Queremos encontrar al siguiente Premio Nobel de Literatura. Creemos que puedes ser tú. Por eso, queremos dejar tan abierto como sea posible el proceso para escribir con nosotros.
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Pero ahora, volvamos a la literatura…
Despersonalización
de Margarita Celina Blanco Muñoz
A lo lejos puedo ver a alguien que lleva mi rostro, no le reconozco. Me apunta asustada, se le pone la cara pálida. Me muestra sus manos, las inspecciono con cuidado, pero no me dicen nada. No son mías. Alguien usurpa mi propio lugar, una voz que hace eco repite mi nombre para que vuelva a verme frente al espejo. Cierra los ojos. Se esconde. Se recuesta en la cama y finalmente despierta.
Nota del editor: Algo tendrá la Matrix que sigue cautivando; sospecho que es lo mismo que nos atrae de estos versos. Es el sentir que, en unos cuantos momentos, el mundo deja de funcionar y nosotros, simplemente, vivimos sus consecuencias. Unos hacen películas; Blanco hace poesía.
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Quizás
de Matias Juan Cañete Paladea
Quizás fuera solo ideación mía, que su imagen remitía a mi memoria noche y día. Y esa imagen acaso fuera un invento porque se alojaba en la memoria mas no era un recuerdo sino un intento por lograr encontrarla en algún momento a mi lado despertar en algún tiempo. [...]
Nota del editor: Hay un momento en este poema que me atormenta (si es que existe una forma buena de la palabra). Es ese en que Cañete toma su estribillo y, en lugar de dejarlo respirar, lo pega a la estrofa anterior; como si la idea que lo obsesiona no parara de presentársele. Esos breves momentos de astucia hacen a un poema.
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Hacer el amor con tus letras
de Libia Leites Moreira
Imposible sostener un simulacro ante este potente deseo. No hay máscara que sobreviva cuando tus palabras invaden mi locura toda. Son las audacias de tus versos las que encienden mi pensamiento, las que rozan con sutileza los laberintos secretos de mi imaginación. No busco tu presencia: me basta la idea. La insinuación. Ese modo de decirme sin decir mi nombre. Cada línea tuya me desviste un poco, me abre la frontera del juicio, me deja a la intemperie de lo que siento. Juego peligroso: no hay límites claros, solo el vaivén entre lo que imagino y lo que deseo. Y entonces tiemblo, sin tocarte, sin verte, vibrando apenas por el estremecimiento de lo que podría suceder. Porque hay cuerpos que se encuentran en la carne; pero el nuestro arde primero en el pensamiento. [...]
Nota del editor: Me parece que fue Proust el que una vez escribió que le bastaba con un codo para enamorarse de una persona. Es la misma verdad de estos versos (verdad que vuelve y vuelve en la vida). La de encontrarte que el afecto nace primero en el pensar; como escribe Leites, el amor “arde primero/ en el pensamiento”.
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¿Seguimos teniendo un espacio para inventar?
de Daniel Diaz Bedoya
Llevo en el mundo de la inteligencia artificial ya algunos años. Al inicio, pensaba que se trataba de una herramienta mágica que podía ver patrones que ningún otro ser humano era capaz de percibir. Con el paso del tiempo, toda la magia ha desaparecido y lo único que veo son complejas ecuaciones carentes de belleza.
A mi parecer, hoy la sociedad experimenta lo que yo sentí en esos primeros años; para mucha gente, una tecnología como ChatGPT apareció de la nada. Nunca jugaron con generadores de texto. Nunca vieron redes neuronales reconociendo imágenes de gatos en baja resolución. No saben cómo hemos llegado hasta aquí y eso les deja en una situación precaria.
Cuando veo videos en YouTube preguntándose si será el fin de los artistas o de los programadores o de los profesores, tengo la certeza de que la respuesta es negativa. Sin embargo, si me preguntan de dónde viene esa certeza, me cuesta mucho trabajo exponerlo en palabras simples.
[…]
Nota del editor: En estos tiempos donde, al hablar de la IA, cunde el pánico, las palabras de Diaz son como una bocanada de aire fresco. Una que permite ver lo que vendrá sin temor a lo que ya se ha vivido. Al menos, un optimismo contado y meritorio por la que, quizá, es la mejor tecnología en la historia de la humanidad.
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Senderismo
de su amigo, el editor, J.L. Sabau
Tablero de dirección
(0) Como una vez hizo un autor que me supera, este ensayo es muchos ensayos en uno. Podría decirse también, que no es ensayo alguno. Pero es, en principio, uno solo. Una aventura en las fronteras del lenguaje; un sendero por la maleza que crecido en la palabra escrito. (Poesía, retórica; un sinfín de ideas).
Existen varios inicios ocultos —como distintos caminos que llevan a la cima de un mismo cerro—. Están aquellos que puse con intensión y los muchos otros que nacieron por accidente. Me limito a indicar esos primeros. Aquellos que, por falta de mejores palabras, he de bautizar con el título impropio de sendero original. Mas, como en la jungla, se vislumbran destellos de rutas antiguas; otros tantos hechos por exploradores intrépidos. He tenido la fortuna de viajar por unos cuantos; espero encontrarlos todos algún día.
De momento, mi tarea es simple: señalar el sendero original para el lector le interese. Los demás, siéntanse libres de hacer lo que gusten tras pasar el primer capítulo.
0-I-III-IX-VI-II-IV-V-IV-XII-XIX-XIII-XVI-XX-XIV-XV-XVIII-XXI-I
Dejo un último detalle. Como si fuesen letreros entre los matorrales, cada párrafo termina con el subsecuente entre paréntesis. Síganlos bajo su propio riesgo.
