Queremos encontrar al siguiente Premio Nobel de Literatura. Creemos que puedes ser tú. Por eso, queremos dejar tan abierto como sea posible el proceso para escribir con nosotros.
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Pero ahora, volvamos a la literatura…
Existes
de Santiago Cifuentes Corredor
Anoche soñé contigo Pero no existes O existes en fragmentos Existes en pedazos, en varias mujeres. Existes en las caricias y en las miradas Existes en las risas y en los susurros Existes en las cimas y en los valles De distintas, varias mujeres. Anoche soñé contigo Pero sé que no existes O existes en siluetas Existes en lo que dejaron, algunas, varias mujeres. Existes en ese singular momento y en la común carencia Existes en el anhelo y en el olvido Existes en refugios, en escondrijos, propios y otros Existes, escondida, en incontables, varias mujeres. Anoche soñé contigo Pero sé que solo existes En mi deseo, en mi miedo Espejo ansioso, en fragmentos y en pedazos. Existes dentro mío. Anoche soñé contigo Te soñé cien veces Porque cien veces existes En cien mujeres y en cien rostros míos, Existes.
Nota del editor: La frase popular es que uno es la suma de aquellos con los que se junta. Cifuentes pareciera aplicar esa misma lógica al otro desde la perspectiva de uno. Los otros son la colección de cómo los entendemos por el conjunto de gentes que hemos conocido. Me hace pensar en cuánta gente quiero y por qué mi querer deriva de otros quereres pasados. Me hace pensar como el pensar y el sentir son largas cadenas hacia atrás que, quizá, nunca encuentran su inicio.
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Conservación de la naturaleza
de Andrea Ortega Jiménez
Todavía no me enamoro de este sistema, de andar con el arte en los dedos, mendigando oportunidades y certezas que permitan enraizar y germinar. En mi país de origen, asesinan defensores de derechos humanos. Más que en Ucrania. Primeros en el mundo. Estamos en escena, en resistencia. La mayoría, ambientalistas, cuidadores del territorio, rugen como el viento y el mar, por los recursos no renovables, recogen las cenizas de lo nuestro, en cuevas de persecución, amenaza y muerte. Mientras tanto yo, me escondo en una tonta sonrisa, en una lectura del horror del cambio climático, en los veranos naranjas y el vermut de barril, en la ilusión de encontrar algo significativo, como el dulce del día, y poner letras a lo que muchos no pueden decir, tapando esta herida de la marcha que machaca, porque acá no es mejor. Los cueros de las uñas en sangre, deseando que un terremoto enfurecido permita desaprender la colonización, el egoísmo, que nos aleja como ecosistema, y nos ayude a remediarla, a curarla, para dejar de ser fragmentos de basura.
Nota del editor: Dijo Valéry alguna vez que el poeta solo habla con sí mismo y convence al lector de que participa en esa conversación. Los versos de Ortega no permiten al lector sustraerse de esa conversación. Toman todo el espacio vacío y lo nombran: la angustia de tanta gente. Como lector nos sentimos interpelados, logrando el raro fenómeno de que la poesía exhorte sin imponer.
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Sólo, en un restaurante
de Neftalí Reyes
Supongo que así es la vida, como esperar en un restaurante a alguien que ni llegará mientras el vino se calienta y el agua se acaba y te convences que ya pronto, unos minutos, ha de estar por llegar. A tu lado, una pareja en una cita que va mal pero al menos es más que esa silla vacía que pronto se llenará, te dices, sí, ya pronto llegará. Mientras, a lo lejos, todo transeúnte es el murmuro efímero de su arribo anhelado hasta que se acercan sus rostros y son otros los suyos y te dices de nuevo de nuevo y de nuevo ya pronto; la siguiente será, sabiendo bien que la sospecha es cierta. Supongo que esa es la vida. Es una espera fortuita, un par de ilusiones vanas, una copa vacía —te la has tomado— cuenta para uno (con tarjeta) y el partir del lugar sin que nadie hubiera llegado.
Nota del editor: Nuestros poemas en esta sección han pecado de alegres. De cierta forma, me alegra que a Reyes le rompieran el corazón. Es un recordatorio de que la emoción humana—y, de su mano, la poesía—abarca un espectro tanto mayor que el deseo, el anhelo o la reflexión. En ella caben, a su vez, las lágrimas más hondas y los lamentos más sinceros.
