El creativo es nuestra newsletter de escritura literaria y cultura. Cada semana publicamos un cuento y un poema acompañados de un par de comodines (entrevistas, recomendaciones, ensayos y más). Para recibirla en tu correo, suscríbete a Perpetuo:
Esta semana:
Lautaro Malpassi hace del chiste un relato y del relato, una anécdota nacional
David Rubiano escribe un poema solar y desenamorado
El equipo editorial de Perpetuo presenta su selección mensual de lecturas
Escucha nuestros podcast: Masa crítica, una conversación con Zanny Minton Beddoes, editora en jefe de The Economist; Inferencia, sobre la capacidad y alineación de la IA con Santiago Hernández
Creativo Vol. VIII. Así es, ocho son las entregas de esta bestia de cuatro patas: las delanteras, una poema y otra cuento; y las de retaguardia, una reseñas librescas y otra una cartelera de charlas. Iniciemos por las primeras.
El cuento de Lautaro Malpassi ilustra con ironía el síntoma que le provoca su país. Su gran apremio es el remate; la estructura de la historia va en busca de la carcajada final. Queda preguntarse si es suficiente para tener noción del camino.
David Rubiano no se ríe mucho. Al menos no en este poema, relato de un amor luminoso que consumió todas sus llamas. Hay una combinación de ira y nostalgia en su voz: un desconocimiento del sol como único astro y la esperanza de que así sea.
El equipo editorial amplía su lista de recomendaciones literarias para el mes de agosto. Hay cuentos, crónicas, novelas, poemarios y alguna sorpresa entre ellos.
Cierra este conteo podológico una cartelera con dos programas y dos voces hablando de temas similares: por un lado, Zanny Minton Beddoes reflexiona sobre los retos tecnológicos y editoriales de una revista; por el otro, Santiago Hernández otorga una visión más completa de qué ha sido y qué viene para los nuevos modelos de IA.
Ahora sí, dejemos a la bestia ser.
Esta edición del creativo es presentada por Talleres de Bolsillo.
Talleres de Bolsillo es una plataforma que acerca a las voces más destacadas de la cultura en español con personas que quieren aprender de ellas.
Su ambición nos inspira: quieren que el español aspire a más, que en nuestro idioma se hable y se discuta todo —y cuando decimos todo, es todo: literatura, historia, periodismo, arte, psicología, ciencias, tecnología, medio ambiente, educación, espiritualidad, desarrollo personal y más—. Quieren expandir esta misión a todo el continente, con presencia en Chile, Argentina, Uruguay, Colombia, Perú y México.
Si tienes tiempo y ganas de aprender:
Ahora sí, vayamos al creativo.
Mi país es un colectivo
Un ómnibus enterito, con cubiertas gastadas de muchos años, pintado y decorado con un fileteado porteño que ya no se ve de tanta mugre, y dotado de un motor diésel de aquellos de antes que no conocen de tiempo ni vida útil, sólo vida.
Tras los vidrios, sordos ruidos de conversaciones se pierden entre el murmullo de la máquina que se mueve rápido, como un leviatán con la mirada desencajada. Viaja lleno. Algunos pasajeros van colgados por fuera, otros parados, otros sentados y otros, los menos, al fondo, recostados en sillones tapizados en cuero y alcántara roja, bordados en hilo color oro brillante. Estos asientos rara vez ocupan más que espacio.
Hoy es paro de transporte; el colectivo se mueve igual. A las corridas se sube un muchacho homogéneo de Buenos Aires con su maletín y su camisa negra de marca irreconocible. Rápidamente se paran seis personas y le pagan el boleto con sus tarjetas. Pagan el boleto seis veces en total y el muchacho pasa a sentarse en el medio del bus, no sin antes empujar y golpear a aquellas personas que le pagaron el boleto.
Minutos después, el bondi frena suavemente, paralelo al cordón, y se sube un señor de traje, bien vestido, con unos zapatos de charol impecables, y paga el boleto quince veces porque le gusta el ruido que hace la maquinita. Pasa al fondo.