Sin más que decir, me despido de usted, lector. Quedan en otras manos. Soy meramente el arquitecto; los que trazan los senderos son otros tantos. Regresen a este tablero de ser necesario. Sobre todo, disfruten el sendero.
-José Luis Sabau Fernández (I)
[…]
Nota del editor: Siempre he pensado que Rayuela es la idea más atrevida sin llegar a cumplirse. Me frustra que Cortazar no jugara aún más con el texto y usara su estructura fragmentada a la máxima expresión. Este es mi intento de hacerlo; de crear una montaña literaria con una variedad inmensa de senderos. Lo hice en el ensayo, pues es el medio que domino; me encantaría que otros lo hagan en la ficción.
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Fundidos
de Nancy Mena Falla
Su tarea era muy simple: empujar una silla.
Nunca había pensado que un trabajo pudiera ser tan sencillo. Su experiencia de vida lo había llevado por todos los géneros laborales posibles: desde niño había vendido chicles, trabajado en el campo; se había marchado a la ciudad a cuidar automóviles, a trabajar en pesadas construcciones, a cargar mercadería en supermercados…
Aun de niño, ya estaba acostumbrado a trabajar al menos 12 horas seguidas y llegar a casa —o donde fuera que se estuviera quedando—, completamente rendido, con los pies llenos de ampollas y tan cansado que no sentía apenas el hambre o el dolor por el maltrato de la jornada. Simplemente se desnudaba, se tiraba en su cama improvisada con trapos y se quedaba profundamente dormido.
Nunca se planteó la posibilidad de estudiar. Ninguno de sus amigos del barrio lo había hecho, ni su padre, ni su abuelo. A veces se preguntaba —un tanto mortificado, cuando estaba en la construcción— si de haber estudiado habría logrado conseguir un elegante puesto como el que tenían los ejecutivos de los altos edificios que él ayudaba a construir.
[…]
Nota del editor: De Mena diré que tiene la mirada de los autores que entienden la naturaleza tan diversa de la historia. Su cuento no acaba hasta que se escuchan otras voces; hasta que la historia se completa con otras vistas. Eso habrá que aplicarlo, también, a la vida.
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Hace treinta años, Colombia pasaba por una de sus etapas más violentas. Una ola de secuestros orquestados por el crimen organizadosacudía al país e, incluso, inspiraba libros de García Márquez. Entre ellos, ocurrió uno que sacudió a la nación en medio de política y discusiones sobre el futuro de Colombia. Fue el de Juan Carlos Gaviria, hermano del expresidente César Gaviria.
Por años, el secuestro se conocía en sus detalles generales: lo ocurrido; lo reportado en los medios. Ahora, por primera vez, Sebastián Hoyos lo profundiza. Interroga a expresidentes, habla con guerrilleros y encuentra entrevistas que nunca se habían hecho. Todo para contar con detalle lo ocurrido en esos días de 1996
Noticias de otro gran secuestro
de Sebastián Hoyos
Entre abril y junio de 1996, la noticia de dos secuestros sacudió a Colombia. La primera, fue la del lanzamiento del que entonces era el último libro del premio nobel de literatura, Gabriel García Márquez, Noticia de un Secuestro. La otra, que mantenía al país en vilo, era el rapto de Juan Carlos Gaviria, hermano del expresidente César Gaviria Trujillo, quien entonces fungía como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA).
Gaviria desapareció en los alrededores de la ciudad de Pereira en vísperas de la Semana Santa de 1996. Durante varios días se desconoció su paradero, hasta que el enigmático y prácticamente desconocido grupo subversivo Movimiento Dignidad por Colombia anunció que lo tenía en su poder. Las negociaciones secretas entre la familia y los captores—con la intermediación de Fidel Castro y el despliegue de un complejo operativo de la inteligencia nacional; donde no solo estaba en juego la vida de Gaviria sino la permanencia de Ernesto Samper Pizano en la Presidencia de la República—han sido prácticamente desconocidas por la mayoría de colombianos. Así ha sido hasta hoy, cuando se cumplen 30 años de los hechos y con la aparición de archivos secretos, evidencias y el testimonio de varios de los protagonistas que habían preferido guardar silencio, se puede desvelar lo ocurrido. Con ello, se espera cumplir las mismas palabras con las que García Márquez arrancaba Noticia de un secuestro, por esas mismas fechas: “Con la esperanza de que nunca más nos suceda este libro”.
[…]
Nota del editor: Lo que destaca de Hoyos es la ambición. Podría haber escrito solo un recuento de la historia; podría haber publicado, tan solo, la entrevista co un expresidente o las palabras inéditas de un guerrillero. Pero no. Tenía que ponerlo todo. Tenía que escribirlo todo y ponerlo con ese deseo de historiador por cubrir cada detalle. Me quito el sombrero.
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España Profunda
de Ilán Sanchez
Si en Perpetuo nos ponemos orgullosos de contribuir a la lengua, hay que agregar nuestra manera de expandir la noción de paisaje. Este foto ensayo de Sanchez es gran ejemplo. Entendemos por paisaje mucho más que naturaleza. Tomamos para la definición los rastros del humano y el humano mismo; todo lo que conforme a una sociedad. Eso, a mi parecer, deberíamos considerarlo igual. Si no, dejemos que las fotos de Sanchez hablen por si solas.






Ve el foto ensayo completo:

