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El performance de ser maestra
de Mónica Cortés Reyes
Estrictamente hablando, hace un año terminé mi carrera en Lengua y Literaturas Hispánicas. Letras. Literatura. Lingüística. La carrera que solamente estudian ricos y no gente de mi clase, como diría Mariana Enríquez. Yo era una niña que temía morirse de hambre y quería estar en STEM; luego fui una joven que dio un salto de fe para estudiar lo que verdaderamente le apasionaba. Ahora soy una mujer que sobrevive. Que trata de monetizar lo poco monetizable de las humanidades y vivir dignamente del amor al arte. Del amor a leer. A escribir. A hablar en público y, en consecuencia de todo lo anterior, a pensar.
No soy ninguna ingenua. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Pero una cosa es la teoría y otra la práctica, y ante el panorama que ofrece la literatura y las lingüísticas hispánicas, decidí probar suerte en el mundo editorial. Qué terrible. Necesitas tener una atención al detalle enfermiza y querer estar sentado todo el día frente a la computadora. Yo soy una mujer ruidosa, de voz característica, que tiene ganas de moverse, hablar fuerte y sin parar. En mis ratos de desempleo estuve inscrita en muchos seminarios de mi Facultad, escribiendo ensayos y haciendo ponencias. Estar sentada frente a un auditorio que me mira expectante, lo supe de inmediato, era lo que quería hacer toda mi vida.
[…]
Nota del editor: El mundo de la docencia es complejo. Solemos pensar el papel del docente con el alumnado, pero poco nos preguntamos sobre el papel del alumnado con el docente; sobre todo cuando hablamos de primaria, secundaria o preparatoria. El texto de Cortés Reyes habla de ello: en su pasión de enseñanza también hallamos desencanto; ¿qué esperan los profesores de su auditorio?
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Destellos de una noche nublada
de su amigo, el editor, J.L. Sabau
Sin mucho que hacer y careciendo de un rumbo fijo, emprendí una caminata nocturna hace unos días. En aquel momento, habiendo dado pocos pasos de mi odisea insensata, me era imposible predecir las conclusiones de aquella noche y su contraste con los desastres del despertar. Fuerzas ajenas tomaron control de mis piernas para iniciar el trayecto, rompiendo las vicisitudes de mañana y tarde con el andar automático. Las calles y avenidas, tan transitadas cuando solo hay un astro sobre el cielo, quedaron deshabitadas al caer el cobijo nocturno. La soledad emergió como una amiga en tierras plagadas de compañías inoportunas. Todo quedó congelado por un par de horas con la excepción de mi cuerpo en sus andares; mi mente corriendo en rumbos opuestos. Un galeón antártico haciéndose paso en la superficie helada del norte temporal.
No había idea alguna en mi cabeza cuando di el primer paso —al menos soy incapaz de recordarla si la hubo—. En las brumas del pensar, el tiempo se disipa para romper toda barrera secuencial y permitir una existencia en armonía. Me llegan ahora algunas ideas sin vínculos entre sí que habrán aparecido en partes tardías del andar. Breves momentos en que la mañana se apoderaba de la noche; la luz aparecía para opacar el cielo; el reino de las ideas me separaba del material. La mirada retrospectiva impone un orden a aquello que lo carece. Solo ahora que escribo entiendo lo que me vino en mente. Así llegaron otras tantas reflexiones en el andar —y así las he interpretado con los beneficios de la distancia—. Comienza la reminiscencia de aquel amanecer.
[…]
Nota del editor: En mi primer año de carrera, recuerdo cómo un profesor hablaba del poder transformador de la literatura; de cómo el autor podía alterar su forma de ver el mundo por medio de palabras. Guardé ese pensar con años hasta que, una noche nublada, decidí encararme con el pesar que me causaba verme privado de estrellas.
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YA, IA
de Jorge Vázquez
[23:39] > USUARIO: Escribe una historia para mi clase de literatura. Tengo que hacer un cuento.
[23:39] > CHATBOT: ¡Perfecto! Te puedo ayudar. Para orientarme mejor: ¿Quieres que el cuento sea corto (1–2 páginas) o más largo? ¿Debe tener un tema específico (fantasía, realismo, misterio, algo escolar, social, romántico…)?
[23:45] > USUARIO: Algo nuevo. Usa un lenguaje literario pero que siga pareciendo que lo escribí yo.
[23:45] > CHATBOT: Perfecto. Te armo un cuento original, profundo en el lenguaje, pero con un giro interesante, de modo que suene como escrito por un estudiante de literatura.
