si esta tierra fértil que tengo como piel está plagada de hierbajos a podar.
Mi compañera de piso está gritándome desde el otro lado de la puerta, que se está cagando. Menuda tía más pesada, siempre quejándose, que se espere un momento, que yo la espero cuando se está duchando con Bad Bunny de fondo a máximo volumen.
Actúo como si fuera la protagonista en un vídeo de Vogue Beauty Secrets. Pienso en qué les diría exactamente a mis fans. Mi secreto son los productos coreanos que no comprendo qué hacen, pero me producen un tilín cuando los aplico, diría a cámara, pero se lo digo a la del reflejo. Así debe ser como las coreanas se sienten al utilizarlos, prosigo. Ácido hialurónico, ceramidas, tónico de rosas y algas… ¿Sérum de? No sé de qué será el sérum, pero si es de MAC Cosmetics, debe ser bueno. Aunque no es coreano. Juzgo todo empaque que no esté en un idioma que desconozco.
Hasta que mi piel no luce como un donut glaseado que huele a verano, no me permito parar. Una vez terminado el ritual, me quedo frente al espejo un poco más, observando la juventud antes de que se pudra. Aunque claro, estos productos me harán lucir joven eternamente. ¿Cuántos años me echarán por la calle hoy? Si me echan catorce, valdrá la pena haberme levantado a las seis de la mañana para prepararme. A partir de los veintiocho debería empezar a ponerme botox, lo ha dicho una gurú influencer. Por prevenir, claro. Claro. Por prevenir.
Mi compañera de piso suspira cuando me ve salir del baño, aliviada, pero juzgo por su mirada que envidia mi constancia. Maika, con k, solo utiliza Ceravé, usa productos de droguería y come como le da la gana. No tiene constancia. Siempre está demasiado ocupada como para concentrarse en cómo se verá de aquí a diez años si no empieza una rutina antienvejecimiento hoy mismo. Me dice: ¡Tenemos veintisiete años!; ¿y qué? Mira a Jesucristo con treinta y tres: hecho un Cristo.
Mi desayuno consiste en agua templada con zumo de limón y cúrcuma. A veces shots de jengibre; he visto que ayudan con el gut health (no sé qué significa eso, pero yo quiero sentirme así, sana). A veces un té verde; los chinos lo hacen tras cada comida porque ayuda con la digestión, o eso he leído. A veces dos cigarrillos para poder ir al baño y para quitarme el apetito; un desayuno saludable y económico. Así puedo aguantar hasta la hora de comer.
Huelo los huevos fritos y la panceta de Maika. Me atacan las fosas nasales, me atacan hasta el gusto y me pillo salivando: tengo que limpiarme las comisuras con disimulo, no fuese a provocar una confrontación en la que me insista que debo comer más para tener energía. Creo que lo hace a posta, me debe detestar lo suficiente como para hacerme esto todas las mañanas sabiendo que estoy a dieta. Puede que me odie porque una vez le dije que su novio me tiraba la caña por Bumble, si bien fui yo quien inició la conversación (por eso Bumble era mejor que Tinder; empoderadas, éramos las que iniciaban el apareamiento, como en el reino animal). No se esperaba que su novio siguiese utilizando la aplicación después de empezar a salir con ella. También puede ser que me odie porque la llamo cornuda amargada. No me follé a su novio, pero podría haberlo hecho si hubiese querido: yo sí estoy a dieta y me echo cosméticos en la cara.
Más tarde, en la media hora libre en el trabajo, paseo para hacer cardio y quedo con una amiga para ir a un bar nuevo que han puesto en el centro, de especialidad. ¿Especialidad de qué?, me pregunto mientras analizo a un chico performativo leer Pura pasión de Annie Ernaux: tiene bigote, un arito o dos que no distingo a través de su pelo rizado y lleva ese tipo de gafas que hacen a los hombres parecer intelectuales atractivos. Sí, ese tipo. Seguro que hoy liga con la barista, que le está mirando tanto como yo le miro. Mientras mi amiga llega y no llega, pido un matcha latte, ignoro los mensajes de mi madre y abro TikTok.
El viaje por la app me deja con más dudas que respuestas. Una me deja picada: ¿por qué critican la cirugía estética con tanto retintín? Deben ser mujeres envidiosas que celan a otras más jóvenes, más guapas, con más dinero y con más sororidad que ellas; creía que habíamos dejado de criticar a otras, que somos todas compañeras de lucha, que somos todas amigas… ¿es que acaso no les importa mi mental health?
Mi amiga Natalia, con la que he quedado, es una de esas que critico: una hippie perroflauta con rastas en el pelo y tabaco de liar. Cree que debo leer más ensayos acerca de los cánones de belleza y del patriarcado en general para poder hacerme con un pensamiento más crítico para con las rutinas que llevo. Dice que son obsesivas, que debería ir a su terapeuta que en realidad no es un psicólogo porque no cree en ellos, que es un chamán del que hablan muy bien por toda Barcelona. Le puntualizo que ella no es mejor por leer más que yo, que ya leo mucho los correos electrónicos del trabajo, las instrucciones de los botes coreanos y los comentarios de TikTok, y que un chamán es un hippie de mierda.
