
El creativo es nuestra newsletter de escritura literaria y cultura. Cada semana publicamos un cuento y un poema acompañados de un par de comodines (entrevistas, recomendaciones, ensayos y más). Para recibirla en tu correo, suscríbete a Perpetuo:
Esta semana:
Darío Vadaudela escribe desde la remota América rusa una historia de presuntuosos deseos.
Rosario Rutilo contempla en sus versos el ocaso de un mundo.
El equipo editorial comparte sus reseñas mensuales de libros.
Escucha nuestros podcast: Perpetuidades, una reflexión acerca del racismo en México con Claudia Bravet; Inferencia, una charla con Manola Zabalza sobre el talento científico mexicano.
Convocatoria abierta de Perpetuo para su II Concurso Internacional de Poesía.
Próximamente…
¿Estás en la Ciudad de México? No te pierdas el inicio del nuevo ciclo de Angular, nuestro club de cine, este jueves 15 de octubre a las 20:00 en Odisea Cine Café:
El conteo marca con precisión: hemos llegado a El creativo Vol. XIII.
Trece. Un número supersticioso y enamorado del viernes, cuando no del martes. Juzgar su péndulo amoroso nos compete menos que las creencias que de él se tienen, si bien preferimos su romance viernesino; el martes nos da mala espina. Al final, que el corazón decida su propia fortuna: ¿qué si llega un lunes, un sábado o un jueves; qué si con un cuento o un poema, un concurso, una charla o alguna recomendación de lecturas? Responder parece pretencioso; mejor abramos paso a las flechas de Cupido.
El cuento de Darío Vadaudela nos remonta a una época y clima lejanos, cuando la América rusa comercializaba la extinción de las nutrias y un sombrero de su valiosa piel era razón suficiente para jugarse la vida. Es así, pues, cuando la moda secuestra al corazón iluso.
Rosario Rutilo contempla, escucha u olfatea; su acción, quizá las tres cosas, son tan inciertas como el paraje que le rodea. El poema siente, eso sí; encontramos un dejo de melancolía en sus versos.
El equipo de Perpetuo hace una selección minuciosa para su carcaj literario de octubre. Las flechas vienen cargadas de crónica, ensayo, novela y poesía.
La conversación con Claudia Bravet retoma el tema del racismo en México como un problema disfrazado de afabilidad. En paralelo, Manola Zabalza platica acerca de la biotecnología como apuesta natural para la Ciudad de México y del talento científico que el país genera. Tocará preguntarnos por ambas cosas sin mezclarlas demasiado.
Finalmente, un recordatorio para aquellos enamorados de las palabras: se mantiene abierta la convocatoria para el II Concurso Internacional de Poesía Perpetuo. Afortunadamente, no hace falta la intervención de una flecha…