El trayecto continúa y entra por la ventanilla un niño en harapos que había conseguido subirse al techo del ómnibus tras saltar del techo de una casa de chapa. El chofer, que hasta ahora no lo habíamos mencionado, es nada más ni nada menos que un muñeco despeinado ataviado con un chaleco de fuerza y sin licencia —porque ¿en qué jurisdicción le darían licencia profesional a un muñeco de trapo?—. Resulta que el muñeco está vivo, puede hablar, y le pide al niño que se baje pues no trae lo suficiente como para costearse el viaje. El pibe se baja. Da lo mismo, porque tampoco sabe a dónde ir.
Cada tanto pueden verse personas en sillas de ruedas esperando su parada. Todos tarjeta en mano. El colectivo no frena por ellos. Aminora la marcha eso sí, para que los de adentro puedan ver lo que podría llegar a pasarles alguna vez. Los del fondo se regocijan, sueltan escupitajos a diestra y siniestra entre carcajadas.
El colectivo se detiene de nuevo más adelante. Se sube el Tío Sam y se sienta en el asiento reservado para embarazadas. El chofer, que en su vida había sido más que un muñeco de trapo, se preguntaba a qué se debía ese gran honor. Luego de cinco minutos, junta coraje y pregunta: «¿A dónde va?», a lo que el Tío Sam contesta: «Hacia la libertad. Lléveme».
Feliz de haberle sido encomendada tamaña tarea, el chofer pone el pie en el acelerador y redirecciona hacia la libertad; había que llevarlo deprisa al señor, aunque realiza una última parada. A petición de los del fondo, el chofer detiene el colectivo, apaga el motor y abre las puertas para que se bajen. Antes de hacerlo, los pasajeros incendian sus cómodos asientos entre risas para que nadie más pueda usarlos de nuevo.
Reanudada la marcha, al interior es todo humo y cenizas. La gente empieza a toser, algunos se desmayan y otros rezan y agradecen por el humo que les habían legado pues hacía bien a la salud, ya ve cómo la gente fuma por lo mismo.
A 500 metros puede verse un muro, el final del recorrido: un muro de concreto en el que reza una palabra: «LIBERTAD». El chofer acelera, dispuesto a cumplir con la encomienda de un Tío Sam ausente, que sin mediar palabra alguna había abandonado el colectivo a lo último, con los del fondo. Esto no lo sabe el conductor; con él arriba, piensa, nada puede pasarles…
El impacto asustó a los vecinos. El chofer murió junto con la mayoría de pasajeros; el resto fueron fusilados por un soldado israelí. En lo que restaba del parabrisas le pusieron una multa por exceso de velocidad.
Lautaro Malpassi (Argentina) Vive en Estonia, donde trabaja de intérprete médico certificado. Estudió periodismo y lo dejó, porque eso de ser objetivo jamás se le dio. Sueña con traducir a Roberto Fontanarrosa a todos lo idiomas, incluido el estonio.
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Tiempos del sol
«Sale el sol, y se pone el sol,
y se apresura a volver al lugar de donde se levanta»
Eclesiastés 1:5
I. Tuya soy, para ti nací, sol de la mañana. Espero que cada destello me atraviese: sin reflejo, sin transparencia, sin artificio. Quiero que te hundas en la tierra para acariciar mis pies, que me abraces de verde los brazos, me maquilles café el rostro con un golpe y me bailes sobre la piel amarilla. Ya llegarán, desde las sombras, los girasoles arrastrándose a mi ventana. II. Ya puesta en tu palma, sol del cenit, atraviesas a voluntad lo oculto, ubicuo, ante mi alma ahora desnuda. No hay cielo que no poseas. Mientras me bañas de calor desde la coronilla, oscureces de luz mis ojos, con agujas caminas sobre mis brazos rojizos y sofocas vuelo y camino. Los frutos se secan sin sombra para esconderse. III. Fui tuya, sol quebrado. Atravesados ambos de luz y brasa somos ahora ceniza fértil. Recogerás tus sombras, sol, y yo armaré mi silueta con estrellas, regalaré mis palmas a la noche, y cerraré los ojos para verte. Ya moriste y otros soles volverán a tu lugar en mi ventana.