Tal vez Natalia no entienda que esto lo hago por mí. Por mí. No por gustar a nadie más. Los hombres son todos unos mentirosos que se quedaran calvos antes de llegar a la treintena; no puedo hacerlo por ellos… ¿Por qué lo haría por Pablo, si me puso los cuernos con mi hermana? Hijo de puta. Le ha dejado preñada y todavía tengo en el bolso la invitación de boda que llevo sin contestar tres semanas. No creo responder nunca, ni aunque mi madre me presione. Encima me pedirán dinero para los cubiertos y un regalo carísimo de una lista de Amazon. A lo mejor les regalo un perro, que mi hermana es alérgica.
—Tía, ¿me estás escuchando? —me pregunta Natalia con un tono que entiendo un poco latoso.
Luce molesta, seguramente estaba hablando sobre cómo nunca va a acabar la carrera porque siempre hay algún contratiempo que le frena, como cuando se murió su padre. Emana una fragancia especial: perfume árabe mezclado con tabaco. Siempre hace un ruido estrepitoso cuando camina por la cantidad ingente de pulseras que lleva en las muñecas y cachivaches en la tote bag.
—Sí, claro, nena. ¿Cuántos créditos decías que te faltaban? —mi amiga vuelve a expresar molestia por alguna razón que desconozco. Pocos minutos después, comprendo que no estaba hablando de las asignaturas que le faltaban, sino de que su casera no les quiere cambiar la lavadora. Encima es engreída, que si no le estoy escuchando me pregunta la tía… ¿Pero quién se cree que es a veces? ¿El ombligo del mundo? Su voz se disipa bajo mis pensamientos mientras observo el menú una vez más, analizando qué podría comerme y qué no según las comidas que llevaré a cabo a lo largo de la semana.
Para comer, ella se pide una hamburguesa vegana, cómo no. Tan preocupada siempre por los animalitos, tan empática, tan alta a diferencia de las demás. Cuando miro el menú por cuarta o quinta vez, solo pienso en las calorías que podría tener cada plato… ¿Por qué no ponen las calorías exactas a un lado? Así sería más fácil saber lo que una quiere. Al final, como no estoy segura pido una ensalada César. Me digo a mí misma que tiene minerales, grasas saludables, proteínas, hidratos de carbono. Tiene todo lo necesario sin comerme una hamburguesa. Las hamburguesas son como ensaladas, pero su problema es que tienen demasiado pan. Si fuera espelta en vez de trigo, me lo pensaría.
Natalia debería cuidarse más. Fuma demasiado. Observo que, mientras come, fuma un cigarro; dice que así le entra mejor la comida, con más ganas. En cambio, yo solo fumo antes del desayuno y de la cena.
Mientras comemos, no deja de hablarme de los niños en Gaza. Le indico que me parece una putada, pero en realidad no me importa tanto como parece importarle a ella. A veces sé que piensa que soy mala persona. Comemos rápido. Tengo que volver al trabajo y ella a la facultad. En realidad, ese es el único momento en el que podemos estar juntas; agradezco el poder hablar con alguien de mi edad: en el trabajo son todos muy mayores, muy preocupados por Hacienda, por Excel, por la hipoteca y por invertir. Mis amigas tienen lo suyo... ¿Debería invertir yo también? Para poder comprarme un apartamento, digo; llevo compartiendo piso desde que nací, si me apuras.
Tras pagar la cuenta, debatiendo sobre si mi amiga me pasará el bizum que le he pedido o tendré que recordarle los quince euros que me debe toda la vida hasta la muerte (me imagino en su funeral, todos llorando y yo, en cambio, mendigando quince euros que lleva cincuenta años debiendo), me doy cuenta de que la barista miraba tanto al chico performativo porque había sobrepasado el tiempo de consumición. Otro matcha latte o a tu casa, le escucho decir mientras recogemos y nos vamos. Me sale una risita maligna; hoy no liga el chico performativo. Que le den por culo.
En el metro nos para el típico rapero. De mi amiga comenta que está muy buena. De mí no dice nada. Me deja tocada. No paro de pensar en ello hasta llegar a casa. Pensé que me diría algo, lo que fuese. Siempre comenta algo de todo el mundo, ¿no? Eso dice mi amiga. Pensé que, cuando me lo encontrara, diría algo de mí. Nada. Relegada a la nada. Todos los hombres me hacen daño.
Con todo esto, vuelvo al trabajo. Soy becaria. Llevo siendo becaria años. Alguien debe hacer los cafés, responder los correos y lucirse por la oficina. Me necesitan.