El sombrero de nutria

Aquella noche de febrero de 1844 fue despiadadamente fría en el norte del archipiélago Alexander. Los copos de nieve caían, aunque en talla reducida, como misiles implacables, siguiendo los gélidos caprichos de los vendavales de invierno. Afortunadamente, los pobladores del asentamiento de Nuevo Arcángel estaban equipados para tan severas condiciones. Entre ellos, el que era tal vez el varón más apuesto de la América rusa, un gran comerciante y cazador aventurero, Gregorio Ivánovich, descansaba en su cómoda cabaña, sentado frente a una chimenea cuyo fuego se reflejaba en el cobre de su samovar y llenaba el espacio de un color ámbar que iba bien con las eventuales humaradas que salían de su boca cuando alejaba de ésta su pipa.
Bien acomodado en uno de los dos sillones de la sala y bien acompañado por su leal compañero, un perro borzoi llamado Alexéi, se llevaba de vez en cuando a los labios una taza de porcelana con flores violáceas que contenía dos tercios de agua caliente y uno de zavarka. Los ingredientes le eran provistos por su amigo y brazo derecho: Serguéi Serguéievich, un criollo nacido en Tyonek, de padre ruso y madre de la tribu sitka, que heredó de aquél sus tratos con los mercaderes de té de Kiajta.
El joven frente a las llamas, que había tomado la ventaja frente a los promyshlenniki de la zona, escribía afectuosas cartas a su familia y amigos en San Petersburgo, llenas de sus hazañas y aventuras. Hombre de impulsos, aprendió el arte de la caza regional gracias a sus buenos tratos con los indios; se podía dar el lujo de descansar por premeditados periodos de su oficio, tal y como se encontraba haciendo, dejándole el trabajo a sus hombres que componían un eficiente contingente de eslavos impasibles, mestizos alegres e indios variopintos, todos y cada uno con un rol específico en la tarea de aprovisionarse de pieles.
La mañana y el mediodía —sabiendo todos de la tormenta que se avecinaba— los había pasado intercambiando propósitos con diferentes vecinos del lugar, poniendo en orden sus diferentes asuntos mercantiles. Mientras, su peculiar borzoi echaba una sempiterna siesta sobre los rombos blancos de la alfombra color vino tinto a sus pies.
Nada sabían él o su fiel canino de la feroz batalla que se había librado en torno a él a escasos treinta minutos de su morada.
Del otro lado de la población, al interior de una pequeña y descuidada casa familiar, María Vasílievna, hija de un no tan prolífico traficante de opio nativo de Moscú, y Sofía Mijáilova, hermana de Antón Mijáilovich, un zoófilo en fuga buscado eufóricamente por las autoridades rusas, se habían declarado un duelo a muerte. La ganadora se haría de la posesión de la que, según ellas, era la prenda más bella sobre la cual sus miradas se habían posado: un exquisito sombrero de piel de nutria, la más fina del mundo. La merecedora de tan valioso objeto, convencida de la gran fascinación que causaría en Gregorio Ivánovich, se lo presentaría como obsequio y éste, sin lugar a duda, no tendría más opción que quedar locamente enamorado de la radiante doncella.
Gritos, cabellos arrancados, pellejos sueltos, uñas rotas, un tanto de sangre y una muchacha muerta fueron el saldo de una desquiciada batalla femenina en la que Sofía Mijáilova se alzó victoriosa. Su desdichada contrincante yacía inerte en el suelo después de haber sido estrangulada por unas manos que sabían bien lo que era dar descanso eterno a los pobres animales de patio de su familia.
Después de haber consumado el asesinato, jadeando profundamente por su labor y temblando por la pesadez del acto, cogió de entre los cajones de la difunta una llave robada a Gregorio Ivánovich, que durante mucho tiempo fue la más preciada posesión de ambas, pues abría la entrada del hogar del amado. Tomó el sombrero, dio unos cuantos pasos y, sin pensarlo, le abrió la puerta de la casa a un golpe glacial que se precipitó en la morada sin pedir permiso y excitó vivamente el algor mortis que apenas comenzaba a envolver el cuerpo en el piso. No fue hasta días después que el cadáver fue hallado por su padre, que llevaba una temporada en el fondo de una botella.
La vencedora del duelo, en su frenesí sin remedio, caminó durante media hora contra un viento helado que le calaba hasta el tuétano, abriéndose paso entre la profunda capa de nieve que cubría el suelo de la congelada isla Baranof. Durante el camino, pasaron por su imaginación todo tipo de escenarios en los que su amado se postraba a sus pies por el suntuoso presente y notaba a la luz del fuego la belleza que irradiaba su blanca faz. No podía evitar mirar aquel preciosísimo sombrero y estrujarlo contra su pecho pensando en su gran futuro como una dama de la alta sociedad petersburguesa: los vestidos, las joyas, los valses, las magníficas casonas, el estatus social. Todo esto desfilaba por su cabeza mientras que tan sólo tenía a una que otra criatura nocturna como testigo circunstancial, pues todos los lugareños descansaban tranquilamente y no podían concebir que alguien estuviera afuera bajo semejantes condiciones.
Aún frente al fuego, Gregorio Ivánovich se disponía a irse a la cama; escribía las últimas palabras de una breve misiva, con Serguéi Serguéievich como destinatario, en la que le hacía saber las predisposiciones a seguir en los días venideros. Contemplaba la idea de retirarse de un negocio al que, si bien le había proporcionado grandes satisfacciones, no le veía un gran futuro. Pensaba en pasar unas temporadas más en aquel lugar, sacarle el más grande provecho posible al comercio y despedir de buena manera a sus hombres. Dejarle todo a Serguéi Serguéievich le parecía la elección natural.
Sus pensamientos se detuvieron de súbito y retiró la pluma del papel al oír la llegada de una inesperada visita. Quedó aterrado al avistar, en medio de la cabaña, la figura de una mujer harapienta, despeinada y ensangrentada que lo observaba con ojos de una fascinación ocasionada por la más grande inocencia o demencia. Retomando a duras penas sus cabales e irritado por la interrupción, preguntó:
—¿Y quién demonios es usted?
—Amor mío, oh amor mío. Vaya que le enseñas a brillar y dar calor a las abrasadoras llamas. Contigo el frío jamás ha de alcanzar mi corazón —dijo la pobre mujer, a la que le hacía falta un zapato.
Frunciendo el ceño como quien quiere ver mejor y queriendo dar sentido a lo que se desarrollaba frente a sus ojos, Gregorio Ivánovich pareció captar algo e interrogó:
—Espere un momento, ¿no fue usted quien robó a mi gato, Piotr, en octubre pasado? ¡Ja! —exclamó Gregorio Ivánovich con desprecio—. Y todavía tiene la desfachatez de introducirse en mi hogar, sinvergüenza.
Con los ojos aún fijos en él, llevándose las manos al violentado pecho y con una sonrisita típica de las personas que carecen de la plenitud de sus capacidades mentales, la muchacha continuó:
—Mi corazón se llena de alegría al oír tu cálida voz, mi príncipe —dejó salir por la boca una nerviosa exhalación—. Te he traído un obsequio.
Sofía Mijáilova sujetó delante de sí el sombrero más horrendo y mal hecho jamás visto en todo el imperio, probablemente elaborado por una banda de borrachos a manera de broma con la piel de un perro muerto de frío. Gregorio permaneció sin saber qué replicar. Al mismo tiempo, la damisela perdía el conocimiento, cayendo de bruces y sin vida al suelo por causa de su travesía nocturna e invernal, y se aporreó secamente contra el piso de madera. El muchacho permaneció inmóvil y boquiabierto, con las manos en la cabeza y sin saber cómo proceder, aterrorizado, mientras que Alexéi, al que todo el suceso le había parecido de lo más normal, ya se había hecho a la idea de su nueva compañera y se fue a acostar a su lado.
He aquí lo acontecido esa noche terrible y tenebrosa en lo más remoto del vasto imperio, donde los personajes más extravagantes y los sucesos más insólitos se entrelazan en un sinfín de situaciones que hasta hoy día nos provocan fascinación por lo peculiar de sus pormenores y circunstancias… ¿Quién pudiera concebir semejantes actuares, tales juicios y resultados? Sólo aquellos que lo han vivido y nos lo hacen llegar a usted y a mí.
Es así, pues, lo que sucede en América. ¡Dios salve al Zar!

