Queremos encontrar al siguiente Premio Nobel de Literatura. Creemos que puedes ser tú. Por eso, queremos dejar tan abierto como sea posible el proceso para escribir con nosotros.
Publicamos autores sin experiencia y otros con décadas en el rubro. A todos los tratamos igual. Si te gusta lo que lees en nuestras newsletters y te gustaría enviarnos algo, puedes enviarnos textos aquí:
Pero ahora, volvamos a la literatura…
Soy de esos
de Wenceslao Claudel
Yo soy de esos
que se conmueven por la guerra
y se indignan del hambre.
Soy de esos mercenarios idiotas
encerrados detrás de un balcón, dibujando
mandarinas que parecen llantas que
parecen pizzas:
¿y todo para qué?
Mis honorarios se deshebran en promesas sobre
hojas de plasma y las páginas marchitas y malolientes de mi libreta
se pudren con pensamientos
bonitos sin ideas concretas en un
paraíso de sinrazones: versos largos y sin
orden aparente aparentan reconocer el mundo de frente a
un tazón de comida fresca y llena de químicos: tales son
mi mejor atributo.
Soy, a resumidas cuentas, congénito al asesino colectivo
rasgando su propio vientre
en busca de vida:
desempleado,
repleto de llagas,
el título de “bestia” ha dejado de parecerme atractivo;
prefiero simplemente “humano”.Nota del editor: La poesía logra su cometido cuando uno la lee y siente, en ella, una verdad tan sincera que trasciende al autor y se hace parte de uno; refleja algo del lector. En los versos de Claudel veo esa realidad en el siglo XXI. Lo veo en estos años donde la desdicha es abrumadora y, también, nuestro conocimiento de esa desdicha. Sin embargo, lo único que hacemos es escribirla y describirla; poco hacemos para reducirla.
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Odisea Paceña
de David VU
Hoy, pensando en la reunión de Ulises y Telemaco, me acordé estando chamaco y oyéndote esa canción. Sobre sus grandes hazañas; como hacerse llamar nadie para evitar la barbarie y continuar sus campañas. Eras voz en mi cabeza, pecho peludo al dormir exhausto de ir y venir trayendo pan a la mesa. En mi ejemplo te volviste el ser un hombre admirable, que no perdiendo lo amable monstruos y dioses venciste. Pues al fin me he convertido en eso que me mostraste: tengo la edad que portaste ya habiéndome concebido. Estoy cubierto de pelo y en la cama me desmayo de trabajar hasta el fallo en un eterno desvelo. Pero tu sangre me ha dado más que esta cara barbuda o la risa testaruda que me sigue a cualquier lado. Ya uso tu voz cuando canto cada una de mis historias y tomo de tus victorias la clave para amar tanto. Haciendo este letrerío quiero acercarte de un trazo y a distancia de un abrazo verme en ti mientras sonrío. ¿Habrá sido el sentimiento que en Ítaca tuvo el hijo parecido al regocijo que siento en este momento? Te amo, mi sangre querida, el reflejo de mi espejo y al ser un año más viejo le rindo honor a tu vida.
Nota del editor: García Márquez una vez escribió que el primer síntoma de la vejez era que uno empieza a parecerse a su padre. Con los versos de VU, pienso que, antes, el primer indicio de la vida adulta, es comprender al padre de uno. Ahí estará el motivo por el cuál Homero inicia la Odisea con Telémaco; algo habrá sobre la vista del joven entendiendo al padre que, hasta su adultez temprana, no conocía. Así VU; así nosotros.
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Eras luna llena
de JP Gonzalez
Hoy ya no estás, pero ayer eras luna llena. Redonda y de un color argentino, pobre, suspendida sobre Madrid con un bigote de nubes tristes; cual el ojo de un niño que observa el mundo y sus amantes con una falsa inocencia, guardando en su luz el mismo brillo fijo de una farola. (Esa misma luna de otrora: un cuerpo mudo al que solemos inventar respuestas). Mañana, con algo de suerte, volverás a alumbrarnos, pero aquella noche se quedará tan solo en tu recuerdo— dos hombres que alguna vez se amaron y al hacerlo, te atisbaban.
Nota del editor: Hay algo del afecto que me intriga: su capacidad de borrar las barreras tan marcadas que nos convencemos son reales. Este poema de Gonzalez me hace recordar esos momentos donde el amor es tan grande que la luna deja de serlo y se hace en el ser querido; cuando la frontera entre una flor y una persona se desvanece. Esas barreras tenues que nos prueban somos seres de emociones y no de realidades.