Gemma Gómez Rivas (Córdoba, España, 1998) es una escritora residente en Estepona, Málaga. Su poemario más reciente es Una colcha de retales (Editorial Loto Azul, 2024), el cual trata de las relaciones materno-filiales como una entidad universal. Anterior a este publicó Bajo la lluvia de fuego. Ha colaborado en antologías independientes como Madre (Arrebol, 2026) y la revista Palabra que dormía.
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Madre(ada)
MI MADRE, COMO TODAS las madres habla (con paréntesis) palabras (a medias) cansadas de tanta verdad. Mi madre, como todas las madres, se preocupa por hace(a)rme con su lengua alfarera y modelarme en torno a ella. Y como cualquier madre, mi madre, cuando me ve (de mente incierta me) enju(aga, me un)ta, me alimenta (l)a(s) voces (de su realidad). Como buena madre siempre ha sabido intuir. Y a pesar mío, todo lo que mi madre decía (quim)era. Porque ella de todo entiende (un peligro) y sabe (culpar, temer y sospechar) cualquier cosa. La veo desesperada por enseñarme (lo que ve) Por hacerme comprender las cosas que (se g)están en su mente. Mi madre hace todo para no(ica), para nunca dejarme ir de su lado. Porque, aunque mi madre es como todas, se preocupa como ninguna de lo que pasará (con ella) cuando ya no estemos juntas.
MI NIÑA ME MIRA ATENTA camina pisando mis pasos pregunta cómo hago, porque me quiere apre(he)nder con sus pequeñas manos. Te quiero dice (farsante) y yo sé que ésta, mi niña, me quiere (conocer) más de lo que debería. (Si) la niña (me quisiera como) dice tanto (tonto) te quiero (no) me ve(ría) atenta sólo a mí. (¿Por qué) sus ojos grandes (no sirven de algo, y espían el exterior) para mamá(?) Y lo que mamá necesita es que la niña (mire, en mi lugar, hacia la) calle. Tengo que cuidar(me) de esta niña (y de su boca). La a(tu)rrullaré por las noches con canciones de cuna, que digan (cosas falsas de quien ama. Para que, si ella, como toda) la gente abandona, conspira, (y me) delata, mi niña sabrá (y dirá falsedades,) más vale (Así me libraré de) los peligros de (su) querer (hablar) de más.
QUÉ DIFÍCIL, me dijeron, iba a ser ser madre. Pero madrear es sencillo, la única pena es mi hija. Cuando llegó la quise hacer de mí un espejo fidedigno. Pero ella quiso ser már(tir) y se a(z)ogó (mal) a propósito (de mostrarme retorcida) con llantos hipócritas (lo que es capaz de hacer) para lastimarme. Yo le enseño cómo lavar, enjuagar y permanecer, pero cuando hablo ella rie-ga gargajos atragantados de odio por mi casa. Y todavía (re)clama cuando mi palabra se lanza piedra. Sus fingidos (seña)lam(i)entos pretenden (dif)amarme frente a cualquiera que no conozca sus intenciones. Pero a solas, miro sus gestos (desafi)antes míos y la (re)siento un engendro (traidor, ingrato) que solamente juega con su madre. Cada mañana en su rostro ojer(iz)as que no descansan de procurar (tr)amar (contr)a su madre. Pero soy cauta y me cuido de ello. Dicen: mujer que se previene son dos, y en mi casa somos dos mujeres solas.
EL MARTES QUE VIENE ME VOY a ir de la casa. No voy a dejar(le) una nota, ni comida para llegar al mes. Me iré hasta que mi tar(d)ada niña entienda que el desayuno no se hace solo, que la ropa se lava. Y se cuelga el teléfono a los números desconocidos. El martes me voy porque ya no puedo ver a esta niña pl(aneando) añi(ca)r mis trastes con tal de no lavarlos. Ya no la quiero ase(di)ando mi casa con dolo, con ganas de hacer(me cualquier y) todo mal. He intentado hacerla cambiar a mi manera, pero a la suya ella insiste, no quiere (dejar de) se(r una) excusa sinsentido (común,) de la vergüenza (o del cariño). Y se sigue paseando en burla, mientras juega a las mu(ñ)ecas por mi casa. Pero este martes, por todo un mes, la dejaré sola. A ver si así aprende a valorar a su madre.
Carolina Cuevas (México) es poeta escorpio, guionista y loc(utor)a. Es egresada de la licenciatura en Escritura Creativa y Literatura por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Su poemario Madre(ada) fue acreedor al 2do lugar del Premio al Estudiante Universitario 2025 en la categoría de poesía José Emilio Pacheco. Su trabajo poético ha sido expuesto por colectivos artísticos, como Central Colectivo. Actualmente se desarrolla como guionista en el Instituto Mexicano de la Radio.