Darío Vadaudela (Tinum, Yucatán, 1998) nació durante un viaje diplomático de sus padres a Kanxoc, lejos de la Mérida de su familia. De pequeño, su nana le contaba historias en maya, que a día de hoy se encarga de recordar y poner por escrito. Sus bienes consisten en un perro malix y un triciclo.
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Ojos Sordos

Se duerme el sol en la montaña y se destiñe el pavimento. Se esconden las gaviotas tristes del viento marino que hiela. El árbol, el césped, la plaza se empañan mirando la luna. Por la rambla pasean marchitos ojos sordos oliendo a desvelo.

Rosario Rutilo (Buenos Aires, Argentina, 1991) es periodista, licenciada en Comunicación y magíster en Políticas Públicas. Escribe poemas y textos libres y explora lo cotidiano con una voz espontánea, fresca y sensible. Reside en Australia desde hace ocho años.
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Los libros que leer (octubre, 2026)
Bolaño decía que los libros son cromos coleccionables. Hay algunos que nunca se leen y acumulan polvo en las estanterías de nuestras casas. En Perpetuo queremos quitar esa mala costumbre —de la tendencia al polvo, no la de nuestra predilección por Bolaño— y hemos dado un paso adelante en ello tras sumergirnos en la búsqueda de historias que avivar, estirando sus piernas para hacer que corran de la mano de ustedes, sus próximos lectores.
Esta nueva edición recopila textos de caras variopintas: ensayos, crónicas, poesía, novelas. En fin, lecturas que perduran más allá del adorno.
Sin más, les dejamos escoger su(s) cromo(s) favorito(s).
Si eres autor o tienes una editorial, ¡envíanos tus libros! Aquí los leemos, seleccionamos y reseñamos.