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Ritualistas para errantes
Bob Dylan y Patti Smith
de Juan Puebla
Llevo en el mundo de la inteligencia artificial ya algunos años. Al inicio, pensaba que se trataba de una herramienta mágica que podía ver patrones que ningún otro ser humano era capaz de percibir. Con el paso del tiempo, toda la magia ha desaparecido y lo único que veo son complejas ecuaciones carentes de belleza.
A mi parecer, hoy la sociedad experimenta lo que yo sentí en esos primeros años; para mucha gente, una tecnología como ChatGPT apareció de la nada. Nunca jugaron con generadores de texto. Nunca vieron redes neuronales reconociendo imágenes de gatos en baja resolución. No saben cómo hemos llegado hasta aquí y eso les deja en una situación precaria.
Cuando veo videos en YouTube preguntándose si será el fin de los artistas o de los programadores o de los profesores, tengo la certeza de que la respuesta es negativa. Sin embargo, si me preguntan de dónde viene esa certeza, me cuesta mucho trabajo exponerlo en palabras simples.
[…]
Nota del editor: El gran misterio que tocará responder en la literatura es la muerte del poeta público. ¿Qué pasó, a mediados del siglo XX, que dejó de existir Robert Frost y empezó a alzarse Dylan? Puebla tiene los indicios de respuesta en el mejor de los modos: el de la curiosidad y la intriga. Quizá, en esa perspectiva personal, esté el indicio de este giro de la declamación a la melodía.
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El mito de Aristófanes
de su amigo, el editor, J.L. Sabau
La ética, la gravedad y la justicia tienen un parentesco sutil: las tres son fuerzas inferiores al amor. La primera por depender de la imaginación, la segunda de la realidad y la tercera de la sociedad. Mientras tanto, el amar toma estas debilidades y las vuelve en pilares definitorios. Mientras los otros sucumben ante un mundo que las niega, el amor hace la batalla negándose a definirse desde un principio.
Por siglos, hemos querido entender esta emoción. Por siglos, hemos fracasado. Eso no nos detiene; eso no me ha eludido a dejar estás páginas en blanco. Este es mi intento de lograrlo—o, mejor dicho, de fracasar y, en el fracaso, lograr acercarme lo más que puedo—; mi intento por definir el amor de una vez y por todas.
Me encuentro así con un desafío enorme, preparando mi enemistad con Aristóteles, Newton y Rawls. (Si es por defender el amor, que me odie la filosofía entera). Mejor que así sea; no estamos para pequeñeces.
[…]
Nota del editor: Me obsesiona el amor. Es el tema del que más he escrito y del que menos he publicado lo que opino. Estas páginas fueron, hace años, mi primer intento de entender el afecto usando, como buen intelectual en formación, a los griegos como ejemplo. Lo he editado severamente; aún no sé si esté terminado. Da muchas vueltas para llegar a su destino. Así, supongo, es el afecto de complicado.
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Un antídoto para la crisis y pobreza hogareña
de Elena Chiavazza-Prieto
Su tarea era muy simple: empujar una silla.
En cualquier estación, la ternura de las tardes se camuflaba entre lágrimas y risas expulsadas por ciudadanos atravesando profundos estados de crisis; se escondía bajo la carne de ojos que ocultan ojeras hinchadas y púrpuras de trabajo. Lucía aún recuerda la primera vez que (quizás durante una noche de otoño o verano) vio la crudeza de la tal “crisis”: sentada justo frente a ella, entablando un desafiante contacto visual al otro lado de la mesa.
Esa noche, durante la cena, el pitido que emanaba la televisión noventera (colocada en un rincón decadente de la cocina) le generó malestar en la columna. Era un sonido extraño que rozaba lo liminal. Empezó el noticiero nocturno y la pantalla se tiñó de un rojo violento y desagradable. El jingle al comienzo del programa se mezcló con el pitido agudo y filoso. En ese momento, Lucía supo lo difícil que sería masticar y digerir la comida con las noticias de fondo.
Estaba con su familia; como siempre, se reunían para comer y ver televisión. A la izquierda de Lucía estaba mamá, que servía más papas fritas en el plato de Ramiro sin que él se lo pidiera. A la izquierda de Ramiro se sentaba Magdalena, quien aún agarraba la cuchara con ternura y torpeza infantil. Al lado de Magdalena estaba papá, que cerraba el círculo familiar justo frente a Lucía: concentrado en la comida, manteniendo su característico ceño fruncido que proporcionaba un aire de furia y malestar. Fue a la izquierda del patriarca donde Lucía vio a “crisis”, y aunque sabía lo que eso significaba, notó que esa noche su familia de todas formas se había permitido cenar lomos y papas fritas.
