Dicen que ya nadie escribe ensayos. Nosotros no nos la creemos ni de cerca. Por eso lanzamos nuestro primer concurso de ensayos para autores en español.
Puedes participar con cualquier ensayo de cualquier extensión de cualquier tema. Así como lo leíste. Lo único que importa es que sea bueno.
El primer lugar se lleva 500 USD.
Acá la convocatoria completa:
Pero ahora, volvamos a la literatura…
Enclave
de Javier Hidalgo
Antiquísimo es tu yo; mía tu penumbra, antaño absorbida por mi caudal, aplastada por mis raíces, arrebatada de tu cerviz por el chasquido de mis dedos. Hoy la recuerdo como suele recordarse un anillo arrojado al mar; hoy la espero como se espera el impacto de una locomotora cuando la esperanza abandona los rieles. [...]
Nota del editor: El valor de la metáfora a veces me evade. Quizá es porque muchas de ellas son malas; son muy específicas a la emoción de un autor y, cuando llegan al lector, pasan sin ser entendidas. Por eso los versos de Hidalgo me fascinan. Porque hace que las metáforas más abigarradas—un terreno baldío; un tren que se sale de sus rieles—se sientan tan próximas como esos amores pasados que aún duelen—quizá, siempre duelan—.
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Al colectivo
de Estefi Hotton
Dicen que no avisa si viene... apuras siempre el paso para no perderlo. Sus sonidos se escuchan a lo lejos, cada uno con su compás: de motor, bujías y corazón eterno. En cada Barrio hay alguno, con sus colores, sus anécdotas y escudos. Son como los cuadros de fútbol: algunos más rústicos, otros más faranduleros. A estas máquinas solo las describe, un buen verso tanguero. Modernos, lentos y muchos antiguos; Pero todos nos llevan a destino. Entre chismes, pozos y empujones. Cada uno tiene una historia, en sus manchas y rayones.
Nota del editor: Cuando abandonemos las palabras—que todo hacen abstracto—; cuando entendamos que dentro del vocablo colectivo entra mucho más que un camión abstracto—entran cientos de pasajeros y sus vidas; sus rutas y sus grafitis—; cuando entendamos, pues, que la palabra es solo un vehículo y no la infinidad de realidades que representa; cuando eso pase, entenderemos los versos de Hotton (y, de paso, algo de la humanidad).
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Fondo de Anáhuac
de Xavier Burguete
Anáhuac, presiento que me deparas otra vez el diluvio, la milpa que se encharca siempre, el vaho denso de tu neblumo. Aterriza siempre mi vuelo en el fango, en húmeda histeria del valle, si encuentro asilo es en el remanso, de una leve tormenta que ya no cesa. [...]
Nota del editor: Cuando pienso en el concepto de un país, quisiera que pensemos en estos versos de Burguete. No es una tierra tan solo; tampoco es un gobierno. Un país es esa abstracción que podemos hacerle al lugar donde habitamos para llenarlo de sentimiento. ¿Qué es un país, si no eso que uno construye y a lo que le dedica versos?
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Madre e hija
de Jacqueline Olmedo
Eran las tres de la mañana y mis ojos no dejaban de penetrar las vigas antiguas de mi techo, miles de pensamientos macabros rodeaban mi mente. Las agujas del reloj eran como un estallido en mi cabeza y los susurros de madrugada se volvían mensajes explícitos… “Al fin me va a dejar de molestar”.
No podía quedarme acostada y seguir con esa paranoia. Tenía que volver al lugar de los hechos, a la escena del crimen, pero ¿cómo llamarlo un crimen? Si ni siquiera había participado en él, o tal vez sí, ¿qué pensarían mis conocidos, los vecinos, y mi familia? Tenía que hacer algo, no podía dejar que me descubrieran, era demasiado joven para arruinar mi vida. Tenía que pensar en un plan.
[…]
Nota del editor: El ensayo es el género de escritura que más cambios está viviendo—mismos que impresionan por ser, de los grandes géneros literarios, el más reciente—. En este siglo, tras tanto tiempo de estandarizarlo, vemos un ímpetu enorme por romper con la norma y usar otros vehículos para el argumento. Estas páginas de Olmedo me parecen gran señal de este cambio. Su testimonio podríamos colocarlo como crónica—quizá, incluso, como un cuento—; pero encaja perfectamente con lo que vemos en el ensayo del siglo XXI: un intento por entender la vida desde lo personal; de entenderse a uno y, en hacerlo, entender parte del mundo.
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Notas sobre el capitalismo posmoderno
de su amigo, el editor, J.L. Sabau
En algún momento de la universidad, hablando con un amigo, confesé que el capitalismo ya no se sentía como el capitalismo. Ese presentimiento me ha acompañado hasta la fecha y, ahora, creo estar convencido. Si esto que vivimos ahora es capitalismo, es un capitalismo harto distinto. Es un capitalismo posmoderno y es digno de estudiarse.