Edwin David Rubiano Pérez (Bogotá, Colombia) es profesional en Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha sido profesor de lectura y escritura para niños, jóvenes y adultos, y ha publicado en otros espacios, entre ellos, anteriormente, en Perpetuo.
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Los libros que leer (septiembre, 2026)
Pasa que entras a una librería y las recomendaciones ponen más atención a la venta del producto que a la calidad del mismo. Pasa que, en ocasiones, la sinopsis no es suficiente. Pasa que las portadas son hermosas, pero su contenido mediocre. Pasa que te das cuenta después de comprarlo. Igual y lo lees completo, o igual y no: lo abandonas a su suerte, quizá como un futuro regalo para alguien que no es tan tu amigo. Pasa que los libros están cada vez más caros; una mala inversión duele en la cartera y la punzada llega hasta el alma insatisfecha.
Por eso estamos aquí. Queremos guiarte para que lo que pasa, pase menos; o pase igual, pero distinto: algo así como los menús que te enamoran o alejan de sus platillos con una breve descripción. Queremos abrirte el apetito, uno que sea Perpetuo. Y por eso, te dejamos nuestras recomendaciones de libros para el mes.
Si eres autor o tienes una editorial, ¡envíanos tus libros! Aquí los leemos, seleccionamos y reseñamos.
Crónica
El secreto de los sobrevivientes — Javier Sinay
La escritura de Sinay engaña. Si uno tiene miedo a los aviones, lo natural sería evitarla: este es, al final del día, un libro sobre un accidente aéreo. O eso, al menos, dictaría la intuición. Grave error dudar de quien, en sus hombros, carga la tradición de la crónica y, con ella, la de todo el periodismo hispano. El secreto de los sobrevivientes supera a creces su tema: la caída trágica del vuelo que transportaba a un equipo de fútbol brasileño. Más bien, es una cita con el destino; es el encuentro de un autor que, por medio de la tragedia, trata de desmenuzar la relación del humano con su futuro y nuestra tendencia a justificarlo como si fuéramos oráculos. Hay, quizá, una lectura aún más profunda de este texto, como lo es el destino de Sinay que, a su vez, es el destino de la crónica: el de una vida que encuentra su pregunta perenne en un suceso marcado y se pasa las siguientes páginas —o días— tratando de explicarse.
Novela
El opio perfecto — David Alfonso Estrada
La premisa de esta novela es atractiva desde el primer instante, dado el morbo de la trama: un escritor y taxista llamado Octavio Paz se enamora de una monja, al tiempo que vive una especie de Truman Show controlado por hackers. Su estructura, entre bíblica y con guiños a un misal, es otro plus de ingenio. Es una lectura que no abruma, a pesar de que puede resultar, por momentos, empalagosa debido a la condición de poeta del protagonista —que es el narrador de la historia—. Algunos de sus picos son predecibles, pero la ambigüedad del cierre los redime. Quizá tendría mucho más mérito si hubiera explorado a profundidad ciertas tramas, como la relacionada al mundo de los hackers que nos presenta; sin embargo, cubre lo suficiente para cumplir. Eso es El opio perfecto: una novela que cumple, que divierte y entretiene.
1984 — George Orwell
(traducción de Eduardo Rabasa)
El don de las grandes novelas es que, con el tiempo, se vuelven mitologías; mudan su significado al tiempo que el contexto de las sociedades que los leen. Así como se transforma el mundo, así se debe transformar la interpretación y forma en que se presentan a nuevos lectores. Eduardo Rabasa emprende esta importante labor con una nueva traducción a 1984, historia cuya popularidad continúa creciendo y cuya relevancia quizá nunca ha sido mayor. La traducción de Rabasa es fiel, pero encuentra lo moderno en los matices del contexto que habita. Destaca el apéndice, ese legendario texto en el que Orwell esboza una apabullante esquema de cómo podría transformarse la cognición humana para perder la capacidad del disenso a través del lenguaje. «Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo», vaticinó Wittgenstein. Así lo entiende Rabasa, proveyendo una versión renovada y accesible de esta amenaza.