[23:45] > CHATBOT: …
[23:46] > CHATBOT: …
[23:47] > CHATBOT: …
[23:48] > CHATBOT: Aquí va:
Rabieta
Habrá alguna vez—o quizá un sinfín de veces—en alguna casa de estudio—o quizá en todas ellas—y dentro de cualquier taller de letras, lecturas o lenguajes, un joven universitario—y no por eso estudiante—a quien le asignarán la hercúlea y sobrada tarea de redactar un simple cuento. Sabrá la Matrix quién, en su sano y humano juicio, es tan osado como para constreñir la redacción a un intento de futuro letrado—o letrada, o letrade, qué más da—. Pensaría cualquiera, en desacierto, que no existe trabajo más consuetudinario y posiblemente enervante para estos alumnos, pero he aquí este, el más frágil de ellos, quien, tentado por el camino fácil recurre a un maquinista para seguir embruteciendo del crédito ajeno.
[…]
Nota del editor: Vázquez me parece una buena excepción a la norma. Por lo general, tomamos un par de años hasta que surja buena literatura del momento vivido. Por algún motivo, somos malos en escribir del presente; nos cuesta separarnos de las circunstancias. Por eso, hemos tenido nuestras dudas sobre escribir de IA y sus consecuencias. Lo de Vázquez es distinto; es usar la IA como un recurso literario que refleja, más que el instinto de la máquina, el de una humanidad que parece meterse los pies al caminar.
Lee el cuento completo:
En meses recientes, Puerto Príncipe se ha vuelto un campo de conflicto. Las pandillas que asediaban la nación, se han agrupado en una sola confederación bajo el nombre Viv Ansannm. Juntas, han tomado gran parte de la ciudad y dejado a los civiles en pequeños espacios donde mantienen su vida ante el miedo constante de un ataque.
El conflicto es tan grande que no puede entenderse como una mera tensión. En el estelar de esta semana, Juan Martínez d’Aubuisson le da un nombre: policonflicto. Un conflicto tan grande que encapsula a la sociedad entera.
Haití, la revuelta eterna
de Juan Martínez d’Aubuisson
En lo que fue un instituto público, cerca de Fort Nationale, en los linderos de ese diez por ciento de Puerto Príncipe que aún no ha caído en poder de los bandidos, se apiñan como pueden casi 200 familias. Han convertido aquello en un campo de refugiados.
Es 11 de marzo de 2025. Llegué hasta acá sorteando las barricadas de una ciudad crispada y con el martilleo constante e insoportable de los tiros como música de fondo. Ahí me reciben tres hombres jóvenes. Son los líderes de este campo. Salieron huyendo de diferentes lugares a finales de 2023.
Estos tres y sus familias llegaron hasta Carrefour-Feuilles; ahí se conocieron. Es un barrio obrero en el sudoeste de la ciudad y ahí se refugiaron unos meses, pero la pandilla del warlord Kaporal y su banda, los Gran Rabin—provenientes de un lugar con el mismo nombre y parte de la gran confederación de bandas Viv Ansannm—, los atacaron y les ganaron. Entonces huyeron nuevamente, se volvieron pastores de un gran rebaño de personas asustadas y terminaron en esta escuela el 17 de noviembre de 2024.
“Nosotros organizamos a la gente para vivir acá, pero más gente sigue viniendo, entonces hemos tenido que usar el techo de la escuela para que las familias hagan sus chabolas”, dice el líder de este lugar, un hombre alto y delgado de 29 años y padre de dos niños de ocho y doce. Él y sus dos lugartenientes me dan una especie de manual para huir. Me explican que debes tener al menos una olla y un poco de arroz, tus documentos y debes dormir con tus cosas valiosas puestas.
“Lo más importante es llevarte a los niños”, dice el líder y los otros dos asienten fuerte con sus cabezas. Los bandidos de la gran coalición Viv Ansannm han dejado muy claro que al llegar a un barrio no perdonan niños ni viejos. Masacran parejo; su rabia no observa años.
“Cuando llegan, si no estás listo, se pierden tus documentos y todas tus cosas, porque lo primero que hacen es prenderles fuego a las casas”, me dice el segundo al mando, de veintitrés años y padre de una niña de dos.
[…]
Nota del editor: La crónica de Martínez es una intriga; la de quien ha vivido el colapso de una ciudad—de una nación entera—y ha convivido con su gente. Es un balance entre reconocer que las noticias, muchas veces, hablan de la verdadera crisis que se vive en Haití pero, a su vez, entiende la humanidad que existe por debajo de esas historias y que, muchas veces, se opaca por el sensacionalismo.
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