La frase no es de ahora. Tampoco es mía. Deriva de esa misma plática con mi amigo.
Estaba leyendo a Marx—como buen universitario—; anotaba de más las páginas del Capital. Me era difícil, a mitad de Silicon Valley, pensar que el modelo de capitalismo marxista de fábricas y minas—de niños trabajando doce horas—se asemejaba al capitalismo del siglo veintiuno, con jornadas más establecidas, días de descanso y, en algunas empresas, incluso, hasta estaciones de masaje.
[…]
Nota del editor: Llevo tiempo convencido que ya non estamos viviendo en un mundo capitalista. Es cercano a ello, pero tiene unos cambios considerables. Por mucho, me he guardado la idea y le he mencionado, tan solo, en un par de conversaciones con amigos. Quise empujar el argumento así que, acá lo escribo con la mayor sinceridad. Vivimos en un capitalismo posmoderno y no sé del todo lo que implique. Pero hay que decirlo.
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Tal vez mañana, afuera
de Jorge Mustaffá
Llegará mañana y te animarás a ti mismo a salir. Andá, dale. Vamos afuera. Sabes que te mueres de ganas por probar el aparato y que quieres hacerlo donde los estímulos te sobrepasen. Te dirás que ya es hora, que solo basta con abrir la puerta para que todo empiece. Y luego el primer paso, el primero hacia ese nuevo mundo por conocer. Andá, dale. Mañana.
Pero antes de ir a ese umbral, acercar la mano izquierda al pomo —porque la derecha está ocupada como es obvio—, girarlo solo lo suficiente para destrabar la cerradura y jalar hasta ver afuera, antes debes empezar por el inicio. Si mañana quieres estrenar ese ojo que no es un ojo y volver a ver todo por primera vez, debes primero implantar la cosa.
[…]
Nota del editor: Me sorprende cuán poco hemos llegado a la frontera de la segunda persona. Ese escribir de tú que logre una conexión indiscutible con el lector y que, por motivos que me evaden, suele ser el pavor de los autores. Por eso, cuando uno encuentra a un autor como Mustaffá, que aprovecha la segunda persona a su máxima expresión, toca reconocerlo. Un autor que aprovecha lo personal del estilo para que, sin percatarte, le creas al autor que vives en un mundo tan distinto al propio. Más que escritor, Mustaffá es ilusionista; usa las palabras para crear nuevas realidades.
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En Colombia, la historia no se cansa se volver. Recientemente, tras años de misterio, se descubrieron los restos del padre Camilo Torres, el cura que se hizo parte de la guerrilla colombiana. El hecho ha generado un debate sobre el pasado del ELN y el mismo padre Camilo en una época donde, los que lo convivieron, ha mucho que dejaron de comentarlo.
Por eso, la crónica de Sebastián Hoyos es tan importante. Se dio a la tarea de encontrar a una de las personas más cercanas al padre Camilo: su guardaespaldas. Se dio a la tarea de contar su historia y contextualizarla. De dar voz a quienes vivieron la época y quieren que sus voces perduren cuando queden solo sus huesos.
Yo fui el guardaespaldas de Camilo Torres
de Sebastián Hoyos
En una pequeña casa rural de un municipio colombiano, tres ex combatientes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) se reunieron tras escuchar las noticias. Se acababa de anunciar el hallazgo de los restos de Camilo Torres Restrepo, el cura guerrillero.
Los octogenarios habían seguido a Camilo desde su juventud. Desconfiaban del pronunciamiento público de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UPBD); aún más del comunicado del ELN, el pasado 26 de enero, en el que el grupo insurgente más longevo de Latinoamérica anunció inesperadamente el hallazgo del cuerpo del padre, justo en la víspera del sexagésimo aniversario de su muerte.
[…]
Nota del editor: Ojalá todas las revistas tuvieran un autor así de ambicioso como Sebastián. Un autor que no se dé por sentado con la historia y busque nuevas voces. Un autor que no le baste con tener la mejor fuente; que también quiera contarla de la mejor manera. Y que cuando acabe con todo, aún te escuche como editor para agregar contexto a la historia. Su crónica es de un guardaespaldas pero es más que eso. Es sobre Camilo Torres y, por extensión, de la guerrilla que, por extensión, es la historia moderna de Colombia.
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Mi tren, mi canoa
de Linda E. Aragón
Cuando ya no da la memoria, existen ciertas personas capaces de crearse otro cerebro. Aragón es una de ellas; el órgano de sus recuerdos es la cámara. Lo hace de tal manera que el caribe colombiano que captura puede acoplarse a cualquiera que vea sus imágenes; pueden hacerse en sus recuerdos. Así logra que la memoria la trascienda; logra ganarle en el foto ensayo de la semana.






Ve el foto ensayo completo:


