Crónica
Palmeras de la brisa rápida — Juan Villoro

Nos han malacostumbrado a que las historias de aventura deben ser en lugares recónditos, con muchas horas de viaje para el cuerpo; escalas, cambios de transporte, siestas en banquetas. Villoro no se va muy lejos: vuela de la Ciudad de México —entonces DF— a Yucatán, donde encuentra objetos de observación para sus ricas descripciones. Encabalgado en un viejo vocho, recorre el estado peninsular mexicano en una atmósfera de finales de los ochenta; en cada parada, el cronista narra lo que sus ojos escuchan en boca ajena y que enriquece al pensamiento propio. Revisita lugares visitados con anterioridad en relatos de su madre y de su abuela, yucatecas ellas, lo que le da un tono de viaje a los orígenes de su familia. Palmeras de la brisa rápida es un llamado a la curiosidad, a caminar con extrañeza los contextos cercanos, sean conocidos o estén por conocerse.
Psicopombos — Amelié Nothomb (traducción de Sergi Pàmies)

Para Nothomb, la biografía es algo más grande que una concatenación de hechos. Que tenga mayor ambición no implica que sea totalitaria en ambición. Estas, sus memorias, son mejor entendidas como el libro de una obsesión que hilvana los días de su vida. Su tema central, en realidad, son las aves y cómo de una fascinación infantil se convierten en una guía hacia el final de la vida —que, al escribirlo, no hay más que percatarse del hechizo que genera Nothomb para que una idea tan abigarrada suene coherente—. Lo atrevido no es la vida de la autora; más bien, es este cambio en la tradición biográfica: pensar en la vida como una unión que generamos por los temas que nos interesan. Imposible ver los pájaros de la misma manera al terminar. El lector sale con ganas de encontrar la metáfora propia para su vida.
Redada en una fiesta hippie — Rafael Cabrera

Redada en una fiesta hippie es una crónica, ante todo, entretenida. No reveladora, no particularmente profunda, pero sí una lectura de esas que te dejan picado página a página. Cabrera, quien se plasma como un férreo defensor de la mota, la libertad y la juventud inconforme, explora un suceso que hasta este libro sólo había sido superficialmente narrado: la redada en una casona de Las Lomas en la madrugada del 12 de febrero de 1971. El libro sirve como manual de lo que el periodista medianamente decente no debe hacer: caer en el amarillismo con fines lucrativos, irse con la versión oficial sin cuestionar y revictimizar a los implicados. La clase de ética periodística hace todo el sentido; Cabrera, además de autor, es profesor universitario. El único problema es con quien sea que haya realizado el trabajo de edición. En más de una ocasión, se repetían reflexiones y contexto previamente establecido. Faltaron unos cuantos recortes por ahí.
Ensayo
Antonin Artaud Obras selectas I — Antonin Artaud

Leer las obras de Artaud es, genuinamente, asomarse a la conciencia de un artista que parece estar «atravesado por el infinito» según la fórmula Michel Camus. La presente edición, fruto de la colaboración de Sexto Piso con la Universidad Autónoma Metropolitana, no se detiene en antologar; restituye, tanto la amplitud de una obra que resiste fácil clasificación, como el espíritu y la intensidad de una búsqueda artística que nunca supo apaciguarse. Acompañada por los escritos de Camus, Yébenes, Aurouet y Milán, la colección nos pone frente a pedazos enteros de su obra: la cáustica correspondencia, textos célebres como El teatro y su doble; y hasta sus cinetextos, acaso lo más interesante, donde se lee la obsesión del artista con ese medio en el que creyó, por un momento, capaz de traducir los sueños.
Del miedo y los extranjeros — George Makari (traducción de Ricardo García Pérez)