Meditación madre — Ana Montes
La voz de Ana Montes tiene un registro suave, atmosférico, capaz de matarte de ternura o succionarte en un agujero negro. Es el de una voz femenina que se pierde por este siglo, que existe pero no se concentra ni entiende lo que no entiende. De esta forma, Montes acumula diferentes temas con belleza y a veces con un insoportable aburrimiento. La narrativa circula sobre la maternidad y sus nuevas formas, pasando por la experiencia corporal, la responsabilidad afectiva y el duelo, regalándonos de vez en cuando momentos de una lucidez magistral, como la mujer que recuerda a la perra que se comió a sus hijos.
Poesía
Electrocauterización — Anaclara Muro
Un poema de largo aliento potente. Destaca por su registro físico y personal, que logra cargar y desarrollar temas universales alrededor de la feminidad. Este registro, sin embargo, no se mantiene en todo el poema: cuando se aventura a lo político, la poética tropieza. El índice mismo es un poema cuyo centro es el mejor verso y el mejor poema: «El doctor fantasea que me salva» es una vehemente protesta que Muro arrastra durante doce páginas hasta transmutarlo en oda.
Ir y Venir del Sueño — Íñigo Malvido
El sueño de Iñigo Malvido transcurre entre los amorfos mapas de la conciencia y el momento concreto de conexión total con la sensualidad. Malvido interroga los pasadizos de su mente y la nuestra, tratando de conferirles significado a través de una experiencia sensorial directa. El canto que empieza con los pezones endurecidos por el viento de pronto castiga: «has soñado nuevamente una mudanza, una historia que se inicia contigo en otro sitio». Adentrarse en este poemario es comprobar que conversábamos aún los caminos de las vidas vividas, de las ahorradas y las que están por venir, pero concluidas con un dejo agridulce en la boca: «está bien, inútilmente te reconfortas». La voz es honesta consigo misma a lo largo de su arquitectura. Ir y venir del sueño es catarsis.
Azúcar impalpable — Inti García Santamaría
Un librito de subibajas entre pasado y presente, entre ilusión y desilusión. Predomina la nostalgia en versos que recuerdan todo el tiempo y no reconocen el paisaje que hoy les presentan. También se lamenta por la oportunidad desperdiciada. Son pocos los poemas que destacan por sí solos, el resto lo hace como conjunto. Una lectura de y para niños adultos.
Literatura infantil
Señor Nadie — Julián Ariza
Un librito hermoso: Julián Ariza integra la ilustración a su narrativa de forma tan armónica que es imposible no perderse un rato en cada página. Demuestra cuán importante es contar las realidades más difíciles en la literatura infantil. El señor Nadie es la historia de muchos que día con día son ignorados y vistos como una consecuencia de la ciudad, no como personas. Pero el señor Nadie es también un personaje con ganas de compartir la flor que es su historia; la frustración se apodera de él cuando su creatividad llega al límite sin lograr una sola mirada de atención. El cuento trasciende la categoría de infantil para volverse un llamado general a la amabilidad indiferente, al interés por el otro y al cultivo de empatía.
No me pises las flores — Verónica Cardona López
Las ilustraciones de Verónica Cardona son lo más destacado del libro. Siendo un cuento para niños, la narrativa se inclina hacia una historia melancólica cuya conclusión llega de forma abrupta y no tan convincente. Trata el tema de la pérdida de un ser querido sin profundizar demasiado en el clímax de la superación. Es una lectura con una propuesta visual interesante, no mucho más.
Cuento
Infancias — Antología
Un texto antropológico disfrazado de antología. Alejandro Arras se sentó a hacer el compilado con un claro objetivo: plasmar la infancia mexicana en el transcurso de las décadas del siglo pasado. Los once textos que componen al libro están planeados en orden cronológico respecto al nacimiento de los autores. De esta forma, se nos plantea un recorrido atravesado por el contexto de cada época y con un hilo conductor que revela lo cotidiano. Leemos, por ejemplo, sobre el alcoholismo compartido y heredado, así como sobre la repetida experiencia de crecer sin padres, guiados por abuelas o nanas. Atravesamos los salones de catecismo, las clases de primaria aburridas o las amenazas maternales de sacarnos de la escuela para ponernos a trabajar. La niñez se nos presenta distinta en ciudades y pueblos de un México que pasa de un emperador austriaco a una dictadura silenciosa. Infancias es un recorrido histórico en cuentos. Lectura sugerida para quien disfrute de compendios y de la reconstrucción del pasado a través de vivencias más que de fechas en libros polvorientos.