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El silencio y la revlución
Hay cosas entre / Las que vivimos y verlas; / Es conocernos
-George Oppen
Se sienta a la mesa y escribe / «con este poema no tomarás el poder» dice / «con estos versos no harás la Revolución» dice / «ni con miles de versos harás la Revolución» dice / Y más: esos versos no han de servirle para / Que peones maestros hacheros vivan mejor / Coman mejor o él mismo coma viva mejor / Ni para enamorar a una le servirán / No ganará plata con ellos / No entrará al cine gratis con ellos / No le darán ropa por ellos / No conseguirá tabaco o vino por ellos […]
-Juan Gelman
Como bien dice quien sea que hable en el poema de Gelman: «no alcanzaremos ni perdón ni gracia» con nuestros versos y, sin embargo —dice Gelman respecto de quién habla en su poema—, a pesar de ello: «se sienta a la mesa y escribe».
En su prólogo a Narración, de George Oppen, Martín Gambarotta examina la herencia que el modernismo, fundado por Ezra Pound y T.S. Eliot, ha dejado en el mundo anglosajón; llega a la conclusión de que, al menos hasta que Allen Ginsberg se inclina para besarle la calvicie, Pound no deja más que una patrulla perdida de modernismo: los Objetivistas, un grupo de poetas jóvenes —compuesto por Carl Rakosi, George Oppen, Louis Zukofsky y Charles Resnikoff— alentados, promovidos y publicados por Pound a fines de los años veinte y comienzos de los treinta. Sin embargo, a pesar de algunas incipientes publicaciones, estos poetas no tuvieron lugar alguno en el sistema anglosajón de la época. En su mayoría fueron jóvenes comunistas y se encaminaban a la derrota mundial.
A Zukofsky le esperan años enseñando inglés en las mal iluminadas aulas de un politécnico de Brooklyn. Para evitar la cacería política, Rakosi deja de escribir por completo, se cambia el nombre y se dedica a la asistencia social. Resnikoff se convierte en abogado y trabaja en una revista liberal de derecho, publicando revisiones y anuncios de parches legales y enmiendas provisionales, dando rienda suelta al negocio, algo de lo más normal en el rubro. ¿Y Oppen? A Oppen, hijo de una familia acomodada, devenido en agitador comunista errante, el Buró Federal de Investigaciones le abre una causa y se va con su mujer a México después de la Segunda Guerra Mundial.
Además de la paradójica conexión de los objetivistas —judíos y comunistas— con Ezra Pound —fascista y antisemita—, lo interesante en sus primeros textos es la tensión que implica escribir poemas tratando de seguir la doctrina política del partido, es decir, hacer converger una práctica poética, en muchos sentidos burguesa, con una praxis política revolucionaria. Tan difícil les resulta confluir poética y política que, tanto Rakosi —en 1941— como Oppen —en 1934— dejan de escribir poemas.
A mediados de los años treinta, los objetivistas se encuentran en la encrucijada: quieren cambiar el mundo, pero no saben cómo; todavía albergan ése carácter romántico típico de la pequeña burguesía bienpensante que sospecha que algo anda mal pero, en el fondo, no quiere saber qué es, medrosa de que la respuesta la lleve a descubrir que eso que anda mal tiene su origen en su constitución como clase y, por ende, para repararlo es inevitable apuntar contra sí misma, contra sus usos y costumbres y, sobre todo, contra su certificación identitaria de clase «bienpensante» que rectifica y resguarda el orden, más nunca atentaría contra él ni concebiría siquiera trastocarlo. Como todo pequeño burgués en medio de la crisis, los objetivistas se encuentran en la encrucijada y tienen que decidir: aferrarse a lo conocido y esperar, o comprometerse con lo desconocido e intervenir. Tienen que elegir entre dedicarse a la poesía o a la política revolucionaria.
El dilema de la relación entre la política y el arte es archiconocido y se reescribe cada vez que se abre un período de crisis en la sociedad civil; toda época instituye un espacio de control para el arte, a fin de mitigar su potencia naturalmente transformadora. En otras palabras, toda época consagra un modo de la producción artística que se presenta como incapaz de hacerle daño y, al mismo tiempo, condena o clausura, con toda la fuerza de sus instituciones, aquellas producciones que pudieran significar una fisura o un boquete en la pared que separa a este mundo (conocido) del otro (posible). Las crisis de la sociedad civil involucran tempranamente a los artistas, mucho más sensibles a lo que se cuece en el fondo de la vivencia humana, dado su rol como portavoces o emisarios de lo que no se escucha ni se somete a crítica: verdaderos agentes de todo lo que está y que no se usa y que nos fulminará.
De acuerdo con Adorno, el arte es, por su oposición a la sociedad, algo social; oposición que adquiere sólo cuando se hace autónomo, rechazando toda función o utilidad prefijada. Por ende, es lógico suponer que cada artista que se valore deba enfrentarse a un mismo drama, a saber: cuál es el lugar que ocupa en el mundo y para qué hace lo que hace.