A veces nuestra historia parte de una palabra; en el caso de George Makari, esa es «xenofobia». Él, hijo de migrantes, se pregunta por los orígenes del término: ¿qué provoca la ruptura en el trato que el anfitrión da al viajero? ¿En qué momento el «extraño» comienza a ser el «enemigo»? ¿Es nuestro vecino un intruso? Su repaso histórico, filosófico y psicológico, lleno de revelaciones, es sagaz al momento de responder a estas y otras muchas cuestiones que explican el comportamiento de las sociedades modernas y sumamente polarizadas. El autor se remonta a la antigua Grecia, de donde nacen las raíces xénos y phóbos, mas no la xenofobia, y su recorrido va desde la conquista española de América hasta el Holocausto. Del miedo y los extranjeros, traducido al español por Ricardo García Pérez en esta edición de Sexto Piso y la Universidad Iberoamericana Puebla, es un llamado a comprender lo que está sucediendo actualmente en distintas partes del mundo; la mirada de Makari busca abarcar la historia personal desde un ángulo plural, consciente de que la xenofobia es un problema que hay que enfrentar de manera sistemática y desde varios frentes, dadas sus múltiples causas. Como bien concluye Makari, entenderla es un ejercicio de memoria; ergo, un ejercicio de responsabilidad.
Novela
Alicia nunca miente — Jorge F. Hernández

Jorge F. Hernández es un maestro del humor y la ficción que aquí empuña sus dos armas para luchar contra la crisis de nuestros tiempos, la de la simulación y la posverdad. Hace también Hernández un despliegue prodigioso de su conocimiento de la cultura popular, de leyendas urbanas, de anécdotas simuladas y amplificadas y del mundo de la publicidad. Así logra convencernos, ingeniosamente, de que todo o casi todo está sostenido por una mentira. Pero la novela de Hernández, desde su estructura, sus cambios de voz, sus listas y viñetas, parece redimir también, frente a los mentirosos, a los exagerados; frente a los embusteros, a los cuenteros; frente a la afirmación mentirosa, a la ficción honesta.
Cartografía de los dinosaurios — Vicente Alessandri Basaure

Cartografía de los dinosaurios es un juego. Uno en el que todos participan: lector, narrador, personajes. Es un juego, sí; lo es para adultos y niños; lo es en sus ires y venires temporales, en cada una de sus repeticiones; en sus balbuceos que el autor convierte en palabras que, al juntarlas, conforman algo hermoso. La inocencia infantil provoca tensiones en esta novela en la que cada pregunta tiene su trama, siempre alrededor de la vida fantástica del juego de los dinosaurios: esos que nacerán de las piedras que los niños siembran en el parque. Es, también, una historia de reencuentro: el de un padre que se perdió y una hija que lo esperó. Vicente Alessandri Basaure logra en esta novela —tal como señala la sinopsis en la contraportada de la edición del Fondo de Cultura Económica— algo dulce y brutal.
La biblia vaquera — Carlo Velázquez

Es sorprendente cuán confusa es esta novela de Velázquez —reeditada a casi veinte años después por Océano en un compendio de las obras del autor—; más aún, cuán fácil es de leer. La prosa de Velázquez te engaña. Toma un lenguaje sencillo para guiarte por absurdos que, al terminar cada sección, te hacen pausar y preguntar: «Bueno, ¿qué carajos acabo de leer?». Esa ha de ser la mejor definición de la Biblia Vaquera: una serie de historias que, en su ambigüedad, se prestan a la interpretación. Por algo, La Biblia Vaquera es, en iguales partes, la motivación de un luchador, un campeón de la tragadera y una mujer obsesionada con el deporte de depilar vellos púbicos. Y no, ninguna de esas frases es inventada; todas son parte de la narrativa del libro. El lector se queda entonces preguntándose el vínculo entre ellas —y evadiendo la tentación de decirse «son solo historias del norte»—. Impresionante cuán sencilla de leer es esta complicación narrativa. Vale la pena adentrarse para probar que, al menos en el norte, México sí que jugó al posmodernismo.
La mano que cura — Lina María Parra Ochoa