[…]
Nota del editor: Por lo general, soy de la creencia que el realismo mágico pertenece al siglo pasado y que deberíamos dejarlo ahí (ya nos dio lo que tenía que dar). Por Chiavazza-Prieto estoy dispuesto a hacer una excepción. Este cuento suyo es interminable en sus metáforas hechas realidad. No logro entender si es una forma de hablar de un capitalismo moderno o si es un reflejo de las dinámicas hogareñas. Entre esos polos, otras decenas de interpretaciones que me hacen creer, aún uqeda algo de realismo mágico en este siglo.
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En México, país católico, no hablamos de sexo. ¿Por qué hacerlo? Es un tema privado; personal. Mejor dejarlo relegado a la alcoba donde pertenece. Más aún para hablar de tabues. Esa mentalidad ha reinado en las letras nacionales.
Por eso, cuando llega un Campos y, con atrevimiento, abre las puertas de la recámara para ver lo que ocurre, es como quien logra iluminar un pedazo del alma nacional. Así, su crónica del BDSM en México es mucho más que una historia de morbo; es también un reflejo del país entero.
Noche de látex
de Adrián Campos Hoyos
El mesero deja las tazas y el vapor del café sube entre nosotros. Mi hija, universitaria ya, raspa con una cuchara la espuma de su capuchino.
—Wow—dice sin mirarme—, mi papá está dispuesto a arriesgar su matrimonio por su compromiso con la crónica—.
Sonríe hacia su madre, buscando complicidad.
Mi esposa sigue mirando el menú, como si no hubiera escuchado el comentario. Afuera, un camión vacío de Metrobús acaba de llegar a la estación. Nadie dice nada.
El mesero regresa con los bizcochos, los acomoda sobre la mesa en platos, se aleja. Solo entonces ella levanta la vista. Da un sorbo al café, lo deja con calma sobre la mesa y suelta, con un tono que no sé si es ironía o permiso:
—Está bien que vayas a que te den tus latigazos. Haz lo que tengas que hacer, por mí no te detengas.
Mi hija suelta una carcajada. Yo también río, aunque no sé muy bien de qué. El aire huele a pan tostado y a vainilla.
[…]
Nota del editor: Pocas crónicas han causado tanto revuelo como esta de Campos. Lo entiendo; el tema intriga y provoca. Pero espero que la curiosidad no sirva para matar gatos tan solo; que también sea suficiente para encontrarse con esta historia tan atrevida como su tema y una reflexión minuciosa de la sexualidad en México.
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La elocuencia de lo mínimo
de Julián Stubbs de acabados.mx
Cuando veo que nos llega un foto ensayo de los detalles ínfimos siento una dicha inmensa. Hay algo profundamente hermoso en encontrarse con una ciudad por medio de sus detalles y percatarse de cuántos de ellos ignoras. Esta semana, es en México; pudo haber sido en Argentina o España. Hay algo de estas imágenes de Stubbs que te ruegan salgas a ver el mundo y a sentirte parte de él.






Ve el foto ensayo completo:
Esta semana les traemos otro adelanto de un proyecto finalista de La Cantera de Perpetuo, un fragmento de la novela La Invención de la Argentina, de Claudio Pastrana.
En esta obra, el ingenio de Pastrana construye una historia alternativa—y ferozmente cómica—de Sudamérica; un futuro distópico en que el despiadado Imperio Bolivariano controla todo el continente y la nación Argentina no ha tenido nunca un país. Los Revolucionarios se agrupan bajo el mando de un profesor universitario, Charles Euclides Pantoja.
En la Batalla de Sumamao—la victoria más importante de las huestes revolucionarias—ya no leemos una narración omnisciente de la guerra, sino una descripción minuciosa, que bien podría ser un guión cinematográfico, del video holograma de la batalla. En la página leemos con detalle los planos, zooms y movimientos de cámara; la batalla es al final y al cabo, una puesta en imagen que también ganan los revolucionarios. Pastrana parece decirnos que la guerra es un espectáculo y lo mediático es, ineludiblemente, otro campo de batalla. Y es que el gran éxito de la batalla de Sumamao no es la brillante acometida de los revolucionarios en columnas de cuatrimotos con lanzas del tamaño de un hombre, si no el impacto mediatico que este tiene. El video holograma bate todos los récords de visualizaciones del imperio.
Lee el adelanto completo




