Si, tal y como dice Adorno, el arte es una antítesis de la sociedad y se mantiene en vida gracias a su fuerza de resistencia —es decir, en la medida en que decline convertirse en mera mercancía— la paradoja con la que convive el artista se revela: mientras la industria del arte se agiganta, un arte industrial es imposible. Las obras de arte serían entonces, por definición, antifetichistas; no encajan bien, contienen algún elemento interior, molesto o perturbador que va más allá de sí y que, si bien se enchufa de alguna manera en la esfera de la comunicación, no pueden no comunicar. Asimismo, las obras de arte tampoco se vacían o se consumen en la comunicación.
De acuerdo con Adorno, debido a que son esencialmente sociales, todas las obras de arte albergan elementos que se corresponden naturalmente con una ideología y expresan un contenido ideológico. Ahora bien, la relación entre estos elementos y dicha expresión no siempre es lineal ni resulta tan fácil de definir; en la medida en que la faceta ideológica se rinde a la esfera de la comunicación, la obra deberá leerse y, como ocurre con toda lectura, puede suscitar malos entendidos.
Explica Adorno: «[En] las luchas sociales, las relaciones entre las clases quedan impresas en la estructura de las obras de arte. Las posiciones políticas, en cambio, que ellas puedan adoptar son sólo epifenómenos que sirven normalmente como un impedimento para su estructuración y finalmente también para su verdad social».
En otras palabras, con intenciones se consigue poco. La obra de arte que quiera tener algún tipo de efectividad política no puede sacrificar su naturaleza a fin de abordar ciertos temas críticos puntuales.
Sigue Adorno: «Lo que da a la tragedia su sustancialidad social es que tanto la tendencia histórico-filosófica de la época como su propio antagonismo se convirtieron en su a priori formal, en vez de ser tan sólo inspiradores de sus temas. Por eso la sociedad aparece en la tragedia de manera tanto más auténtica cuanto menos es el objeto de una intención explícita».
La misma configuración de la obra, que articula las veladas y mudas contradicciones de una cultura y de un momento histórico, muestra los rasgos de una praxis que no es sólo un reflejo de la realidad, sino que forma parte del concepto del arte en su forma de proceder. La obra es en sí misma una figura de la praxis y no tiene por qué excusarse por no obrar directamente, puesto que no podría hacerlo así aunque quisiera, ni hablar de que la eficacia política de las obras comprometidas es siempre muy incierta.
Adorno sostiene que la actitud personal de los artistas puede encontrar su función en su ataque al conformismo, al conservadurismo, al sinsentido o a la mediocridad, pero esa actitud se retira cuando desarrollan sus obras. En sus palabras: «nada dicen sobre la verdad de la obra de Mozart sus atroces manifestaciones cuando murió Voltaire» y, aunque no se puede prescindir de la intención de las obras de arte en la época de su aparición, «quien juzgue la obra de Brecht sólo por sus méritos artísticos, acierta tan poco como quien juzgue su significado solo por sus tesis».
El contenido social de la obra de arte expresa la aporía en la que se juega su destino como tal: si olvida su autonomía entra como un mero producto en el ámbito de la sociedad existente; pero si permanece estrictamente ajena al mundo, entonces se convierte en un fenómeno que no tienen importancia.
Para Adorno, el criterio definitivo de la obra es la fuerza de su expresión, gracias a cuya tensión las obras, con un gesto sin palabras, se hacen elocuentes. Es por su expresión que las obras de arte aparecen como heridas sociales y, evidentemente, las zonas socialmente críticas de las obras de arte son aquellas que causan dolor.
Varios objetivistas interpretaron esta encrucijada de forma opuesta, abandonaron la poesía y optaron por un compromiso político más permanente. Así, en 1934 se inicia lo que la crítica burguesa, años más tarde, bautizó como «el largo silencio de Oppen».
Ese año, George Oppen se alista en el Partido Comunista y abandona la poesía; considera que la escritura no tiene eficacia política y que no sirve realmente para dar cuenta de lo que está ocurriendo en el mundo, pero tampoco puede someterse creativamente a la instrumentalización poética o al ejercicio de un formalismo hermético. La disyuntiva se le revela clara: no vuelve a escribir poemas hasta 1958. Primero trabaja como activista para el Partido Comunista, organizando a la gente para obtener techo y comida. Cuando inicia la Segunda Guerra Mundial, toda su familia se muda a Detroit y George trabaja como diseñador de piezas para la industria de defensa. Es llamado al ejército a pesar de que su edad lo exime. Hace su entrenamiento en Luisiana y es enviado a Europa. Participa en el frente de Alsacia, al noroeste de Francia, y allí es que, conduciendo un convoy, lo alcanza el fuego enemigo. Sus compañeros mueren, él resulta herido de gravedad. La guerra acaba y vuelve a Nueva York; compra un tráiler y parte con su familia hacia la Costa Oeste. Viven en una casa rodante entre California, Oregón y Los Ángeles. Se convierte en carpintero y trabaja con un amigo construyendo casas. Ya no tiene relación con el Partido Comunista, pero su familia comienza a ser asediada por el macartismo y la caza de brujas que inundó los EEUU tras la guerra. Se mudan a Ciudad México y George abre una mueblería. Para 1958, la histeria anticomunista comienza a decrecer; obtienen pasaportes y regresan a Nueva York. En septiembre de ese año ocurre la famosa anécdota de la profecía autocumplida sobre su regreso: Oppen sueña que revisa el escritorio de su padre y de entre todos los archivos insignificantes pone atención a un panfleto que dice: «Cómo prevenir el óxido en el cobre»; le narra el sueño a su psiquiatra y éste lo interpreta como el temor de Oppen a volver a escribir.