Una novela que le cae como anillo al dedo a esa generación que creció leyendo de magia con Harry Potter como referente. Los paralelismos están ahí: la niña de once años que descubre sus poderes; la guía de una mentora, Ana Gregoria, a la que poco le preocupa poner a su joven estudiante en riesgo; y hasta la presencia de una figura canina oscura que sigue a la protagonista. En este caso no es un animago, sino Babalú, un ser espiritual. Lo que hace la lectura disfrutable —y un tanto desconcertante— es que aparecen tantos símbolos de lo que folklóricamente entendemos como parte de la brujería o chamanería: leche de media noche, limpias, amuletos, círculos de sal, sacrificios de gatos negros; estos elementos disuaden la línea entre lo ficticio y lo documental. Pasando la página, inevitablemente nos preguntamos si, como Lina, contamos con «los poderes» y simplemente no los hemos canalizado. A través del misticismo en Colombia, explora los planos de nuestra existencia: la vida y la muerte. Para algunos, estos planos llegan a tener puntos de encuentro —a través de espiritistas o apariciones—, pero son espacios distintos. La novela nos lleva de la mano a aceptarlo y a ver a la muerte como fuente de aprendizaje. En ocasiones, como la única cura.
Lázar — Nelio Biedermann (traducción de Alberto Gordo Moral)

Biedermann escribió el borrador de una gran novela. Lamentablemente, se queda en la teoría sin llegar a materializar la épica familiar. Su revuelo en Europa se puede entender dado a la inusual combinación de talento literario —un par de oraciones, genuinamente, merecen su sitio en los anales de la literatura— con la escasa edad de Biedermann. Pero el genio de sus oraciones no se traduce al de su estructura. La novela se pierde entre la ambición de una historia intergeneracional y el detalle histórico que entra con minucia relativa pero insuficiente. Biedermann parece saber lo que se requiere para contar una gran historia pero, como aquel que se encuentra ante un gran paisaje, se ve perdido por sus detalles infinitos. En un esfuerzo por hacerlo todo, termina perdiéndose. Lázar tiene un par de oraciones que se sienten como poesía, pero no es un poemario; tiene personajes que, asumes, llegarán a proporciones épicas, pero no lo hacen; y una trama histórica que supera la narrativa una y otra vez. La historia de Lázár se pierde, pero da, en momentos contados, la impresión de volver por el buen camino. Le auguran cosas buenas a Biedermann; le vendría bien leer a García Márquez.
Poesía
Bruma — Cielo Uscanga

Uscanga demuestra que el poemario puede ser más que una recolección de versos. Varios de los poemas que aparecen en Bruma llegaron a Perpetuo en borrador; publicamos, entre ellos, el que se titula «Machín» hace ya meses en una edición de El creativo. Al leerlo ahora, con otros poemas suyos, deja de ser un testimonio personal. Se lee, en conjunción con «Ana», como una oda al pasado; también, al emparejarlo con «Patria», como un testimonio de los vicios de México como país. Todo mientras, a su vez, opera como un apunte de la vida de Uscanga pasando de México a Estados Unidos, de historiadora a poeta, de licenciada a académica. Su poemario es una obra de la yuxtaposición; cada poema es una bruma que se pone sobre el poema siguiente y cambia su interpretación. Quizá es leer de más, pero es una lectura esperanzadora. Hace creer que los poemarios pueden ser más que una colección de versos escritos en tiempos dispares: son, mejor dicho, una conversación entre partes distintas de una misma vida.
La mata — Eliana Hernández

Lo de Hernández es una nueva frontera poética. Su sujeto es el problema perenne de Colombia: la violencia. Su método, es el de la verdad que baila con el verso. Usando los testimonios de víctimas en uno de los tantos ataques contra grupos guerrilleros, logra contar en poema lo que pertenecía solo a informes de la verdad. Evolucionan los versos; pasan de la experiencia individual a la mirada colectiva y al esfuerzo de mantener la historia de los hechos. Sirve de testimonio a la ambición del español en el siglo XXI. Si los rusos contaron el Eugene Onegin en verso, Hernández se atreve a contar la reciente historia de Colombia con el mismo método. Deberían haber poemas como el de Hernández para el problema del narcotráfico en México, la debacle político de Venezuela o los conflictos agrarios en la amazonía. Que este sea el primero de una tradición que, por falta de mejores palabras, habrá que llamar la épica del siglo XXI.
Poesía reunida — Esther Seligson