Todo es demasiado — Christian Briceño
Las historias de Briceño son abigarradas. En sus narrativas profundas hay siempre una extrañeza que sacude al lector como una inesperada turbulencia: caníbales que preparan gestos románticos u homicidios acuáticos en un futuro donde la muerte y la vida se comunican por televisión. Las premisas, como se leen, son bizarras; en ello se manifiesta un acto de ingenio. Como Kafka, Briceño nos presenta a un hombre-bicho y sabe, como un autor en todas sus facultades, que le creeremos. Por eso, la sorpresa de los hechos es lo de menos; es una mera base para hablar de lealtades rotas o sueños perdidos. No apto para los de estómago débil o mentes unidimensionales. Ideal para el lector que quiere desafíos y busca metáforas más allá de lo que le narran.
Bonus track
Reseña y reflexión sobre el Booker Prize.
Taiwan Travelogue — Yang Shuang-zi
Es una pena reseñar este libro tras leerlo en inglés. No hay alternativa; nuestro idioma —por segundo año consecutivo— se ha quedado atrás. Taiwan Travelogue ganó el Booker este año, un premio que es, quizá, el mayor de las letras sólo después del Nobel. Y lo hizo con una narrativa que atañe a nuestros países postcoloniales más que al mundo anglosajón. La novela es sutil en su argumento —tal vez peca de serlo demasiado y, por eso mismo, se pierde en descripciones culinarias y el lento pasar de los días en Taiwan—; cuando encuentra su voz, se escucha con fuerza un discurso sobre la relación entre conquistador y conquistados donde, a pesar de las mejores intenciones, deambula el poder y la desigualdad. Pienso que, así como Taiwan Travelogue es sobre una escritora japonesa que visita Taiwan, bien podría ser de un autor estadounidense en México o un británico en Argentina. Es una pena, siempre, que nuestra velocidad de traducción esté lejos de la vanguardia. Lo es bastante más cuando nos perdemos de historias sagaces que explican nuestra región.
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Cartelera de podcast
Masa crítica es el podcast en el que hablamos con las figuras más importantes de cultura y medios. Las mejores historias detrás de la gente que leemos, escuchamos y vemos.
En este primer episodio, platicamos con Zanny Minton Beddoes, editora en jefe en The Economist. Es una reconocida experta en economía global, muy solicitada por sus autorizadas perspectivas sobre la economía mundial. Anteriormente trabajó en el FMI y como asesora del Ministro de Finanzas de Polonia.
A lo largo de la charla, nos cuenta sobre algunos retos editoriales, especialmente los que llegan con las herramientas de inteligencia artificial. Esta versión en español fue traducida con ayuda de ElevenLabs.
Puedes escuchar sus reflexiones en Spotify:
O en YouTube:
Inferencia es el podcast con las mejores conversaciones sobre inteligencia artificial, negocios y políticas públicas; conversaciones en serio con quienes están construyendo el cambio tecnológico. Conducido por José Antonio Murillo, de Primero AI, y José Luis Sabau, director general de Perpetuo.
En este nuevo episodio, los conductores reciben a Santiago Hernández, investigador en el equipo Reasoning de OpenAI, donde trabaja enseñando a los modelos a programar, hacer búsqueda profunda y, en última instancia, investigar de forma autónoma.
La conversación gira en torno a la frontera de la Inteligencia Artificial General: qué implica alinear a los modelos de lenguaje y el balance a mantener entre capacidad y alineación.
Puedes escuchar sus reflexiones en Spotify:
O en YouTube:
Jonathan Barragán López es un artista diseñador.















