El primer poema que marca el fin de su silencio, escrito aún en México, dice:
«Los años treinta. Y Un espectro En cada calle, En todas las multitudes inexplicables, lo que hicieron entonces Aún es sus vidas».
Cuando finalmente publica su segundo libro, en 1962, lo llama The Materials, título sugestivo respecto de sus intenciones. Si bien los Objetivistas nunca fueron una escuela uniforme y, de hecho, no todos aceptaban el rótulo de «Objetivistas», lo cierto es que apuntaban a la materia en busca de algo difícil de explicar, algo que muestre lo que se encuentra condensado en el poema, una cifra que lo active al poema o lo ponga en funcionamiento, como a un objeto concreto, como una máquina con motor y vida propia.
Refiriéndose a su práctica, dice una nota en The Guardian que «Oppen era un corregidor compulsivo con un método inusual de construir versiones de sus borradores. Cada vez que cambiaba una línea escribía o mecanografiaba la nueva versión en una tirita de papel lo suficientemente delgada como para pegarla sobre la línea anterior».
De todos los objetivistas, podríamos decir que Oppen fue quién mejor resolvió el dilema del vínculo entre poesía y política; fue quién llevó más lejos la concepción del poema como un objeto vivo, es decir, que ningún poema es «sobre algo» y que cada poema «es algo». La independencia ontológica del poema es lo que lo convierte en un objeto irremediablemente político, hable de lo que hable; y, conjuntamente, la socialidad de todo poema es lo que convierte al escritor tanto en un mediador entre el lenguaje y la vida, como en un fabricante de armas de combate para ese conflicto cotidiano y silente que parte y reparte y se oculta detrás de todas las cosas, eso que Marx tendió a llamar «lucha de clases» y que Roger Trinquier llamó «la guerra moderna».
Es en este sentido que, para Oppen, comprendemos el mundo y lo hablamos utilizando el lenguaje del enemigo y nos es preciso impugnar la dirección natural de las palabras, apelando a su contenido polémico, acudiendo a lo que hay de pólemos (Πόλεμος) en ellas, para hablar y escribir y, en la medida de lo posible, decir algo.
«Es factible Usar Palabras recibidas uno las trata Como enemigos. No enemigos— Fantasmas Que han enloquecido En los vagones del metro Y claro en instituciones Y financieras. Si uno las atrapa Una por una y procede Con cuidado se recuperan Espero para significar Y dar sentido».
Para Oppen, las palabras son objetos extraños y peligrosos, con un temperamento volátil e inclemente y, además, son la herramienta de trabajo del escritor. Dice Oppen: «Quien no trabaje no comerá, pero quien trabaje dará a luz a su propio padre».
De ahí que sus poemas se construyen y escribir se impone, para él, como un oficio que requiere de obstinación y perseverancia. La única forma de escribir, dice Oppen, es tratando a las palabras como si fuesen verdaderas enemigas inconfesables.
«Soy el padre sin patria Y puedo mentir. Siempre que la deshonestidad Sea la mejor política. Y siempre que Uno no tenga miedo De mentir».
Oppen persigue el efecto, pero lo hace construyendo poemas en los que cada verso es un músculo. En sus palabras: «siempre he tenido la sensación de que la estructura de las oraciones encapsula a las palabras pequeñas. Allí es donde se encuentra el misterio, en las palabras pequeñas».
En 1968, Oppen pública Of being numerous (De ser numerosos), un poema dividido en cuarenta secciones y que es, probablemente, el mejor intento «objetivista» de afluir a una síntesis entre compromiso poético y político. El poema puede leerse como el culmen de las preocupaciones escriturales de Oppen: no sólo la búsqueda obsesiva de claridad, sino la claridad al servicio de las inquietudes filosófico–políticas de una época. Se trata de una búsqueda poética por tomarle el pulso a la realidad, que se sirve de las palabras —viejas enemigas— para rastrear y expresar lo que no se dice y que sin embargo está ahí, latente, el síntoma, que en este caso podríamos resumirlo en pocas palabras como: la potencia política de la multitud.
«Obsesionados, enloquecidos Por el naufragio De lo singular Hemos escogido el significado De ser numerosos.»