La poesía de Esther Seligson es de profunda búsqueda. En ella inventa su mapa, su lenguaje, su ritmo. Leer a Seligson es explorar las posibilidades del enunciado, de la vida a través de la palabra. Esta edición de Elefanta pone por primera vez juntas todas sus preocupaciones y hace de ese prisma de emociones que busca Seligson un solo universo creativo. Puesto así, parece de una enorme consistencia y profundidad, desde el intenso viaje sensorial en Diálogos con el Cuerpo (1981) a la alquimia del dolor que ensaya con Simiente (2004): «no basta con suicidarse». Entre estos dos poemarios hay varios tonos para Seligson, pero se unen por una metafísica que se desarrolla en cada salto de línea, en cada verso aspirado: «y sueña su andar inconcluso,/ travesea,/sin conciencia de su fuego arde».
Agradecemos a Anagrama, Océano, Planeta Libros, Sexto Piso, Concreto Editorial, Ediciones Níspero, Ediciones Piedra del Río y al Fondo de Cultura Económica por su amable contribución de libros que dan sentido a esta sección.

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Perpetuidades es el podcast en el que hablamos con los autores emergentes del español antes de que ganen el Premio Nobel de Literatura, y que han publicado en Perpetuo.
En un nuevo episodio, se une al plató Claudia Bravet, periodista cubana radicada en Ciudad de México. Un compañero de aula le definió la vida: «voz de tubo de escape y cuerpo de parabrisas». Su cantante preferido es El Choco.
La conversación se centra en su estelar para Perpetuo, Los Delirios y las Bestias, una crónica sobre lo que significa llegar a la CDMX siendo negra y cubana: las miradas en el tianguis, la señora que intenta fotografiarla en una combi y la sensación de ser, por primera vez, un cuerpo sobreobservado.
Puedes escuchar sus reflexiones en Spotify:
O en YouTube:


Inferencia es el podcast con las mejores conversaciones sobre inteligencia artificial, negocios y políticas públicas; conversaciones en serio con quienes están construyendo el cambio tecnológico. Conducido por José Antonio Murillo, de Primero AI, y José Luis Sabau, director general de Perpetuo.
Este nuevo episodio recibe a Manola Zabalza, secretaria de Desarrollo Económico de la CDMX, para hablar sobre la apuesta de la ciudad por las ciencias de la vida en plena era de la inteligencia artificial.
Entre los temas abarcados, figuran los motivos detrás de la «apuesta natural» de la Ciudad de México por la biotecnología. También se platicó sobre el talento científico que México forma (y que muchas veces pierde), de la estrategia del gobierno para buscar a investigadores mexicanos en el extranjero y traerlos de vuelta, y del papel que puede jugar México en las cadenas de suministro de medicamentos ahora que tanto depende de China.
Puedes escuchar sus reflexiones en Spotify:
O en YouTube:

La poesía ha de renovarse todos los días; no debe sentirse uniforme. En Perpetuo queremos publicar aquellos poemas que representen la heterogeneidad de nuestro tiempo.
Así mismo, pensamos que son pocos los concursos literarios en español. Menos aún los que dan premios: queremos remediarlo.
Por eso, nos complace anunciar el II Concurso Internacional de Poesía Perpetuo.
Vamos a dar 500 USD al primer lugar.
Les dejamos la información.

¿Cómo participar?
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Lee los términos y condiciones al final de este post.
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Preguntas frecuentes
P: ¿Hay algún formato en el que deba entregar mi poema?
R: Todos los poemas deben enviarse en formato Word. No tenemos ninguna otra regla de formato, como tipografía o tamaño de letra.
P: ¿Hay algún tema que deba cubrir el poema?
R: No, es un concurso de tema libre. Puedes escribir una copla sobre el cambio climático o un poemínimo sobre el auge de los westerns, por dar un par de ejemplos.
P: ¿Puede aplicar quien sea y de donde sea?
R: ¡Por supuesto! Hasta la pregunta ofende. Aunque tenemos base en México, Perpetuo es una revista internacional y por tanto también lo son sus concursos.
P: ¿Puedo participar si he participado en otros concursos de Perpetuo?
Sí, con gusto. Nos hace harto felices ver que repitan.
Términos y condiciones
1. Para poder participar, debes estar suscrito a Perpetuo en perpetuo.global en cualquier tipo de membresía, sea gratuita o pagada:
2. Al participar en el concurso organizado por la revista Perpetuo (en adelante, «el Organizador»), el concursante (en adelante, «el Participante») acepta los términos y condiciones establecidos en estas bases, así como la presente Liberación de Responsabilidad
3. Podrán participar todos los escritores mayores de edad de cualquier país de origen. Se limita la participación a un poema por autor.
4. Solo se aceptan poemas escritos en español. Los poemas no podrán haber sido publicados previamente en otro medio, sea físico o digital. El poema debe ser de la autoría exclusiva del escritor, sin ayuda de inteligencia artificial u otros autores.
5. Se aceptan poemas de cualquier género y categoría.
6. Para participar, los concursantes deberán llenar el siguiente formulario, cumpliendo con todos los campos indicados; accede aquí:
7. Los concursantes autorizan a Perpetuo de leer sus obras y acceder a la información mencionada en el cuestionario.
8. Se dará un premio y dos menciones honoríficas. El primer lugar equivale a 500 dólares estadounidenses, además de la publicación en Perpetuo. Las dos menciones honoríficas serán publicadas en Perpetuo, sin premio monetario, acompañando a la obra ganadora en nuestra sección de estelares.
9. El jurado evaluará las obras con base en su originalidad, uso de la lengua española, manejo de figuras literarias y valor estético de la escritura, deliberando en grupo hasta obtener a los ganadores. Cada juez podrá nominar a tres obras para su consideración con base en sus puntuaciones. De coincidir una obra como la favorita de los jueces, se declarará ganadora automáticamente. De otra manera, los jueces deliberarán hasta determinar las obras de mayor mérito para otorgar el primer lugar, así como de las menciones honoríficas.
10. La recepción de poemas será entre las 9:00 am el día 1 de octubre del 2026 y las 11:59 pm hora Ciudad de México (CST) del día 30 de noviembre de 2026. El jurado deliberará entre el 17 y 18 de diciembre de 2026. Los ganadores serán notificados por correo electrónico a más tardar el día 18 de diciembre de 2026 y serán anunciados públicamente el lunes 21 de diciembre de 2026. No se notificará a los concursantes cuyos poemas no sean seleccionados como ganadores.
11. El participante otorga al organizador una licencia gratuita, irrevocable, no exclusiva, mundial y por tiempo indefinido, para utilizar, reproducir, distribuir, comunicar públicamente, transformar y/o poner a disposición su obra, en cualquier medio, formato o plataforma, existentes o que puedan desarrollarse en el futuro.
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16. Al enviar su obra, el Participante acepta íntegramente estos términos y condiciones, declarando que ha leído y entendido sus términos.
17. El jurado constará de tres autores de Perpetuo. El jurado deliberará sobre los cuentos y se reserva el derecho a declarar la campaña vacía si ningún poema cumple con sus expectativas.
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Joaquín Carreño (Ciudad de México, México, 1997) es un artista chilango de obra diversa, irreverente, divertida, y critica. Dentro de su practica le ha dado vida a series pictóricas que hablan de universos paralelos de la cultura popular mexicana con retratos y escenarios familiares de personajes antropomorfos en la vida cotidiana, los oficios nacionales y convivencias con características profanas. En su pintura logra definir una línea editorial que va más allá de lo decorativo o chusco, y que se enfoca en lo profundo desde una estética agradable, figurativa y consciente. Las piezas de Carreño son una descripción somera de un México que se fundó en el Imperio Mexica, entre frascos de caguamas y constituciones maltrechas, adormilado por el sueño americano e interferido por la psicodelia de una cultura saturada y enriquecedora.






