El problema, para Oppen, es el espesor del lenguaje, la impiedad de las palabras, que nos llevan de equívoco en equívoco y, la más de las veces, no aciertan el tono de la experiencia, dejándonos un sabor fallido en la boca. De ahí que apunte a articular algo de su presente, manifestando imágenes directas, despojadas de toda afectividad o sentimentalismo, con el único propósito de ser tan verdaderas como se pueda:
«El obrero en la viga Aprendió a no mirar al suelo, y a hacer su trabajo Y hay palabras que aprendimos A no mirar, A no mirar sustancia Debajo de ellas. Pero estamos al borde Del vértigo. Hay palabras que significan nada Pero hay algo que decir.»
Matías Ezequiel Wendt (Puerto Rico, Misiones, Argentina, 1994). Escritor, docente e investigador, actualmente viviendo en Leipzig. Autor de novelas cortas, cuentos, poesías, guiones, notas de lectura, ensayos y artículos de investigación. Tiene diversas publicaciones en revistas digitales y periódicos, como Neaconatus, Tierra Roja, Urbe, Carcaj, Casapaís, Letralia, Adynata, El Territorio, Pesos, Desbandada, etc.
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Masa crítica es el podcast en el que hablamos con las figuras más importantes de cultura y medios. Las mejores historias detrás de la gente que leemos, escuchamos y vemos.
En este nuevo episodio, charlamos con Juan Villoro, escritor y periodista mexicano, quien es además miembro de El Colegio Nacional y actual columnista de Reforma. Su amplia carrera incluye novela, cuento, ensayo, teatro y literatura juvenil. Ha ganado, entre otros, el Premio Herralde por su novela El testigo, el Premio a la Excelencia Periodística de la Fundación Gabo y, recientemente, el Premio Internacional Carlos Fuentes 2026.
La conversación se centra, principalmente, en el devenir del ensayo y la crónica. A nuestras preguntas, Villoro responde con la experiencia que respalda su trayectoria, profundizando con ella en el papel del escritor. También nos devela un gran misterio para algunos escépticos dentro de Perpetuo: ¿por qué el Necaxa?
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Inferencia es el podcast con las mejores conversaciones sobre inteligencia artificial, negocios y políticas públicas; conversaciones en serio con quienes están construyendo el cambio tecnológico. Conducido por José Antonio Murillo, de Primero AI, y José Luis Sabau, director general de Perpetuo.
En esta ocasión, al dueto acompaña Víctor Cárdenas, cofundador y CEO de Slash, plataforma de banca para negocios que alacanzó recientemente el estatus de unicorno con una Serie C de 100 millones de dólares y una valuación de 1,400 millones, con un total de 160 millones levantados. Hoy atiende a más de 10,000 empresas y permite facturar, pagar cuentas, controlar tarjetas y ver el gasto en tiempo real desde un solo lugar.
Hablaron de cómo Slash le han dado batalla a la banca tradicional haciendo dos cosas: dando mejores retornos y agregando herramientas que, usualmente, consideramos como parte de ERPs como hacer facturas de compras. Además de crear un agente, Twin, que puede manejar tu cuenta directamente. Todo para entender cómo se verán los bancos en 2050
Puedes escuchar sus reflexiones en Spotify:
O en YouTube:
La semana pasada celebramos un año de Perpetuo, lo cual conllevó pensar en retrospectiva. Más de 600 textos suma nuestra biblioteca; tantos son, que pensar en «el mejor» pasa de inmediato a lo plural.
No sin subjetivismos, seleccionamos una muestra de cuentos, poesía, ensayos y crónicas para dar una probadita de lo que ha sido esta aventura —que, nos disculparán el cliché, apenas comienza—. Pueden encontrarlos en este enlace.
Un breve video acompañará sus lecturas; se los dejamos de antesala.
La poesía ha de renovarse todos los días; no debe sentirse uniforme. En Perpetuo queremos publicar aquellos poemas que representen la heterogeneidad de nuestro tiempo.
Así mismo, pensamos que son pocos los concursos literarios en español. Menos aún los que dan premios: queremos remediarlo.
Por eso, nos complace anunciar el II Concurso Internacional de Poesía Perpetuo.
Vamos a dar 500 USD al primer lugar.
Les dejamos la información.
¿Cómo participar?
Tienes que hacer tres cosas.
Suscríbete a Perpetuo (puede ser la suscripción gratuita, no pasa nada). Hazlo con este botón:
Lee los términos y condiciones al final de este post.
Pulsa en este botón para enviar tu poema:
Preguntas frecuentes
P: ¿Hay algún formato en el que deba entregar mi poema?
R: Todos los poemas deben enviarse en formato Word. No tenemos ninguna otra regla de formato, como tipografía o tamaño de letra.
P: ¿Hay algún tema que deba cubrir el poema?
R: No, es un concurso de tema libre. Puedes escribir una copla sobre el cambio climático o un poemínimo sobre el auge de los westerns, por dar un par de ejemplos.
P: ¿Puede aplicar quien sea y de donde sea?
R: ¡Por supuesto! Hasta la pregunta ofende. Aunque tenemos base en México, Perpetuo es una revista internacional y por tanto también lo son sus concursos.
P: ¿Puedo participar si he participado en otros concursos de Perpetuo?
Sí, con gusto. Nos hace harto felices ver que repitan.
Términos y condiciones
1. Para poder participar, debes estar suscrito a Perpetuo en perpetuo.global en cualquier tipo de membresía, sea gratuita o pagada:
2. Al participar en el concurso organizado por la revista Perpetuo (en adelante, «el Organizador»), el concursante (en adelante, «el Participante») acepta los términos y condiciones establecidos en estas bases, así como la presente Liberación de Responsabilidad
3. Podrán participar todos los escritores mayores de edad de cualquier país de origen. Se limita la participación a un poema por autor.
4. Solo se aceptan poemas escritos en español. Los poemas no podrán haber sido publicados previamente en otro medio, sea físico o digital. El poema debe ser de la autoría exclusiva del escritor, sin ayuda de inteligencia artificial u otros autores.
5. Se aceptan poemas de cualquier género y categoría.
6. Para participar, los concursantes deberán llenar el siguiente formulario, cumpliendo con todos los campos indicados; accede aquí:
7. Los concursantes autorizan a Perpetuo de leer sus obras y acceder a la información mencionada en el cuestionario.
8. Se dará un premio y dos menciones honoríficas. El primer lugar equivale a 500 dólares estadounidenses, además de la publicación en Perpetuo. Las dos menciones honoríficas serán publicadas en Perpetuo, sin premio monetario, acompañando a la obra ganadora en nuestra sección de estelares.
9. El jurado evaluará las obras con base en su originalidad, uso de la lengua española, manejo de figuras literarias y valor estético de la escritura, deliberando en grupo hasta obtener a los ganadores. Cada juez podrá nominar a tres obras para su consideración con base en sus puntuaciones. De coincidir una obra como la favorita de los jueces, se declarará ganadora automáticamente. De otra manera, los jueces deliberarán hasta determinar las obras de mayor mérito para otorgar el primer lugar, así como de las menciones honoríficas.
10. La recepción de poemas será entre las 9:00 am el día 1 de octubre del 2026 y las 11:59 pm hora Ciudad de México (CST) del día 30 de noviembre de 2026. El jurado deliberará entre el 17 y 18 de diciembre de 2026. Los ganadores serán notificados por correo electrónico a más tardar el día 18 de diciembre de 2026 y serán anunciados públicamente el lunes 21 de diciembre de 2026. No se notificará a los concursantes cuyos poemas no sean seleccionados como ganadores.
11. El participante otorga al organizador una licencia gratuita, irrevocable, no exclusiva, mundial y por tiempo indefinido, para utilizar, reproducir, distribuir, comunicar públicamente, transformar y/o poner a disposición su obra, en cualquier medio, formato o plataforma, existentes o que puedan desarrollarse en el futuro.
12. El Organizador no se hace responsable por:
Pérdida, robo o alteración de los archivos enviados.
Problemas técnicos que impidan la recepción de las obras.
Cualquier disputa que pueda surgir entre el Participante y terceros respecto a la autoría o contenido de la obra.
13. El Participante declara que la obra enviada es de su autoría y que no infringe derechos de terceros. En caso de cualquier reclamación de derechos de autor o plagio, el Participante asume la total responsabilidad, exonerando al Organizador de cualquier conflicto legal.
14. El Organizador se reserva el derecho de publicar, difundir y promocionar las obras ganadoras y finalistas en sus plataformas digitales, redes sociales y otros medios, sin que esto implique un pago o cesión exclusiva de derechos. El Participante conserva los derechos sobre su obra y podrá publicarla en otros medios sin restricción.
15. El Organizador se reserva el derecho de modificar las bases del concurso, ampliar plazos o cancelar el certamen en caso de circunstancias imprevistas, notificando a los Participantes en sus canales oficiales.
16. Al enviar su obra, el Participante acepta íntegramente estos términos y condiciones, declarando que ha leído y entendido sus términos.
17. El jurado constará de tres autores de Perpetuo. El jurado deliberará sobre los cuentos y se reserva el derecho a declarar la campaña vacía si ningún poema cumple con sus expectativas.
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Mariana Ramírez de Pascual (Ciudad de México, 1993) es diseñadora industrial de profesión convertida en ilustradora. Se especializa en el ramo infantil y editorial con la creación de personajes cariñosos, pero llenos de humor. Se inspira en la naturaleza, los animales, la fantasía y la vida cotidiana para desarrollar proyectos de libros ilustrados, diseño gráfico y producto. Actualmente se encuentra incursionando en la novela gráfica infantil.



























